Elenco: Peter Strauss, Molly Ringwald, Ernie Hudson, Michael Ironside
Género: Aventura/Fantasía
Año: 1983
Un mercenario busca rescatar a tres sobrevivientes de un naufragio espacial que aterrizaron de emergencia en un planeta hostil.
Pastiche ochentero de bajo presupuesto producido por Ivan Reitman (director de Cazafantasmas) Principalmente, copia elementos de Star Wars (Lucas, 1977) y Mad Max (Miller, 1979).
No logro descifrar esta película. Es demasiado infantil para tomarla en serio; pero demasiado kinky para estar dirigida al público infantil…aunque nunca es abiertamente kinky.
Aunque las actuaciones son horribles y el guión pide demasiado del espectador, es una película entretenida que sí me sacó un par de risas. Incluso aplaudo el compromiso de Michael Ironside en el papel más ridículo en el que lo he visto. También me gustó que la producción exprimió cada uno de los tres pesos que tenían de presupuesto.
Elenco: Jomathan Pryce, Jason Robards, Dianne Ladd, Pam Grier
Género: Fantasía oscura
Año: 1983
En medio del otoño, una extraña feria llega a un pueblito de Illinois. Sus atracciones tienen el poder de cumplir los más profundos deseos de las personas… por un precio.
A finales de la década de 1970, las cosas no pintaban bien para Disney, quienes se encontraban al borde de la quiebra. A pesar de que sus películas no fracasaban en taquilla, no generaban los ingresos suficientes para mantener a la compañía.
En este panorama, la Casa del Ratón intentó un montón de cosas locas que dieron como resultado toda una camada de películas ciencia ficción, fantasía oscura y, abiertamente, terror que cruzaban con frecuencia la frontera del entretenimiento familiar y cuya existencia Disney preferiría olvidar. Entre ellas, se encuentra El carnaval de las tinieblas.
Escrita por Ray Bradbury adaptando su propia novela, se trata de una película muy bien hecha que, sin llegar a ser propiamente terror presenta algunas escenas verdaderamente escalofriantes.
Los efectos especiales son espectaculares. De todos ellos, me llamó principalmente la atención la escena del envejecimiento acelerado y muerte de Mr. Dark (Pryce) que pareciera creada con efectos visuales; pero que fue creado en vivo frente a cámara utilizando animatrónicos de Stan Winston.
El carnaval de las tinieblas es una cinta poderosa y compleja que terminó convirtiéndose en un clásico de culto y en una de mis favoritas de la etapa oscura de Disney.
Elenco: Geena Davis, Frank Langhella, Matthew Modine
Género: Aventura
Año: 1995
Tras la Muerte de su padre, una joven pirata busca un tesoro oculto por éste años atrás. El mapa para llegar a dicho tesoro está dividido en tres partes; ella posee una y sus tíos, de los cuales uno es un malvado filibustero, tienen las otras.
Todo en esta película es horrible, excepto las locaciones y los vestuarios; pero de poco sirve si están mal iluminados y fotografiados. Por cierto, que muchas escenas fueron filmadas en el muy utiliado por Hollywood archipiélago Phi Phi, en Tailandia, locación de otras películas como 007: el hombre con el revólver de oro (Hamilton, 1974), El Fantasma (Wincer, 1996) y La playa (Boyle, 2000).
Ésta es una de las dos pelis que causaron la quiebra de Carolco ‒la otra fue mi querida Showgirls (Verhoeven, 1996)‒ y fue el principio del fin en la carrera de Davis. De hecho, por momentos me dio la impresión de que su personaje había sido escrito para alguien más joven.
Lo que más me asombró fue la enorme cantidad de escenas que Piratas del Caribe: la maldición del Perla Negra se fusiló de esta película. Algunas incluso fueron calcadas plano por plano. Al menos algunos stunts están padres.
En conclusión, ¿es La pirata una buena película? No, es malísima. ¿Es disfrutable? Sí, muchísimo. Es muy divertida, tanto por las pocas cosas que hace bien como por aquel montón de cosas en las que falló.
Ah, sí, y hasta donde recuerdo, hubo un videojuego para SuperNintendo y Sega Genesis mucho más logrado que la película.
Elenco: Luis Miguel, Gonzalo Vega, Rosa Salazar Arenas
Género: Drama
Año: 1984
Luis es un adolescente apasionado del futbol y el canto; pero, tras un accidente en motocicleta, su vida se desmorona cuando le amputan una pierna.
Ésta es la famosísima… o infame película en la que le mochan la pata a Luis Miguel y que tantos memes nos ha regalado… y es minuto tras minuto de puro cringe.
Las actuaciones son pésimas; los diálogos, completamente inverosímiles; el efecto de la pierna amputada se ve paupérrimo; las canciones, ñoñas y agudas cada dos minutos… nada se salva. Eso sí, como contenido irónico es un deleite y una fábrica de carcajadas.
Lo que más me llama la atención es lo poco empáticos y manipuladores que son todos los personajes con el pobre Luis.
Un campesino invoca a un implacable demonio para vengar la muerte de su pequeño hijo en un accidente de motociclismo; pero sus acciones tendrán terribles consecuencias.
Una de las dos únicas películas dirigidas por el legendario Stan Winston, esta fábula sobre la venganza y sus consecuencias es un clásico de culto, del Dark Fantasy y una de las más memorables películas de monstruos de la época dorada de los videoclubes.
A pesar de ser una producción independiente de muy bajo presupuesto, Pumkinhead se ve mucho más real que cualquier monstruo hecho con CGI en películas actuales.
Tras salir de prisión, el exlíder de una pandilla neonazi trata de cortar lazos con la organización y evitar que su hermano menor siga el mismo camino.
Recuerdo que esta película que, como tal cuenta el periplo, la anagnórisis y la redención de su personaje principal, fue muy famosa en su época e incluso estuvo nominada a varios premios de la Academia. Es una película brillante y creo que el mayor de sus méritos, que no son pocos, está en la actuación.
También la fotografía es una maravilla.
En algunos momentos me pareció que el tono se bota un poco hacia el melodrama y el guión se siente un poco superficial para la seriedad y profundidad de los temas de los que está hablando. Vamos, que las actuaciones y el subtexto del guión se llegan a comer los diálogos.
Es curioso ‒y escalofriante, por supuesto‒ que el discurso de odio de hace casi 30 años siga siendo “vigente” a pesar de lo ridículo que es.
Fue en el año en que entré a la primaria cuando empecé a ver películas de live action regularmente. Siempre me ha gustado el cine, pero antes de esa edad veía mayormente animación. También fue en ese año cuando descubrí que los viernes en la noche pasaban películas de terror en Canal 5 y un mundo de posibilidades infinitas se abrió ante mí.
Una de las primeras películas que vi en aquellas funciones nocturnas fue Terror bajo la ciudad. Me encantó en aquel entonces y me sigue encantando ahora, treinta y tantos años después. No es buena, algunos efectos no envejecieron tan bien ‒otros sí‒; pero cada vez que la vuelvo a ver me sorprendo de lo entretenida que es.
Doce años atrás, un caimán mascota fue arrojado al excusado, pero logró sobrevivir en las alcantarillas de la ciudad. Durante todo ese tiempo, se alimentó con los cadáveres de perros desechados por un laboratorio farmacéutico que los inyectaba con hormonas, lo que causó que el reptil alcanzara proporciones descomunales. Ahora, el saurio ha convertido las calles de Chicago en su coto de caza, y el detective David Madison (Robert Forster) y la herpetóloga Marisa Kendall (Robin Riker) deben detenerlo.
Basándose en una leyenda urbana, esta película mezcla tres de las tendencias más populares del cine de terror de la década de 1970, lo que la convierte en un epítome de su época.
En primer lugar, no puede negarse la enrome influencia de Tiburón (Spielberg, 1975), que engendró toda una legión de películas de animales ‒principalmente acuáticos‒ al ataque. Por otro lado, está el discurso ambientalista que permeaba muchas de las cintas de la época: en algún momento, más pronto que tarde, la madre naturaleza se va a desquitar de nosotros por todo el daño que le hemos hecho al planeta. Finalmente, se encuentra la desconfianza ‒bien fundada, ahora lo sabemos‒ hacia las grandes corporaciones y sus alianzas corruptas con las autoridades.
De hecho, creo que, a lo largo de toda la cinta, ésta no puede dejar de tener un sentido moralista. En mayor medida, las víctimas del caimán son personajes que han tenido un comportamiento reprobable o que están impactando negativamente a la sociedad y/o al medio ambiente con sus acciones. Así que, en cierto modo, supongo que esta película es una especie de fábula.
Las actuaciones en general son disparejas. No son muy buenas o no son consistentemente buenas en todas las escenas; pero el que se luce es Robert Forster en el papel de Madison. El personaje es completamente un cliché: policía workaholic divorciado con un pésimo cuidado personal que perdió a su último compañero que, a pesar de todo, es capaz de ligarse a una joven y atractiva chica menor que él; sin embargo, Forster logra infundirle vida al personaje, volverlo suyo, entrañable e incluso por momentos, verosímil.
El guión, también lleno de clichés, no es nada del otro mundo; pero tiene algunos chistes buenos. Los chistes sobre la calvicie de Madison fueron improvisados por Forster.
Otro aspecto que me llamó mucho la atención de esta película fue la fotografía, porque también es un tanto dispareja. Algunas de las primeras escenas diurnas en locaciones se ven quemadas y que fueron filmadas con lentes baratos con montones de aberración. Sin embargo, la fotografía nocturna y en las alcantarillas es fantástica. No sólo la iluminación y el dinamismo de las imágenes es genial, sino que incluso por momentos logra disfrazar que lo que estamos viendo son, en su mayoría, maquetas.
A ese respecto, puedo decir que los efectos prácticos son también disparejos. Algunos han envejecido muy bien ‒este último visionado de la película lo hice en la edición 4K de Scream Factory y se ven bastante bien‒, mientras que otros no. Algunas tomas fueron logradas usando un caimán real en maquetas, otras usando puppets de diferentes tamaños, incluyendo uno de tamaño real, y otras tantas con un bote a control remoto disfrazado de caimán. En general, todas se ven bien; pero la diferencia entre los varios modelos utilizados es más que evidente. Eso sí, la producción tuvo el buen gusto de no mostrarlos demasiado para no arruinar la ilusión.
Lo que sí es mostrado con lujo de detalle son las brutales muertes de las víctimas del saurio. Son más que sangrientas y, en general, se ven geniales.
En conclusión, Terror bajo la ciudad no es una buena película; pero es increíblemente divertida, personalmente le tengo un gran cariño y puedo decir sin temor a equivocarme que es una de las mejores películas de ataque animal que se hayan hecho. Diez años después, se estrenó una secuela/remake de ínfima producción italiana que es increíblemente inferior a la peli original.
PARA LA TRIVIA: Robert Forster interpretó al personaje de Ed Galbraith en la serie de TV Breaking Bad, generalmente compartiendo escenas con Brian Cranston. Sin embargo, Forster y Cranston se conocieron mucho tiempo antes, en el set de Terror bajo la ciudad, donde Cranston trabajaba como asistente de producción para el equipo de efectos especiales.
Esta película de culto canadiense no decepciona en absoluto. Es ácida, sangrienta y sexy, y como todas las buenas películas de horror, es una metáfora de un miedo mucho más profundo y mucho más inmediato.
Las hermanas Fitzgerald, Ginger (la ya icónica Katharine Isabelle) y Brigitte (Emily Perkins), son un par de adolescentes inadaptadas y antisociales con gusto por lo macabro y lo sangriento, cuyas aburridas existencias discurren en un típico (por lo menos en las películas) suburbio norteamericano. Sus peculiares aficiones son incomprendidas igualmente por sus compañeros de clase y profesores, y las hermanas no pueden sino refugiarse una en la otra. Una noche de luna llena, cuando planeaban jugarle una broma siniestra a una compañera de la escuela, y que coincide con la noche de la primera regla de Ginger, ésta es atacada por un hombre lobo. A los cambios producidos por las hormonas se sumarán otros, causados por la maldición del licántropo.
Aunque esta propuesta retoma muchos lugares comunes y situaciones típicas de películas de hombres lobo, lo hace con una mirada irreverente y con un delicioso mal gusto. Un guión interesante, acompañado de una edición dinámica y de una dirección eficiente y propositiva, dan como resultado una cinta con un tono explosivo y mordaz, que se mueve cómodamente entre el horror visceral y la comedia negra.
Son también destacables las actuaciones de las jóvenes protagonistas que, ayudadas por un casting casi ideal, interpretan a sus personajes de forma tan convincente que uno logra olvidarse de que se trata de actrices. Para cerrar este conjunto, en el papel de Pamela Fitzgerald, madre de las perturbadas muchachas, tenemos a la siempre excelente Mimi Rogers.
La multifacética y experimentada actriz se siente en su elemento interpretando a una madre clasemediera que busca ser comprensiva y “buena onda” con sus hijas, única satisfacción que puede ya obtener de su decadente matrimonio. Finalmente, el amor de Pamela por sus hijas la llevará a considerar las soluciones más heterodoxas para ayudarlas a salir adelante ante la crisis que se desencadena cuando Ginger asesina a una de sus víctimas.
Algo que me llamó la atención de esta película es que, retomando mucho de películas como La mosca (Cronenberg, 1986), la transformación de Ginger en un licántropo hambriento de carne humana no se da en una sola noche de luna llena. Por el contrario, es una transformación paulatina que dura alrededor de un mes y que, como en la obra maestra de Cronenberg ya citada, no sólo representa un cambio físico, sino toda una metamorfosis psicológica. Así, la chica blanco de las burlas de sus compañeros termina convirtiéndose en una agresiva depredadora sexual.
En el apartado de los efectos especiales la cinta no ganará premio alguno. Los efectos de maquillaje son, en general, bastante malos. Se nota a leguas dónde comienzan los prostéticos y que usaron plastas de base para taparlos.
¿Recuerdan que en alguna crítica anterior me preguntaba por qué en las películas las mujeres lobo no aparecían con senos? Bueno, en esta cinta sí lo hacen… Y se ven terribles. No porque el diseño o el concepto sean malos, sino porque el maquillaje es de una realización en verdad pobre. En general, casi todos los efectos de maquillaje de Ginger son apenas cumplidores.
No obstante, los efectos de sangre y destripamientos, en su mayoría, están llevados a cabo con maestría y cumplen con su cometido de causar repulsión (o fascinación, supongo que dependerá del espectador) en el público.
Algo que agradezco infinitamente es que los realizadores decidieran no usar efectos por computadora en ningún momento. La última transformación de Ginger, cuando por fin se convierte en una mujer lobo en toda la extensión de la palabra, aunque breve, es una escena sumamente eficaz que recuerda los años dorados de las películas de licántropos a principios de la década de los 80.
Esta película es interesante y divertida. Sobre todo, se agradece una visión “alternativa” de los hombres lobo. Tratando temas horrorizantes e incluso traumáticos como el despertar sexual, las enfermedades venéreas, el uso de drogas y la marginación social. Si Lobo (Nichols, 1994) fue la película de licántropos para adultos, Feroz es la película de licántropos para adolescentes.
PARA LA TRIVIA: El título original Ginger Snaps es un juego de palabras en inglés. Como expresión, significaría algo así como “Ginger revienta” o “Ginger se truena”; y también es el nombre de unas galletas sabor jengibre muy populares en Estados Unidos.
La combinación de los géneros de terror y aventura es tan antigua como la literatura gótica misma. Desde sus inicios, los relatos terroríficos se han nutrido del sentimiento de asombro y fascinación que el descubrimiento de lugares exóticos trae consigo. Vamos, la misma Drácula, de Bram Stoker, tiene su buena porción de literatura de aventuras en sus páginas. A principios del siglo XX, la literatura pulp explotó esta combinación con grandes resultados en personajes como Solomon Kane. En la vena del cazador de demonios creado por Robert E. Howard está Capitán Kronos, el héroe cazador de vampiros original de la productora británica Hammer Films.
A principios del siglo XIX ‒aunque es un poco difícil saberlo por la ambientación, que tiene un montón de imprecisiones históricas‒, un vampiro está cazando a las jovencitas que habitan una aldea. Aterrados, los habitantes piden la ayuda del capitán Kronos (Horst Janson, cuyo acento sueco era tan maracdo que tuvieron que doblar su voz en postproducción), un exmilitar y experto espadachín dedicado a cazar a los no muertos, y su asistente (John Cater), un alquimista jorobado con más carisma que galanura, para hacer frente al monstruo.
Por supuesto, creo que la mejor forma de entender Capitán Kronos es como un antecedente directo de Van Helsing (Sommer, 2004)… con más terror, menos CGI, la siempre apreciada presencia de la guapísima Caroline Munro y en general, una mejor película.
Creo que lo primero que me llamó la atención de esta peli fue la fotografía. Obra de Ian Wilson, cuyos créditos como director de fotografía incluyen Juego de lágrimas (Jordan, 1992), la fotografía se sirve de composiciones imaginativas e iluminación en claroscuros para crear imágenes súper interesantes que ayudan a ambientar el relato. También sirven para hacer ese clásico desnudo que Caroline Munro hacía en muchas de sus películas, que era tan sensual como sugerente porque en realidad no se veía nada.
Del mismo modo, cuando la falta de presupuesto y el ingenio se juntan pueden crear grandes cosas. Muchos de los efectos visuales de la película son creados en realidad por los movimientos de cámara y me gustó mucho cómo usaron las sombras proyectadas en una especie de homenaje a la clásica Nosferatu: una sinfonía de horror (Murnau, 1922).
El guión no es ninguna maravilla, pero es bastante competente, particularmente para el tipo de película del que se trata. El director y guionista Brian Clemens trató de crear un lore profundo y extenso para la cinta basándose no sólo en la literatura gótica; sino en el folklore vampírico. También me pareció súper interesante que establecieran la existencia de diferentes tipos de vampiros. En específico, el vampiro de esta película es uno que absorbe la fuerza vital de sus víctimas en vez de su sangre y puede salir a la luz del día.
Asimismo, me agradó que Kronos tuviera un motivo personal para dedicarse a la cacería de vampiros y no sólo lo hiciera por altruismo o por algún sentido romántico de la heroicidad. Aunque igual tiene todos sus ajuares marcados con su monograma y, a pesar de ser británico ‒muy británico… no estoy muy seguro cómo, pero esta película se siente completamente británica‒, usa una katana, lo que lo vuelve aún más cercano a un superhéroe de historieta.
Y ya que comenté sobre la katana, puedo decir que otra cosa que me gustó mucho de esta película fueron las peleas de esgrima. Me gustó que las coreografías son complejas y que se alejan de las peleas estilizadas y elegantes de las cintas de Errol Flynn; los espadachines de Capitán Kronos pelean sucio.
En conclusión, Capitán Kronos cazador de vampiros es una película de espadas y hechizos más que satisfactoria. No es buena. Vamos, el guión es ridículo en muchas partes y las actuaciones son bastante malas; pero es divertida y emocionante, tiene algunas vueltas de tuerca interesantes, un poco de comedia y, en general, es una buena mezcla de terror y aventuras que se siente adelantada a su tiempo.
La idea era que esta película iniciara una franquicia; pero los pobres resultados en taquilla echaron por tierra esos planes.
PARA LA TRIVIA: Ésta es la película que Caroline Munro recuerda con más cariño de todas las que hizo.
La casa de la sororidad Pi Kappa Sigma se encuentra en las afueras del pueblo universitario de Bedford. Las guapas chicas de la sororidad, bajo el cuidado de la alcohólica señora Mac (Marian Waldman), se preparan para las fiestas navideñas cuando empiezan a recibir llamadas telefónicas obscenas de un desequilibrado mental, quien amenaza con violarlas y matarlas. Cercana la Noche Buena, el maniático se introduce en el ático de la casa, desde donde irá cazando a sus víctimas una por una.
Existe un debate sobre si fue esta película la iniciadora del género slasher. Personalmente puedo decir que, si bien en esta cinta ya hay elementos de dicho subgénero, la verdad es que se trata más de una historia de suspenso que de una de horror, y está más bien influida por el cine giallo de Mario Bava y Dario Argento. Al respecto, el periodista cinematográfico J. A. Kerswell dice en su libro dedicado al cine slasher:
Tanto visual como temáticamente, [Residencia macabra] es mayormente una precursora de Halloween ‒con jóvenes mujeres siendo aterrorizadas por un asesino en ambientes que previamente se consideraban seguros durante una festividad, y presentando una escena larga, filmada a través de sus ojos, mientras el asesino sube las escaleras hacia la casa de la sororidad.[1]
Empero, algo que llama mucho la atención de esta película es la ausencia casi absoluta de las estilizadas escenas sangrientas que caracterizaron al horror italiano de los sesenta y setenta o que potencializaron la creatividad de los realizadores del slasher ochentero. En Residencia macabra hay un par de escenas de asesinatos, pero son las menos y son bastante tibias en comparación con las de cintas como La masacre de Texas (Hooper, 1974). El terror en esta película nace de las llamadas telefónicas del asesino que nosotros sabemos dónde está, pero sus víctimas no.
Como lo he señalado en artículos anteriores, las películas de horror y terror suelen ser, particularmente cuando se les ve a la distancia, un interesante indicador de los miedos que acechaban a la gente en su época. No por nada las cintas de finales de los sesenta y principios de los setenta ubican la génesis de su terror en las comunas, los hippies y el amor libre; gracias, Familia Manson.
En el caso de Residencia macabra, hay una marcada intención moralista hacia los jóvenes universitarios que se separan de sus familias burguesas para ser tentados por la depravación y la inmoralidad de la vida en una fraternidad. A este respecto, llama la atención el personaje de Barb, interpretado por la posterior Lois Lane, Margot Kidder, quien manifiesta de manera libre su sexualidad y durante toda la película parece estar ebria o drogada. Asimismo, tenemos a la señora Mac, quien es una especie de tía dulce y bonachona frente a las muchachas; pero que tiene licor escondido por toda la casa porque en realidad no soporta ser la niñera de este montón de chicas rebeldes.
La protagonista, la bella Jess (la otrora Julieta Capuleto, Olivia Hussey), es también un personaje con un trasfondo social interesante que además sí aportará mucho al posterior debate sobre si el cine slasher cosifica a la mujer o la empodera. SPOILER Jess descubre que está embarazada de su novio y deberá escoger entre su brillante futuro o un matrimonio para conservar el contrato social TERMINA SPOILER, lo que, a la postre, tirará una de las principales líneas argumentales de la película.
A pesar de que toda la película avanza bastante bien, el enfrentamiento final entre Jess y el asesino me parece anticlimático y, por si eso fuera poco, el epílogo es poco satisfactorio. Aun con estos tropezones, la película se deja ver y se disfruta. No es que sea malo; simplemente es muy diferente a lo que se estableció en el subgénero posteriormente. SPOILER El guionista e historiador cinematográfico Adam Rockoff comenta lo siguiente: “A diferencia de los slashers que le seguirían, el asesino de Black Christmas nunca es expuesto, ni su motivación se explica nunca […] Nunca hay un intento de justificar o racionalizar su locura. Simplemente, está demente”.[2]TERMINA SPOILER
El mismo Rockoff comenta “… Aunque Black Christmas carece del indispensable villano vivaracho, sí plantea una serie de asesinatos perturbadores en la que tradicionalmente es la más pacífica y alegre noche del año”.[3]
La película es desigual. Las actuaciones son bastante buenas, en especial para una cinta del género, y la fotografía es maravillosa; pero el guión y la dirección no son tan buenos. Sea como fuere, la peli logra transmitir un sentimiento de inquietud y amenaza cuidadosamente creado a través de las atmósferas y la edición.
Como pasa con frecuencia con este tipo de películas, a Residencia macabra le fue bastante mal en la taquilla ‒con un presupuesto de poco más de US$600,000 apenas logró ganar un poco más de US$2500‒ y fue destrozada por los críticos al momento de su estreno. Fueron sus transmisiones por TV y su popularidad en los videoclubes lo que permitió que la cinta fuera reevaluada y elevada al estatus de clásico de culto a lo largo de décadas posteriores.
Durante su estreno, el filme de Clark fue injustamente criticado por estar lleno de clichés por el periódico americano de espectáculos Variety, mismo que se quejaba de que era “una película sangrienta y sin sentido con muertes sólo usadas para espantar” que explotaba su violencia innecesaria. De cualquier modo, su reputación y su importancia dentro de la historia del subgénero continuaron creciendo en los años después de su estreno y se mantiene genuinamente aterradora. [4]
Finalmente, el impacto cultural de la película ha sido suficiente como para que se produjeran dos remakes. Uno en 2006 con mi novia Michelle “Llevotreintaañosdecarrerasinqueelpúblicopuedarecordarme” Trachtenberg, que es insufrible y uno en 2019 que no he visto ni conozco a nadie que lo haya hecho.
PARA LA TRIVIA: La cadena televisiva NBC planeaba estrenar esta película el 28 de enero de 1978; pero decidieron cancelar el estreno luego de que la noche del 15 de enero del mismo año dos estudiantes universitarias, alumnas de la Universidad de Florida, fueron asesinadas por un desconocido que irrumpió en la casa de su sororidad. El asesino, capturado años más tarde, resultó ser el infame Ted Bundy.