EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES. Los zombies me dan risa.

EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES

Return Of The Living Dead

Dan O’Bannon, 1985

No digo que ésta sea la primera comedia con zombies, pues muy seguramente ese reconocimiento sea para alguna película de serie B de adolescentes bobalicones en los 50. Lo que sí puedo decir es que ésta es la cinta que creó toda una mitología al respecto y que equilibró el universo creado por la fundamental La noche de los muertos vivientes (Romero, 1968). Si alguien de ustedes, queridos lectores, sobre todo aquéllos que como yo fueron niños en los ochenta, recuerda que los zombies se alimentan específicamente de sesos, es por esta cinta.

    Según esta película, la anécdota narrada en la película de clásica de Romero está basada en un hecho real. Sin embargo, aunque en la mencionada cinta se encubrieron las causas del incidente, Frank (James Karen), el cuidador de un depósito de suministros médicos en las afueras del pequeño pueblo de Louisville, Kentucky (pueblo real donde fue filmada la cinta, quién lo creería), conoce la verdad. Y la conoce porque en el sótano del depósito hay todo un lote del químico experimental Tiroxina, que puede reanimar a los muertos, que fue entregado por error por la compañía fabricante.

    Así pues, debido a un error de Frank, la Tiroxina se fuga hacia el cementerio local reviviendo a los muertos, viejos y frescos, y generando una plaga que pone en peligro a toda la humanidad.

    Esta es una de esas películas que muy difícilmente hubieran existido fuera de su época. Y no me refiero únicamente a la banda de punks que parrandea en el cementerio y que es parte fundamental de la trama; sino que considero que hace falta un sentido de humor tan cínico, como el nacido de la desesperanza y la falta de fe en el futuro que caracterizó a la década de los ochenta, para idear una comedia como ésta y para encontrarla tan hilarante. A pesar de lo cual, el espíritu de esta cinta trasciende las épocas.

    La bomba satírica que es el guión de esta película corrió por cuenta de su propio director, el genial Dan O’Bannon (1949-2009), cuyos créditos incluyen los guiones de Alien: el octavo pasajero (Scott, 1979), uno de los segmentos de la peli Heavy Metal (Potterton, 1981) y Vengador del futuro (Verhoeven, 1990). El primer intento de O’Bannon por acercase a la comedia se dio en 1974, con la cinta escrita y actuada por él mismo Dark Star (Carpenter), y es la opinión de un servidor que el humor francamente ramplón de aquella ópera prima se fue cocinando a fuego lento hasta dar como resultado El regreso de los muertos vivientes, que depende menos del pastelazo y recae más en el chiste negro.

    También muy característico de la época en que se hizo esta cinta es su genial soundtrack. Tanto las composiciones meramente instrumentales como la selección de temas cantados para esta peli son un gran ejemplo de la moda musical de aquellos ayeres, conjugando géneros como el Hard Rock, el Pop, el High Energy y el Punk. ¿Mi tema favorito de este álbum? Estaría entre el tema principal (Tiroxine theme) y la genial Tonight (We’ll Make Love Until We Die) de SSQ.

    Es interesante notar que, aunque la cinta es sin duda una comedia, al igual que su descendiente directa, El desesperar de los muertos (Wright, 2004), no se muestra precisamente jocosa con las escenas de muerte. De hecho, no tiene reparo alguno en mostrar chorros de sangre al por mayor y zombies dándose un festín con sesos frescos… Por cierto que se supone que los muertos vivientes deben comer sesos porque es lo único que mitiga el dolor de estar muerto pues estos cadáveres reanimados son conscientes de su propia descomposición.

    A diferencia de las pelis de Romero, en las que los zombies son siempre muertos recientes, en este film prácticamente todos los organismos muertos, de cualquier antigüedad, vuelven a la vida. Lo cual lleva a una serie de situaciones chuscas  como la resurrección de un montón de animales cortados en canal y convertidos en modelos para clases de veterinaria, o el cadáver de una anciana, prácticamente momificado, que explica los motivos por los cuales los muertos hacen lo que hacen.

    ¿Y cómo olvidar al llamado Tar Man (Hombre Brea)? Se supone que él es uno de los zombies resultantes del incidente original con la Tiroxina en los 60. Quizá el maquillaje de esta criatura no es realista, sus ojos azules y saltones y su lengua rosada están sin duda fuera de lugar en un cadáver que tiene veinte años descomponiéndose (a menos que el contenedor de tiroxina haya actuado como conservador, tipo aceite o salmuera); pero sin duda son chistosísimos… aun cuando Tar Man está mordiéndole el cráneo a algún punk.

    Si bien las primeras dos cintas de muertos vivientes dirigidas por Romero no presentaron muertos vivientes memorables (digo, más allá del zombie harekrishna de El amanecer de los muertos [Romero, 1978]), esta parodia sí que lo hace. Y es que ¿cómo olvidar a la muy sexy punk ninfómana conocida como Trash (Linnea Quigley)? Como en buena película de explotación, Quigley nos regala un buen número de escenas injustificadas de desnudos, y caray, hasta después de convertirse en un cadáver andante se ve sexy. Estas imágenes, por cierto, se usaron como póster de la cinta para el mercado europeo.

    Risas, irreverencia, sangre, desnudos, más sangre, música genial y chorros de sangre ¿qué más se puede pedir? De hecho, sucede un fenómeno en extremo curioso con esta película y creo que podría ser único de ella: ésta es una de las muy pocas parodias que he visto que a su vez han generado parodias. Los casos más notorios son el segmento Marca Z para Zombie del especial de Halloween de Los Simpson La casita del horror III, y las escenas de zombies en el videojuego Metal Slug 2. En este último incluso la música es una parodia del tema de la película de O’Bannon.

    El regreso de los muertos vivientes generó dos secuelas: El regreso de los muertos vivientes parte II (Wiederhorn, 1988), que no es tan genial como la primera pero no es mala… principalmente porque en realidad es más de lo mismo, pero situada en los suburbios en vez de en la zona industrial e incluso algunos actores de la primera parte regresaron a esta secuela haciendo papeles diferentes. Y La venganza de los muertos vivientes (El regreso de los muertos vivientes III, Yuzna, 1993) que pone en la silla de director al legendario Brian Yuzna, productor de Re-Animator (Gordon, 1982), para contar una retorcida historia llena de humor negro que termina siendo una especie de Romeo y Julieta a la zombie.

    En 2005 salieron al mercado dos secuelas más, producidas directamente para video, con desastrosos resultados: El regreso de los muertos vivientes: Necropolis (Elkayem, 2005) y El regreso de los muertos vivientes: Danza Macabra (Elkayem, 2005).

PARA LA TRIVIA: Los personajes de los cuidadores de la bodega de suministros médicos se llaman Bert y Ernie, lo que es una clara referencia al programa infantil Plaza Sésamo (conocidos en México como Beto y Enrique).

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Sumario 2020

TANK GIRL. La película de culto basada en el comic del creador de Gorillaz.

TANK GIRL

Rachel Talalay, 1995

A mediados de la década de 1990 las películas basadas en comics eran muchísimo menos comunes que ahora y la mayoría eran de superhéroes. En aquel entonces no se sabía muy bien cuáles cómics serían buen material para adaptar a la pantalla grande y cuáles no. Tank Girl definitivamente no lo era.

     Creada por los artistas británicos Jamie Hewlett (co-creador de la banda virtual Gorillaz) y Alan Martin como un fanzine medio underground, Tank Girl se publicó por primera vez en 1988. Los comics dejaban de lado cualquier tipo de narrativa convencional mientras, a través de técnicas metanarrativas e historias poco lineales, contaban las aventuras de Rebecca Buck, una mercenaria exiliada que vive y viaja a bordo de un tanque en una Australia postapocalíptica junto con su novio, Booga, un canguro mutante.

     Los comics estaban fuertemente influidos por otras obras de la narrativa visual como las revistas Heavy Metal y 2000 A.D.; así como por la estética del movimiento punk y la psicodelia de los 70. El personaje de Tank Girl fue adoptado como icono por varios grupos feministas británicos, particularmente aquéllos que se oponían a la represión del régimen de Margaret Thatcher.

     La película es la versión frívola y comercial de todo eso, y es un ejemplo de que no todos los comics se pueden adaptar al cine. Pero, sobre todo, es un ejemplo de lo que pasa cuando los ejecutivos del estudio interfieren con la producción.   

     En la cinta se narra la historia de Rebecca (Lori Petty, genial en este papel), una rebelde que se enfrenta a la tiránica corporación Water & Power, que básicamente gobierna el mundo al controlar la extracción y distribución de la preciada y cada vez más escasa agua. Rebecca, junto con la nerdosa e inocente ingeniera conocida como Jet Girl (una jovencísima Naomi Watts en un papel que originalmente le habían dado a Courtney Love, pero que tuvo que dejar por el suicidio de su esposo), roban un tanque de W&P y preparan un ataque en contra de los cuarteles generales de la corporación con la ayuda de una banda de canguros mutantes.

    Los elementos que conforman la película, por sí mismos, no están tan mal; pero el todo resulta ser menos que la suma de sus partes. Es decir, al ver la cinta, aun sin saber de los comics, entiendo hacia dónde quieren ir y qué es lo que quieren hacer con ella; pero me parece que no logran llegar. Como vulgarmente se dice: nomás no acaba de amarrar.

    En general, el guión está bien… digo, no es Shakespeare; pero funciona durante la mayor parte de la película. Hacia la mitad empieza a aburrir y la cosa parece redundante; pero entonces aparecen los Rippers y luego hay canguros animatrónicos de Stan Winston, se infiere una escena de sexo interespecies –que, originalmente, sería mucho mucho más explícita; pero MGM insistió en dejarla fuera del corte final– y la película levanta con escenas de acción y stunts bastante decentes… que al final no llevan a nada.

     Básicamente, parece que forzaron el argumento y los elementos de los comics de Tank Girl en el molde de una película de acción y ciencia ficción de serie B bastante genérica. Y la estética punk es más bien sustituida por grunge. Incluso la orientación bisexual de Rebecca, un elemento fundamental para el argumento del comic –es la razón por la que es expulsada de la ciudad–, quedó fuera de la película; siendo sólo sugerida por momentos.

    La directora, Rachel Talalay, consiguió los derechos para la película de Tank Girl después de que su hijastra le regalara un comic del personaje. Talalay tocó muchas puertas; pero nadie se interesaba en su proyecto… excepto Walt Disney Pictures, con quienes ella no estaba interesada en trabajar.

Finalmente, Metro Goldwyn-Meyer atrajo el proyecto para, posteriormente, robárselo a Talalay. Tras varias proyecciones de prueba, la compañía decidió hacer cambios sustanciales en la película, desechando una gran cantidad de escenas, el final original y regrabando otras. Según la directora, al final, la película la terminó dirigiendo y editando un ejecutivo de mercadotecnia y a ella sólo le pedían su aprobación para los cambios que hacían en la cinta.

     Al menos, en algunas partes la narrativa principal cede paso a secuencias de dibujos animados bastante alocadas que tratan de salirse de lo convencional… aunque luego de plano meten paneles del comic que resultan menos efectivos.  Y, la verdad, no estoy seguro de qué también funciona que la escena clímax de la película se presente en dibujos animados; francamente, creo que a la película le falta muchísima fuerza al final precisamente por eso. Es interesante que, en algunas partes, la película incluso parece un videoclip.

    Las actuaciones están bien, en general; creo que no son nada del otro mundo. Sobresale Petty con su personaje, y su estilo grandilocuente y sobreactuado creo que funciona bien y hace funcionar el humor referencial insertado en casi cada página del guión. Sólo dos dudas me quedan al respecto. Primera: ¿Tank Girl no debería ser más joven? Y ¿Hubo algún tipo de influencia o retroalimentación entre Gwen Stefani/No Doubt y Tank Girl?

    A Petty se suman una Naomi Watts pre-The Ring, quien se desenvuelve muy bien en su papel de nerd atolondrada y Malcolm McDowell… haciendo lo que puede con el material del que dispone.

    El diseño de arte es bastante interesante, y los sets y vestuarios parecen estar exprimiendo cada centavo del presupuesto (25MDD) que, si bien no fue pequeño, se nota menor a lo que se necesitaba. Pero nada de eso sirve cuando la fotografía es tan descuidada. Algunas tomas de los paisajes están bien; pero, en general, la foto y la iluminación se notan perezosas y poco interesadas en tatar de que los sets se vean verosímiles.

    Del mismo modo, estoy perfectamente al tanto de que la película no se toma a sí misma en serio –ése es parte del punto– … pero entonces ¿para qué llamaron a Stan Winston para que hiciera a las criaturas, si de todos modos las iban a iluminar de tal forma que no pudieron salvarse del efecto “Guy in a Rubber Suit”? Y, bueno, una cosa es que en alguna toma a tus dobles se les vean los cables con los que hicieron los stunts… y otra, muy distinta que, como en esta película, se vean claramente los cables y todo el arnés que llevan amarrado al cuerpo.

    Como muchas películas de su época, en ésta el soundtrack es un álbum por derecho propio porque, si todo falla, aún podemos vender el soundtrack, ¿verdad? Por alguna razón, a mediados de los 90 hubo una especie de reapreciación por las películas de Shaft y su popular tema musical hace una breve aparición en esta peli. El soundtrack incluye temas de artistas como Stomp –¿recuerdan a Stomp? ¿Hay algo más noventero que eso?–, Joan Jett, Björk, Devo, Veruca Salt, Portishead y Ice-T, entre otros.

    Finalmente, Tank Girl es una película entretenida… aunque el segundo acto es bastante flojo. Es una película graciosa… pero tampoco es hilarante. Por desgracia, lo que vemos es la versión mutilada –alrededor de una hora de película fue eliminada del corte de Talalay– que armó alguien basándose en las proyecciones de prueba calificadas por adolescentes. Es una película más bien camionera; pero cumple una función importante: le provoca a uno ganas de leer los comics. Porque puedes ver que en el fondo de esa película camionera genérica hay buenas ideas, puedes ver que Talalay –quien después de esta peli sólo ha dirigido televisión– quiso hacer algo diferente pero no la dejaron. No estoy seguro si ésta puede considerarse una película de culto, nunca he sabido de nadie que hable de ella; pero, al menos como una curiosidad histórica muy producto de su época, merece un visionado… sin mantener expectativas demasiado altas, eso sí.

PARA LA TRIVIA: Tres de las Spice Girls, Emma Bunton, Victoria Beckham (en aquel entonces, Victoria Adams) y Geri Horner (en aquel entonces, Geri Halliwell) audicionaron para el papel de Rebecca.

CARRERA MORTAL EN EL AÑO 2000. ¡Es un futuro lleno de violencia y desnudez parcial!

CARRERA MORTAL EN EL AÑO 2000

Death Race 2000

Paul Bartel, 1975

¿Se acuerdan de esos dibujos animados de Los autos locos (1968-1970)? En esta serie de Hana-Barbera, personajes como Pierre Nodoyuna, Penélope Glamour y los Hermanos Macana (parecidos al Capitán Cavernícola) competían en una carrera para ver quién era el piloto más loco del mundo. El punto es que los autos de los competidores estaban completamente personalizados de acuerdo con sus pilotos. Por supuesto, las trampas, los sabotajes y la violencia fársica estaban a la orden del día.

    Ahora, ¿qué pasaría si esta fórmula fuera aplicada a una película de acción? Uno creería que la respuesta sería “Un completo desastre”; pero si sabe hacerse, como en este caso, funciona maravillosamente. Y ése es básicamente el planteamiento de Carrera mortal en el año 2000. Citando Padre de familia: “Es un futuro lleno de explosiones y desnudez parcial”… esperen, de hecho, sí, esta película se parece mucho a la versión de Ana y el rey que montó Peter Griffin…

    La trama, inspirada muy levemente por una historia corta del cineasta y escritor Ib Melchior, cuenta que después del Colapso Mundial en 1979, el mundo instauró un nuevo orden social en el que la violencia, la crueldad y la barbarie no solamente son aceptadas por las leyes y la gente; sino que son fomentadas por éstos y se han convertido en un espectáculo televisado. Una vez al año en las Provincias Unidas de América se lleva a cabo la Carrera Mortal, una competencia transcontinental en la que feroces corredores recorren el país de lado a lado a bordo de automóviles personalizados obteniendo puntos por asesinar transeúntes incautos. El corredor favorito y campeón por cuatro años consecutivos es el frío Frankenstein (David Carradine), un piloto enmascarado con prótesis biónicas en todo su cuerpo. Sin embargo, en esta edición del año 2000, los competidores deberán preocuparse por algo más que sus adversarios, pues un grupo subversivo, decidido a terminar de una vez por todas con la Carrera Mortal, ha colocado trampas a lo largo de toda la ruta.

    Muchos teóricos opinan, y coincido con ellos, que la década de los 70 fue la Época de Plata de Hollywood. Hubo una enorme oferta de películas de todas las calidades y todos los géneros, incluyendo las propuestas de los primeros cineastas graduados de escuelas de cine. Fue la época en la que gente como Steven Spielberg, Francis Ford Coppola o George Lucas filmaron los nuevos clásicos del cine estadounidense.

    La oferta era muy variada. Así como hubo nuevas grandes películas, el cine de explotación y la legalización del cine pornográfico en el territorio estadounidense completaban el otro extremo. Productores como Al Adamson (apodado el Rey de los Autocinemas), Samuel Z. Arkoff ‒que solía hacer películas caras, pero malonas‒ y el ya por entonces legendario Roger Corman, quien nos atañe especialmente ahora, prácticamente troquelaban películas de calidad cuestionable para satisfacer la demanda de entretenimiento barato de los autocinemas y los cines de segunda. A este periodo pertenece Carrera Mortal.

    A pesar de que Corman es hasta la fecha reconocido por filmar con presupuestos ínfimos, en esta cinta se ve que invirtieron una buena suma… y se ve más que aun esta cantidad era como la décima parte de lo que realmente se necesitaba para hacer la película.

    Lo que más destaca, por supuesto, son los automóviles customizados de los diferentes competidores: la vaquera Calamity Jane (Mary Woronov) a bordo de The Bull, el gladiador Nero the Hero (Martin Kove) piloteando el Roman Lion, la neo-nazi Matilda The Hun (Roberta Collins) a bordo del Buzz Bomb, Machine Gun Joe Viterbo (Sylvester Stallone) piloteando su Machine Gun Cruiser y, el favorito de todos y campeón por tres años consecutivos, Frankenstein (David Carradine) a bordo del Alligator. Uno no puede ver la película sin dejar de admirar estos preciosos vehículos.

    Se ven geniales y al final del día terminan siendo personajes. Son tan kitsch… y se ve que sus creadores se pasaron un buen rato agregando pedazos de madera y piezas de fibra de vidrio para que los bólidos se vieran como la versión “madura” de los Autos Locos.   

    De hecho, casi todos los carros que aparecen en la película fueron posteriormente vendidos a diversos museos del automóvil por precios que fácilmente multiplicaban los costos de su fabricación.

    Y lo de “madura” no queda tan claro. El afamado crítico de cine Roger Ebert le dio cero de cinco estrellas a esta película en el momento de su estreno y señaló que uno de sus más grandes defectos era que resultaba muy atractiva para los niños, siendo una película para adultos. Hay montones de sangre ‒¿Por qué en las películas de los 70 la sangre siempre se ve anaranjada?‒, incluyendo una escena de un cráneo aplastado por un auto, sexo y otro montón de desnudos gratuitos. Pero la verdad es que toda la película resulta bastante infantiloide.

    Aun así es deliciosamente divertida. Digo, si uno está e ese humor, no puede sino disfrutar del espectáculo psicodélico y surreal de caricaturescos automóviles atropellando gente y explotando en grandes bolas de fuego al ritmo de música funk. Y ya no hablemos de la escena en la que un tipo intenta torear a The Bull o aquélla del ala geriátrica del hospital.

     Originalmente, la película tendría un tono mucho más serio, oscuro y hasta nihilista ‒¿No les encanta la Ciencia Ficción de los 70?‒, más cercano a la saga del Planeta de los simios. Sin embargo, después de leer su primer tratamiento de guión, Corman se dio cuenta de que la película no funcionaría, así que encargó a Robert Thom la escritura de un segundo tratamiento.    

     Por supuesto, las tramas de las pelis de Corman no se destacaban precisamente por su originalidad, y en ésta podemos observar una marcada similitud con Gladiador del futuro (Rollerball, pa’ los cuates, Jewison, 1975). Creo que es el “parecido” más grande de una película de Corman con otra de éxito desde La mujer avispa (Corman y Hill, 1959) y La mosca (Numann, 1958).

     También es interesante ver la “actuación” de un jovencísimo Sylvester Stallone pre-Rocky en el papel de un grandilocuente Machine Gun Joe que busca por todos los medios arrebatarle la corona a Frankenstein, aun cuando esto lo lleve a enfrentarse con él a puño limpio.

     A final de cuentas, se trata de una película de explotación sin demasiada profundidad… lo que quizá está bien. Es una comedia sexista, cruel y granguiñolesca que resulta muy divertida si uno está en el ánimo de apagar el cerebro por un rato y simplemente divertirse. Además, se trata de un producto muy marcado por su época que manifestará la preocupación de los estadounidenses por las crisis del petróleo de los 70. Este discurso generaría al final de la década a Mad Max (Miller, 1979), de la cual Carrera mortal… es un claro antecedente.

    Como tal, a pesar de ser vapuleada por la crítica y que nunca trascendió el estatus de entretenimiento barato, Carrera mortal en el año 2000 se ganó un lugar como película de culto; además de influir en la ya mencionada Mad Max y en el videojuego Carmaggedon (Square Enix, 1997), generó un remake protagonizado por Jason Statham (Anderson, 2008), mismo que tuvo dos secuelas a su vez: Death Race 2 (Reiné, 1010) y Death Race: Inferno (Reiné, 2013).

PARA LA TRIVIA: El papel de Frankenstein fue ofrecido originalmente a Peter Fonda, quien lo rechazó por considerar la película demasiado ridícula. Carradine aceptó el rol pues acababa de terminar de hacer la serie de TV Kung Fu (1972-1975) y quería deshacerse de la imagen de muchacho bueno y sereno que le había dado la misma.

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LA HISTORIA SIN FIN II. ¿Y Michael Ende odió la primera?

LA HISTORIA SIN FIN II: EL SIGUIENTE CAPÍTULO

The Neverending Story II: The Next Chapter

George Miller, 1990

A pesar de Michael Ende aborreció la primera adaptación cinematográfica de su popular novela La historia interminable, ésta no es una mala película en absoluto; se convirtió en un éxito de taquilla y en una de las películas más influyentes de la década de 1980. Dado el éxito de la cinta y puesto que ésta sólo abarcó la tercera parte del libro, una secuela era casi obligada y estaba lista para comenzar su producción en cuanto se estrenó la primera. Sólo que, gracias a la demanda de Ende en contra de Warner Bros., dicha secuela tardó seis años en estrenarse y fue un estrepitoso fracaso de taquilla.

    La segunda parte sucede un tiempo indeterminado después de la primera –aquí Bastian (Jonathan Brandis) ya se ve preadolescente–. Bastian está atravesando por un momento de crisis y, dada la incompetencia de su padre, quien en esta cinta se volvió milagrosamente más joven y guapo que en la original, recurre a su único recurso: el libro de La historia sin fin. Esta vez, Bastian entra directamente al libro para reencontrarse con Atreyu (Kenny Morrison), Falkor y la Niña Emperatriz (Alexandra Johnes)… interpretados todos por otros actores porque los niños de la primera parte ya estaban demasiado grandecitos… al menos la librería es la misma locación y Thomas Hill repite como Karl Koreander.

    Antes que nada, quisiera reconocer algunos de los aciertos que tiene esta cinta. Por principio de cuentas, me parece interesante que una secuela algo tardía haya tratado de continuar con la siguiente parte del libro; cosa que otras adaptaciones cinematográficas de novelas largas muchas veces no se molestan en hacer. Por otro lado, me gusta que, siguiendo los precedentes de películas como El Imperio contraataca (Kershner, 1980) o Indiana Jones y el Templo de la Perdición (Spielberg, 1984), esta cinta trata de tomar un acercamiento más oscuro y denso a la historia. Finalmente, creo que es interesante que hayan intentado darle una progresión al personaje de Bastian y que intentaran crear un arco completo con la primera parte.

    Por desgracia, la cinta se queda en eso: intentos e ideas interesantes en las cuales, torpemente, fracasa.

    Desde que aparecen los títulos iniciales comienzo a cuestionarme la lógica de esta película… ¿Por qué los títulos están en el espacio –en un espacio como de protector de pantalla de Windows, además–? Aunque supongo que eso justifica que los sets de la Ciudadela de Plata parezcan reciclados de Krull (Yates, 1983).

    El intento por hacer a Bastian más maduro se agradece; pero la verdad es que sólo termina siendo odioso la mayor parte del tiempo. Luego está el asunto de un par de chistes estilo “pez fuera del agua” que hace a costillas de Atreyu –cuyo protagonismo fue muy reducido… al igual que su inteligencia, según parece– y creo que eso no está padre.

    En esta película, Bastian y Atreyu capturan a la malvada hechicera Xayide (Clarissa Burt) –quien parece aficionada a coleccionar adornos de oficina de los 90– por órdenes de la Emperatriz Infantil, pues parece estar relacionada con la nueva amenaza que se cierne sobre Fantasia: el Vacío… así es, apenas es la segunda película y ya están reciclando el argumento; afortunadamente, uno casi ni lo nota porque nunca queda claro qué relación tiene el Vacío con el resto de la película e, incluso, sale sobrando.

    Xayide le dice a Bastian que quiere regenerarse y ayudar a salvar a Fantasia, y que la forma de lograrlo es que él pida deseos. Lo que el muchacho no sabe es que, por cada deseo pedido, perderá un recuerdo hasta quedar vacío.

    Lo cual no tiene la más puta lógica. No podría quedarse sin recuerdos, ¿o sí? Digo, estaría generando recuerdos nuevos todos los días… a menos que tuviera la capacidad de retención de la mayoría de mis alumnos. ¿Por qué Bastian no deseó sus recuerdos de regreso? O ¿Por qué Bastian no simplemente deseó salvar Fantasia desde un inicio?

    Digo, la idea no está mal. Sí se trata de un enfoque más oscuro y más denso de Bastian y todo el arco de Xayide constituye el segundo tercio de la novela de Ende; pero en la cinta está tratado de una forma tan superficial… además de que nunca me pareció que los gigantes que sirven de soldados a la hechicera tuvieran algo que ver con sus contrapartes literarias… las botargas son ingeniosas, eso sí; pero más bien se ven como el basurero detrás de una marisquería.

    Y creo que ése es uno de los grandes fallos de la cinta, que contó con un presupuesto de 36 millones de dólares: se ve cutre por todos lados. Por alguna razón, toda la cinta se ve barata y medio mal hecha. Desde el momento en que notas que reciclaron secuencias de cabalgata de la primera película valiéndoles madre olímpicamente que Atreyu se veía completamente diferente hasta llegar al tema cantado al final que, básicamente, es un cover del tema musical de la primera cinta; pasando por el Comerrocas que recicla parlamentos de la primera película –con una voz diferente, eso sí–, los efectos de sonido de stock y los horribles efectos visuales con los que hicieron “volar” a Smurg, el dragón.

    Por muy buenas ideas e intenciones que haya tenido la película; hay en ella cosas desastrosas que las opacan, como los habitantes de la Ciudadela de Plata, que parecen estar drogadísimos todo el tiempo, y el bebé Comerrocas, que es una de las criaturas más escalofriantes que he visto en la pantalla.

    Esta segunda película pudo ser una adaptación más fiel del libro que la primera. Pudo ser una continuación como tal de la primera parte. Pudo ser una evolución de la primera cinta que, aprovechando que los fans de la original ya estarían creciditos, pudo haberse atrevido, al igual que la novela, a tratar temas más maduros y oscuros. Pudo ser muchas cosas. Al final es sólo un ejercicio redundante con tan poca cohesión que es difícil inferir relaciones de causalidad entre las escenas y que se siente precisamente como el título lo dice: como si no se fuera a acabar nunca.

    Al final del día, La historia sin fin II: el siguiente capítulo es una confirmación del viejo proverbio que reza que nunca segundas partes fueron buenas. Tiene algunos elementos rescatables, hay un par de cosas que se ven padres; pero hay que escarbar demasiado profundo para encontrarlas y quizá ni siquiera valga la pena. La primera parte es tan superior a ésta y la tercera tan, pero tan inferior a las otras dos, que cada película en la trilogía parece que perteneciera a una franquicia aparte.

    Para aquellos productores codiciosos que siguen buscando el nuevo hit de los bundles literatura/cine juvenil: en las manos correctas, una nueva trilogía de La historia interminable, ahora sí bien hecha y adaptando fielmente el libro, podría ser la tan ansiada gallina de los huevos de oro.

PARA LA TRIVIA: Debido a las legislaciones laborales para los niños en Hollywood, los actores menores de edad sólo estaban disponibles por un tiempo limitado para filmar cada día. Por esta razón, el director George Miller diseñó un plan de filmación eficiente y realizaba muy pocos ensayos de cada escena. El plan funcionó tan bien que la fotografía principal se adelantó tanto al itinerario que el equipo de efectos especiales aún no tenía listos muchos de los trucos necesarios para varias tomas.

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HERBERT WEST: RE-ANIMADOR. La película que resucitó a H.P. Lovecraft.

Herbert West: Re-Animador

Que oficialmente en México se tituló Re-Animación diabólica, que coloquialmente es conocida como The Re-Animator; pero que originalmente se llama H.P. Lovecraft’s Re-Animator.

Stuart Gordon, 1985.

Esta película es una adaptación muy libre (y recalco el “muy”) de una novela por entregas escrita por el Amo del Horror Cósmico, nuestro querido Howard Phillips Lovecraft, titulada precisamente Herbert West: Re-animador y que fue publicada entre Octubre de 1921 y Junio de 1922.

    La película narra la historia de un joven y ambicioso médico, Herbert West (Jeffrey Combs, quien se volvería el actor fetiche de Gordon) quien tiene que huir de Suiza tras la violenta e inexplicable muerte de su colega. West llega al Hospital Universitario de Arkham, Massachussetts, en el que encontrará no sólo la rivalidad de su profesor, el Dr. Carl Hill (David Gale), sino una morgue dispuesta a proveerlo de especímenes para sus experimentos con el Re-Agent: un suero de su invención que es capaz de reanimar tejido muerto[1]. Para mantener la más absoluta discreción, West se muda a la casa de su compañero de clase, el Dr. Dave Cain (Bruce Abott) y acondiciona su sótano como laboratorio. Poco tiempo pasa antes de que Meg (la bella actriz incondicional de Gordon, Barbara Crampton), la novia de Dave e hija del director de la Facultad de Medicina, se vea involucrada y acechada por el lascivo y ambicioso Dr. Hill, quien lo único que desea más que el Re-Agent es a Meg, y hará lo que sea por conseguirla… aún si muere en el intento… varias veces.

    Me pregunto si existirá una película que sea más representativa de la era dorada de los videoclubes que ésta. Digo, le fue bastante bien en taquilla, pero donde realmente se escribió la leyenda de Re-Animator fue en los anaqueles de los locales donde se rentaban videos. Antes de que las cadenas grandes acapararan el mercado, esta película ayudó a levantar muchos negocios familiares.

    Y es fácil ver por qué. Quizá en nuestros tiempos se vea un tanto naïve, pero en su momento fue todo un escándalo. Un festín de sangre y tripas, de cadáveres espasmódicos psicóticos, de una atractiva rubia desnuda y, por supuesto, la escena insignia de la película. Muchas grandes películas tienen una escena que uno recordará por el resto de su vida y Re-Animator no es la excepción. Alien: El octavo pasajero (Scott, 1979) tiene la escena del chestburster, Parque Jurásico (Spielberg, 1993) tiene la escena del vasito de agua vibrando al ritmo de las pisadas del tiranosaurio y Re-Animator tiene “la infame escena en la que la cabeza de un doctor no-muerto intenta realizar un acto sexual contranatural con la heroína atada y desnuda.”[2]

    Sobre esta escena, la actriz Bárbara Crampton asegura: “Creí que era una escena divertida en papel, y también determinaba qué tan siniestro el Dr. Hill se volvió después de ser reanimado. Estaba definitivamente nerviosa de hacerla, pero es la escena que todos recuerdan así que ahora tengo una especie de afecto perverso por ella.”[3]

    Por supuesto, como era de esperarse, semejante película tuvo serios problemas con la censura, que le otorgó inmediatamente una clasificación X (para mayores de 21 años, lo que básicamente la orillaba a ser proyectada sólo en cines porno). Una edición seriamente cortada fue clasificada R (para mayores de 18 años) y fue exhibida en cines, con una bastante buena aceptación del público. Poco tiempo pasó para que la versión sin censura se colara en los videoclubes y cadenas Premium de TV por cable especializadas en contenido exclusivo (entiéndase Showtime y Cinemax, HBO era más fresa en aquel entonces).

    Pero, ¿qué es lo que nos parece tan atractivo de Re-Animator? Quizá sea el hecho de que, en el fondo, sigue siendo una historia de Conocimiento Prohibido. Herbert West es un nuevo Fausto, un nuevo Frankenstein, un Prometeo de la era del VHS que se atreve a penetrar el secreto definitivo: Burlar a la muerte.

    Desde luego, la película tiene referencias al clásico Frankenstein de la Universal (Whale, 1931); pero en palabras de sus autores, en realidad bebe más de la fuente de las películas de Hammer e International. Empero, la principal influencia de Gordon para esta cinta fue el ciclo de adaptaciones cinematográficas de Edgar Allan Poe dirigidas por Roger Corman y estelarizadas por Vincent Price. La idea de los creadores fue que si Corman hizo un ciclo de cintas basadas —algunas de ellas solo en título, he de decir— en cuentos de Edgar Allan Poe, ellos harían uno de películas basadas en relatos de H.P Lovecraft.

    El productor, Brian Yuzna se refiere a su obra como “la película de horror que siempre quisiste ver” y algunos críticos la llamaron “la película de autocinemas de la década”. Digo, ¿cómo negar que Re-Animator tiene una influencia abrumadora de películas como La noche de los muertos vivientes (Romero, 1968) y El cerebro que no podía morir (Green, 1962)?

    Personalmente, puedo decir que lo que más me fascina de esta película y que no he vuelto a ver en ninguna otra —ni siquiera en sus secuelas— es la mezcla tan perfecta que logra de la comedia de pastelazo con el cine de horror más sangriento. Y éste es un elemento que hereda, principalmente, de El despertar del Diablo (Raimi, 1981)… Pero no sé, como que el tono de Re-Animator es más de guasa, más socarrón. Y aunque otras películas logran esta mezcla con éxito, creo que el resultado que obtiene Re-Animator es muy único, sin duda, muy personal del humor negro pero cálido del genial Stuart Gordon.

    Y mención aparte merece el soundtrack de la película que quizá sea uno de los más controvertidos de la historia. El tema principal de la cinta es una variación, muy en el estilo de la música de los 80, del inmortal tema compuesto por Bernard Hermann para Psicosis (Hitchcock, 1960), lo que le ganó no pocos detractores y acusaciones de plagio; aunque el compositor de Re-Animator, Richard Band —hermano de Charles Band, dueño de Empire Entertainment, luego rebautizada Full Moon Pictures, la compañía que distribuyó la cinta y que literalmente construyó un imperio en la era del video— afirma que su intención siempre fue la de parodiar y homenajear la música de Hermann.

    Gordon mencionó alguna vez que estaba seguro de que Re-Animator eventualmente sería vista como una pieza de época[4] —refiriéndose a cómo envejecería su obra comparada con otras películas de horror—. Y la verdad es que le ha ido muy bien. Aún se mantiene fresca, salvaje y la escena de la cabeza aún sorprende al público. Se ha convertido en un icono de la cultura popular, quizá un poco más arcano que otros, eso sí,  y ha generado referencias en prácticamente todos los medios —particularmente recuerdo con cariño el reboot del videojuego Splatterhouse (2010), para Xbox360—, así como una serie de cómics alusivos, dos secuelas y, la cereza del pastel: una obra de teatro musical estrenada en 2011 en Los Angeles… Digo, finalmente Stuart Gordon es por formación director de teatro y llevaba casi veinte años trabajando en los escenarios para cuando dirigió Re-Animator.

PARA LA TRIVIA: En varias escenas que transcurren en la habitación de Cain se puede ver un poster de la banda Talking Heads en la pared, lo que es una obvia referencia a la condición del Dr. Hill.


[1] El suero es de una consistencia espesa y un color verde intenso con luminiscencia propia, y quizá sea uno de los elementos más característicos de la película. Apenas al escribir este artículo pude saber cómo hicieron para que brillara en tiempo real frente a cámara (no es un efecto especial agregado en post-producción). Al igual que la sangre del cazador alienígena en Depredador (McTiernan, 1987), extrajeron el líquido de las barras luminosas que fueron inventadas para los buzos pero se volvieron populares entre los asistentes a conciertos.

[2] WIATER, Stanley, Dark Visions: Conversations with the Masters of Horror Film, Avon Books, New York, 1992. P.78. La traducción de este texto y de todas las citas siguientes es mía.

[3] CRAMPTON, Barbara, “Stuart Gordon: Gentleman of Splatter”, publicada en Fangoria Núm. 317, Octubre de 2012. P. 38. Traducción mía.

[4] Cfr. GORDON, Stuart citado en Wiater, Op.Cit. P.87.

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CORISTAS. De arrasar con los premios Razzie a película de culto.

CORISTAS

Showgirls

Paul Verhoeven, 1995

En 1992 el director Paul Verhoeven, cuyo trabajo había sobresalido principalmente en cintas de acción y ciencia ficción como RoboCop, el defensor del futuro (1987) o Vengador del futuro (1990), y el guionista Joe Eszterhas concibieron la fantasía machista disfrazada de thriller detectivesco Bajos instintos. La cinta fue un éxito rotundo, sirvió para catapultar al estrellato a una joven Sharon Stone y, siendo honestos, la película es bastante buena.

    Tres años después, el mismo equipo creativo intentó repetir el éxito y el resultado fue la que es considerada una de las peores películas de la historia. Fue tan mala que significó el primer strike en la carrera de Verhoeven, misma que moriría con la década; fue tan mala que le ganó el Razzie a la Peor Película de ese año a cintas como Especies (Donaldson, 1995), Mortal Kombat (Anderson, 1995) o Congo (Marshall, 1995); fue tan mala que el agente de Elizabeth Berkley dejó de representarla después del estreno; fue tan mala que se trató de una de las dos cintas que hicieron quebrar al estudio que la produjo, Carolco Pictures –la otra fue La pirata (Harlin, 1995), con Geena Davis–; fue tan mala que casi en automático echó por la borda los planes para una secuela –que se titularía I, Nomi–; fue tan mala que se convirtió en una película de culto y me encanta.

    Según rumores, Kyle McLachlan, quien interpreta a Zack Carey, se salió del cine durante la premiere. Más tarde, el intérprete desmentiría el rumor diciendo: “Me senté ahí y sufrí las dos horas completas”[1]. De hecho, McLachlan narra su experiencia en la premiere como sigue:

Estaba en shock. Dije: “Esto es horrible ¡Horrible! Cuando ves la película, te invade un sentimiento de que te hundes muy lentamente. La primera escena aparece y tú estás como: “Oh, ésa es una escena verdaderamente mala”; pero dices: “Bueno, está bien, la siguiente será mejor”. Y de algún modo tratas de convencerte a ti mismo de que va a mejorar… y sólo se pone peor. Y yo estaba como: “Wow. Eso estuvo loco”. Quiero decir, realmente no vi eso venir. Así que en ese momento me distancié de la película.[2]

    Por cierto que hace algunos días vi La Liga de la Justicia (Snyder, 2017)… y prefiero mil veces Showgirls.

    La película narra la historia de Nomi Malone (Elizabeth Berkley, quien aún disfrutaba de los restos de su popularidad por su papel de Jessie Spano en Salvados por la campana [1989-1992]), una trotamundos con un oscuro pasado que llega a la ciudad de Las Vegas para convertirse en la más exitosa corista de los casinos del lugar. Pronto descubrirá el lado más sórdido de la Ciudad del Pecado tras los bastidores de casinos y clubes de strippers.

    Ahora, algo curioso: Tanto Verhoeven como Eszterthas entrevistaron a coristas, strippers, prostitutas, productores de espectáculos y dueños de casinos de Las Vegas para escribir el guión. Muchas de las escenas en la película están, de hecho, basadas en los testimonios de dichas personas. Sin embargo, después del estreno de la película, cuando algunos de estos mismos individuos fueron entrevistadas por los medios de comunicación, negaron rotundamente que la cinta reflejara el mundo de los espectáculos de Las Vegas. Sea como fuere, Verhoeven siempre afirmó que, de todas sus películas, ésta era la que retrataba de forma más realista la vida y cultura de la sociedad estadounidense.

    Y el guión no es malo… Bueno, sí.; bastante, de hecho. Se trata de una sucesión de lugares comunes y clichés con diálogos inverosímiles y acartonados y personajes que apenas están esbozados. Aun así, se nota el intento de que los personajes sigan una progresión y la historia tiene mucho mayor cohesión que otras películas de supuesta mejor calidad que he visto. Y luego está el el tono: el problema es que se lo están tomando demasiado en serio.

    Lo que nos lleva a las actuaciones, que son súper interesantes. Y lo son porque los actores de verdad quieren intensear y azotarse con un guión que no da más y con habilidades histriónicas que están muy por debajo de lo que se requeriría para lo que quieren hacer… incluso de parte de Kyle MacLachlan. Por momentos, hasta parece que está uno viendo una telenovela mexicana.

    Hay algunas películas que cuando las veo me da la impresión de que el director dejó prendida la cámara mientras se iba por un café o un cigarrillo, y dejó que los actores hicieran lo que quisieran. Ésta es una de esas películas. Digo, no se puede decir que tal cual no haya habido una dirección de actores, porque la hubo y se nota en el hecho de que casi todos los intérpretes están en el mismo tono… sólo que ese tono está completamente botado. Aunque me resulta hilarante, eso sí.

    Por cierto, Verhoeven fue el primer director en ir a recoger su premio de la “Frambuesa de Oro”[3] en las categorías de Peor Director y Peor Película en la infame entrega de los Premios Razzie a los Peor del Cine. Además, tuvo la decencia de admitir su culpa en la destrucción de la carrera de Elizabeth Berkley.

    Y ya que hablamos de Berkley, cabe mencionar que ella no fue la primera opción para el papel. Originalmente, el rol de Nomi le fue ofrecido a Drew Barrymore, quien estaba buscando una película de alto presupuesto para retomar su carrera, pero se sintió incómoda con la cantidad de desnudos en la cinta. Luego del rechazo de Barrymore, otras actrices, como Pamela Anderson, Angelina Jolie, Denisse Richards y Charlize Theron audicionaron para el papel. Finalmente, la exPlaymate Jenny McCarthy consiguió el rol y prácticamente toda la preproducción se llevó a cabo pensando en ella en el papel protagónico… hasta que los productores descubrieron que no sabía bailar… lo que, creo, significa que incluso las audiciones estuvieron mal hechas.

    Con esta cinta pasa algo curioso: Quizá las escenas de desnudos son llamativas, en su mayoría son tomas topless, aunque hay un desnudo completo –son particularmente llamativas si uno creció viendo Salvados por la campana–; pero la verdad es que son tantas y tan frecuentes que para cuando la película lleva la mitad, a uno ya dejaron de importarle.

    Sin embargo, no todo está perdido. La película tiene algunas cosas rescatables. Sobre todo, quiero mencionar los números musicales. Las coreografías están padres, se agradece que hayan usado bailarines reales y, en general, se ven bien producidas y hábilmente montadas. Mención aparte merecerían los vestuarios, que están de lujo. Varios de los vestuarios que utiliza Cristal Connors (Gina Gershon) son geniales.

    Finalmente, creo que estamos frente a uno de esos casos de una película tan mala que es buena. Se trata del gusto culposo de muchísima gente y se convirtió en un clásico de los videoclubes, tanto que, de hecho, se ha convertido en una película de culto de la cual la actriz Rena Riffel, quien interpretara a Penny, pudo producir y dirigir una secuela 16 años después gracias a una campaña de crowdfunding –Showgirls 2: Penny’s From Heaven (Riffel, 2011)… y créanme, es aún peor–. El mismo Roger Ebert admitió que la cinta no lo aburrió en ningún momento y que lo hizo reír varias veces. Al respecto, cito de nuevo a Maclachlan: Ahora, por supuesto […] Es inadvertidamente divertida. Así que encontró su lugar. Proporciona entretenimiento, aunque no en la forma que creo que estaba planeado. [4]

    No lo voy a negar: me gusta esta película y la disfruto siempre que la veo. Aunque ha sido una fuerte contendiente para el reconocimiento de la Peor Película de la Historia, la verdad es que ésta no me cuesta trabajo terminarla como, por ejemplo, Los últimos Jedi (Johnson, 2017), Parque Jurásico III (Johnston, 2001) o la ya mencionada La Liga de la Justicia. Un amigo de la prepa decía que Showgirls era la mejor película porno que había visto. Yo creo que se trata del epítome de lo kitsch: una película de ficheras de 45 millones de dólares… y me encanta y no me causa culpa decirlo.

PARA LA TRIVIA: Kyle Maclachlan usó un doble de cuerpo para la infame escena de la piscina.

PRECAUCIÓN: El trailer NO es apto para todo público.
Noten cómo usaron música de “Mortal Kombat” para el trailer, jajaja.

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[1] Recuperado de https://www.imdb.com/title/tt0114436/trivia?ref_=tt_trv_trv el 16/08/20. La traducción es mía.

[2] Idem.

[3] Se trata de un juego de palabras en inglés. La palabra “Raspberry” significa “frambuesa”; pero también, “trompetilla”. El premio es a la “trompetilla de oro”; pero, sirviéndose de este juego de palabras, la estatuilla tiene la forma de una frambuesa.

[4] Recuperado de https://www.imdb.com/title/tt0114436/trivia?ref_=tt_trv_trv el 16/08/20. La traducción es mía.

LA ISLA SINIESTRA. Un thriller psicológico de la mancuerna Scorsese-DiCaprio

LA ISLA SINIESTRA

Shutter Island

Martin Scorsese, 2010

Pasa con una inusitada frecuencia pero sí pasa, y cuando pasa es en verdad satisfactorio. Me refiero a que hay veces en que adquiero una película prácticamente a ciegas y cuando la veo resulta ser muy buena. En este caso, de esta cinta sólo sabía que se trataba de un thriller ambientado en la posguerra y que era obra de una de las mancuernas artísticas más prolíficas en la cinematografía de los últimos años, la conformada por Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio. Ya viendo la película, me encantó descubrir que poseía un reparto de primer nivel en el que, además del ya mencionado DiCaprio, participaban Mark Ruffalo, Sir Ben Kingsley, Elias Koteas, Jackie Earl Haley y el siempre excelente Max von Sydow.

    En 1954, el agente federal Teddy Daniels (DiCaprio) y su compañero Chuck Aule (Ruffalo) son llamados para investigar la desaparición de una interna en el Hospital Ashecliffe para criminales dementes de Shutter Island. Cuando llegan se encuentran con muchos inconvenientes para realizar su investigación: una tormenta perpetua que asola la isla, el hecho de que no pueden sacar nada claro de interrogar a los pacientes y, peor aún, la negativa casi absoluta de las autoridades del sanatorio para colaborar. Teddy, atormentado por dolorosos recuerdos del pasado, se da cuenta conforme pasan las horas de que el director de la institución (Kingsley) no sólo parece estar ocultando algo, sino que también parece tener planes para él y no lo dejará escapar de la isla tan fácilmente.

    Esta cinta captó toda mi atención desde los primeros minutos. Las secuencias de inicio, con la llegada a la isla, nos anuncian que estamos por embarcarnos en una espiral que desciende hasta los más recónditos y oscuros rincones de la mente humana. Con una música grandilocuente y macabra, y clarísimas influencias de la obra de Alfred Hitchcock, la peli abre presentando un misterio sin reparos ni concesiones: ¿Dónde está Rachel?

    Las circunstancias de su desaparición son por demás extrañas. También es muy sospechosa la actitud del Dr. Cawley (Kingsley), quien trata de frenar la investigación poniéndole trabas cada que le es posible. Asimismo, el apoyo de Cawley es el misterioso Dr. Naehring (von Sydow), quien es en realidad de origen alemán… Y Daniels lo descubre pues él estuvo en combate durante la Segunda guerra Mundial y los recuerdos de los horrores que vivió no lo dejan en paz… ¿O es que alguien ha estado drogando su comida? ¿O sus cigarrillos? ¿Qué está pasando en Shutter Island? ¿Serán ciertas las hipótesis de Aule sobre experimentos ilegales de técnicas de control mental, heredadas de los nazis, con los pacientes de Ashecliffe? Es más… ¿Existió una paciente llamada Rachel? Los médicos de Ashecliffe parecen estar conspirando en contra de Daniels para volverlo loco y que no descubra la verdad, ya que uno de los internos del manicomio parece estar ligado a la trágica muerte de su esposa años atrás.

    Esta cinta retoma muchos elementos del mejor Film Noir y los mezcla de una forma soberbia. Basada en la novela de Dennis Lehane, el guión es uno de los más inteligentes que he visto en los últimos años, lleno de vueltas de tuerca y callejones sin salida. Pasada la primera mitad de la película, uno se siente como el mismo Daniels, paranoico y desconfiado de todo y de todos. Esta cinta juega con el espectador de una forma audaz e ingeniosa.

    Las actuaciones son increíbles y todos los involucrados se desempeñan al tope de sus capacidades. Leo DiCaprio no sólo demuestra una vez más que es un actor comprometido y eficiente, sino que dirigido por Scorsese es capaz de reinventarse en cada cinta. Ben Kingsley, quien suele ser formidable, nos crea un sentimiento de rechazo encarnando a un personaje falaz y doble. La presencia del otrora actor fetiche de Ingmar Bergman, Max von Sydow, es inquietante durante todo el filme, pues logra crear una figura siniestra, medio real y medio onírica, a través de sus movimientos, su voz y el manejo de su propio físico. Elias Koteas y Jackie Earle Haley –quien parece dotado para interpretar psicópatas– están excelentes en sus papeles de pacientes del manicomio; Haley siendo un poco más extravagante y alocado, mientras que Koteas, fiel a su costumbre, es más sutil y un tanto socarrón.

    La estética de la película está muy bien lograda y llega a ser altamente sofisticada en algunas secuencias. Por principio de cuentas, hago notar el nivel de cuidado que pusieron los diseñadores de arte y los set dressers no sólo en recrear la década de los 50, sino en lograr que cobrara vida. El manicomio Ashecliffe no sólo es un edificio, es una bestia enorme que se alimenta de quienes viven en ella. Asimismo, los vestuarios de cada uno de los personajes están meticulosamente diseñados para reflejar sus respectivas personalidades y esto, como se descubrirá, es parte vital del guión.

    Los escenarios son majestuosos. Uno de los más impresionantes es la mansión donde vive el Dr. Cawley que, según él mismo explica, fue construida durante la Guerra Civil. Su estética sobrecargada y sus colores contrastantes son la clave que ordena todos los demás elementos estéticos y argumentales en el orden de un relato del más depurado Gótico Americano. Es el cerebro de la bestia.

    Los colores utilizados en las tomas son deprimentes y aportan peso dramático a las escenas. Moviéndose en una gama de grises, pardos y ámbares deslavados dan una sensación de desesperanza que impregna todo el filme.

    Recomiendo ampliamente esta película. Es un poco larga (alrededor de dos horas y cuarto), pero la verdad es que logra atraparlo a uno de tal forma que ni se siente. Una verdadera obra maestra del cine de suspenso en la que se siente la influencia de clásicos del género como Psicosis (Hitchcock, 1960), El silencio de los inocentes (Demme, 1991) y El gabinete del Dr. Caligari (1920).

PARA LA TRIVIA: El título Shutter Island es un anagrama para “Truths and Lies” (verdades y mentiras) y “Truths/Denials” (verdades/negaciones).

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ESPECIES. Bueno… nadie la veía porque fuera buena película, ¿o sí?

ESPECIES

Species

Roger Donaldson, 1995

Algunos críticos consideraron Congo (Marshall) la peor película del año 1995. Es una decisión difícil, pues 1995 fue un año de mierda para el cine de grandes presupuestos. La película de la que hablaré a continuación es un serio contendiente para ese reconocimiento. De hecho, quizá sea una de las peores películas que haya visto en mi vida, pero aun así le tengo un cierto cariño y la disfruto de principio a fin.

    En 1993 el equipo del programa S.E.T.I (Search for Extra-Terrestrial Intelligence o “Búsqueda de Inteligencia Extra-Terrestre en español) recibió una respuesta a su mensaje enviado veinte años atrás en el que detallaban nuestro código genético y ubicación en el Sistema Solar. La respuesta incluía una fórmula para producir energía limpia inagotable e instrucciones para mezclar una secuencia de ADN extraterrestre con la nuestra. Y claro, como no tenían nada mejor qué hacer, un grupo de científicos sigue la receta y crea una hembra de híbrido humano-extraterrestre con habilidades sobrehumanas que, como era de esperarse, se escapa de un laboratorio secreto cuando pretenden exterminarla.

    Una vez en libertad, el híbrido llamado Sil (la hermosa modelo canadiense Natasha Henstridge, cuya belleza que raya en lo alienígena debutó en la pantalla grande con esta película), que resulta ser un depredador diseñado para exterminar a la raza humana, llega a la ciudad de Los Angeles en estado de madurez sexual buscando un macho humano viable para reproducirse… Y al que no cumple con sus estándares, lo asesina brutalmente. Xavier Fitch (Sir Ben Kingsley, quien tiene un tino increíble para escoger malas películas en las cuales actuar), director del proyecto, reúne a un grupo de expertos para cazar a Sil y detenerla antes de que logre aparearse.

    Como bien puede advertirse, el argumento no es ni particularmente original ni particularmente inteligente; y el guión está apenas pasable, plagado de clichés, parlamentos malos y situaciones tan absurdas que llegan a lo jocoso. En general toda la peli tiene un aire de inverosimilitud que la hace simplemente deliciosa… si uno es de los que disfrutan con la desgracia ajena; si no, se vuelve insoportable bastante rápido.

    ¿Pero cómo pasó esto? Quiero decir… quizá el guión no es un Shakespeare, pero se sostiene. Y hablando de Shakespeare ¿ya vieron quiénes están en el reparto? Michael Madsen, que no es tan buen actor, pero los papeles de matón le salían bien; y está también un Forest Whitaker completamente desperdiciado en un papel que creo que pretende despertar nuestra simpatía, pero que termina pareciendo un gran lelo. Del lado de los británicos están el ya mencionado Ben Kingsley que… de verdad, ¿cómo escoge sus proyectos? ¿Hay una agencia de representantes artísticos especializados en proyectos piteros? ¿Quién se la recomendó, Michael Cane? Y Alfred Molina que sí, aún estaba a más de un lustro de volverse verdaderamente famoso, pero llevaba toda la vida trabajando en teatro. ¿Cómo puedes hacer una mala película con ese reparto?

    Y si el reparto fallaba, no se preocupen, que tenemos al que probablemente sea el artista plástico más influyente en el cine de la segunda mitad del siglo XX, el suizo H. R. Giger. Así es, el artista que diseñó al xenomorfo de Alien: el octavo pasajero (Scott, 1979) y que recibió un Oscar por eso diseñó también a Sil, al macho de su especie y al tren espectral que la atormenta en sus pesadillas.

    Empero, el diseño falla. Y no es tanto culpa de Giger, quien se sabe que quedó muy poco complacido con el resultado de esta película, sino de quien se lo encargó. El tren está padre, pero es una lástima que se muestre tan poco de él en pantalla. Y Sil… pues termina siendo Giger queriendo copiarse a sí mismo, digo… todos sabemos que eso es simplemente un alien pero con cuernitos, ojos de gato y enormes tetas, ¿cierto?

     Bueno, pero seguramente los efectos especiales salvan la película, ¿no? ¿No? ¡No! ¡Son espantosos! Los capullos alienígenas se nota a leguas que son viles bolsas de plástico embarradas con látex. El CGI es inmundo —digo, en esta época apenas empezaba, pero ya había salido Parque Jurásico (Spielberg, 1993)—; incluso en algunas tomas los modelos por computadora tienen dientes de sierra y saltos entre cuadros. Las escenas de Sil de cuerpo completo están mejor logradas, quizá porque todas son oscuras, y aun así no pueden tapar el efecto Guy-In-A-Rubber-Suit. Para acabar pronto, el efecto mejor logrado en la película son los medios planos de Sil porque los hicieron con una marioneta, pero estaba chida… lástima que las tres versiones de Sil –marioneta, botarga y CGI– no se parecían en nada.

    Se me quedó muy grabado de aquella época, cuando se estrenó esta cinta en México, el comentario de un crítico de cine que salió en la televisión —no recuerdo quién era ni en qué canal— que atinadamente dijo: “En la función a la que yo fui, en las escenas en las que la gente se supone que debía espantarse, se reía”. Tan cierto hoy, como cuando fue transmitido.

    Pero no nos hagamos. Nadie ve esta película por su guión tan elevado, por la calidad de las actuaciones de su reparto shakespeariano o por sus deslumbrantes efectos especiales. No, señores, esta película se vende, aún hoy día, por las sendas escenas topless de la Henstridge. Sólo así se entiende que uno aguante la hora y cuarenta minutos que dura esta madre que recuerdo con tanto cariño de mi pubertad.

    Y con todo, la peli de algún modo entretiene y al público le ha interesado lo suficiente como para generar tres secuelas: Especies II (Medak, 1998), que se estrenó en cines con moderado éxito y generó un par de figuras de acción producidas por McFarlane Toys; Especies III (Turner, 2004), que fue lanzada directamente al mercado de video y que brilla por su ausencia de desnudos gratuitos; y Especies IV: El despertar (Lyon, 2007) que fue filmada en la Ciudad de México haciéndola pasar por ciudad fronteriza y que sí trae montones de escenas de desnudos incluyendo algunos de la actriz de telenovelas Marelene Favela. ¿Quién dijo que el cine de explotación había muerto?

PARA LA TRIVIA: MGM había decidido no filmar la escena del tren para ahorrar presupuesto. Sin embargo, H.R. Giger ya había invertido mucho tiempo en la construcción de éste, por lo que financió la filmación de dicha secuencia con su propio dinero.

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EL JUEZ. Mucha gente la confunde con “El demoledor”… sólo que ésta sí es mala.

EL JUEZ

Judge Dredd

Danny Cannon, 1995

En 1977 la editorial británica IPC Magazines comenzó la publicación de una revista antológica de comics de publicación semanal titulada 2000 A.D. Un poco en la vena de la americana Heavy Metal, la revista se enfocaba en la ciencia ficción y la fantasía, estaba dirigida a un público adulto y presentaba historias maduras con altas dosis de violencia gráfica.

    Entre los personajes más populares en aparecer en las páginas de 2000 A.D. se encontraba Judge Dredd, un policía que vivía en un futuro en el que el crimen había sobrepasado la capacidad del sistema judicial, por lo que los oficiales de policía tenían la facultad de arrestar, juzgar y ejecutar a los delincuentes en el acto. Ya a mediados de los 80 hubo un intento para filmar una película basada en el juez Dredd; pero el proyecto nunca se concretó y terminó convirtiéndose en RoboCop, el defensor del futuro (Verhoeven, 1987).

    La película llegó finalmente en 1995 y en ella se cuenta la historia del juez Joseph Dredd (Sylvester Stallone), el más temido y respetado de los jueces de Metro City… hasta que es injustamente inculpado por un asesinato. Gracias al sacrificio de su mentor, el juez Fargo (Max von Sydow, el pobre) en vez de ser ejecutado, Dredd es exiliado a los páramos radiactivos que rodean la ciudad. Ahora, el juez caído en desgracia deberá regresar a Metro City y descubrir quién está detrás de la conspiración.

    Creo que debo comenzar este artículo diciendo que el guión de esta película corrió por cuenta del genial Steven E. De Souza… que bueno, si, el pobre dirigió Street Fighter: la batalla final (1994)… pero escribió Comando (Lester, 1985), Duro de matar (McTiernan, 1988) y El sobreviviente (Glaser, 1985)… y Street Fighter. Bueno, pero el punto es que el guión de esta película no es particularmente malo –sobre todo, la versión original–; digo, para ser película de acción. La historia no es nada sobresaliente y está llena de lugares comunes, pero no es mala y, de hecho, tiene todos los elementos para contarse bien. Lo que falla es la realización.

    Por principio de cuentas, el guión original de De Souza era muy diferente y estaba mucho más de acuerdo con la visión que tenía Danny Cannon de la película que quería hacer. El director se refería a su propuesta original como la Ben-Hur de las películas de acción. Más allá de la ambición de Cannon, su visión de la peli era mucho más oscura y satírica… Pero Sly vino a cambiarlo todo.

    Cuando leyó el guión, Stallone, quien jamás había oído hablar de Judge Dredd antes de que le ofrecieran el papel, creyó que se trataba de una comedia de acción, por lo que ordeno gran cantidad de cambios para ajustar la película a ese tono. Del mismo modo, el actor se empeñó en que el personaje de Fergie, que en el comic es el líder de los exiliados y los mutantes, fuera convertido en un patiño cómico, cuyo papel le ofreció personalmente a Joe Pesci, quien lo rechazó, para ofrecérselo luego a Rob Schneider.

    Otra de las cosas que llama mucho la atención de esta cinta es que, durante casi toda la peli, Dredd se la pasa sin casco… cuando una de las principales características del personaje en el comic es que jamás se quita el casco y, en las contadas ocasiones en que lo hace, no podemos ver su rostro, el cual se presume que está desfigurado. Sin embargo, los productores de la película creyeron que sería un desperdicio pagar el sueldo de Sylvester Stallone si el público no podía verle la cara, por lo que ordenaron que pasara la mayor parte del tiempo en pantalla sin casco… aunque eso le diera en la madre al personaje, ¿a quién le importa?

    Finalmente, Cannon quedó muy decepcionado de la película que, asegura, es completamente diferente a la visión original que él tenía y juró jamás volver a trabajar con un actor tan egocéntrico como Stallone. Al director ni siquiera la permitieron estar presente en el set para los re-shoots.

    En 2012, previo al estreno de Dredd: el juez del apocalipsis (Travis), la revista Empire entrevistó a John Wagner, creador del personaje de Judge Dredd, quien declaró que en la versión de 1995 la historia no tenía nada que ver con Dredd y que Dredd ni siquiera era realmente Dredd a pesar de que Stallone era el actor ideal para interpretarlo. Eso sí, alabó los altos valores de producción.

    Y ése es precisamente el único elemento de la película que la salva del olvido… aunque la mayoría de la gente la confunda con El demoledor (Brambilla, 1993). La producción es impresionante. Los sets –que beben fuertemente de fuentes como Blade Runner (Scott, 1982)– lucen geniales y se ve el cuidado que pusieron en construirlos y fotografiarlos bien. El maquillaje prostético con el que crearon a los mutantes también se ve muy bien, y el que se ve increíble es el guerrero ABC, que originalmente estaba pensado para ser interpretado por un actor en una botarga, pero que Cannon insistió en que fuera un animatrónico… así es, el robot en su película es un robot de verdad. Y, por alguna extraña razón que escapa a mi entendimiento, los vestuarios fueron diseñados por Gianni Versace, quien básicamente se limitó a hacer versiones glam de los uniformes mostrados en el comic.

    Por desgracia, creo que todos estos elementos no son suficientes para rescatar una película que tenía todo el potencial para ser un nuevo clásico del género y terminó convirtiéndose en un desastre genérico y poco inspirado, y un ejemplo de libro de texto de una adaptación que no tiene ni idea de qué se trata el material original.

    Por si eso fuera poco, las actuaciones fluctúan en el rango que va de lo pésimo a lo hilarante e incluso el pobre Max von Sydow parece estar pasando un mal rato.

    Originalmente, se había planeado que el villano de la película fuera Judge Death, el archienemigo de Dredd en los comics y líder de los jueces renegados conocidos como Dark Judges; sin embargo, la producción pensó que sería difícil y costoso recrear al personaje –que es básicamente un esqueleto viviente– de forma convincente en la pantalla, por lo que optaron por usar como villano principal a Rico Dredd, pues podía ser interpretado sin necesidad de una caracterización externa complicada y tenía más que ver con el pasado de Dredd. Lástima que sea tan mal villano en la película.

    Armand Assante, el actor encargado de dar vida a Rico, a pesar de ser un buen actor y haber participado en producciones galardonadas por todos lados, en ningún momento de esta película convence. La verdad es que su interpretación está de risa loca y parece más cercana a Stewie Griffin… o a la de una villana de telenovela mexicana… ¿y qué rayos pasa con su voz? ¿Necesita visitar a un foniatra? Cecea, raspa la voz… siento que me estoy lastimando la garganta sólo de escucharlo hablar.

    Y ¿se han puesto a pensar que, en realidad, Dredd es uno de los héroes más chafas de la pantalla? Quiero decir que, cuando las cosas se ponen realmente difíciles y la vida de Dredd está en riesgo, nunca es capaz de salir del embrollo por sus propios medios; siempre son sus amigos los que tienen que salvarlo: Hershey (Diane Lane), Fargo, Fergie, Hershey otra vez…

    Ahora que he vuelto a ver la película, me llamó mucho la atención la escena de la carrera de motos voladoras: ¡es tan aburrida! La secuencia que debería ser emocionante, alocada y llena de acción es tan insípida… además de que la adornan algunos de los peores efectos digitales que he visto. Y no, no digan por favor que eran buenos para la época, porque el CGI de esa época podía hacer cosas mejores.

    En conclusión, El juez es entretenida por momentos; pero la verdad es que, en conjunto no funciona. No funciona como película de acción y ciencia ficción, pues hay muchos mejores especímenes en esa categoría. No funciona como vehículo de Sylvester Stallone, quien también tiene muchos mejores trabajos, incluso dentro del mismo subgénero. Y, finalmente, no funciona ni de chiste como adaptación del material original. Así que, si quieren ver una película chida de acción y ciencia ficción con Sly, mejor vean El demoledor; y si quieren ver una buena adaptación al cine de los comics de Judge Dredd, mejor vean Dredd: el juez del apocalipsis.

PARA LA TRIVIA: Ésta fue la primera película en ser estrenada simultáneamente con su videojuego. A diferencia de la cinta, el juego para SuperNintento publicado por Acclaim Entertainment, sí es un muy buen juego y, aunque más o menos sigue la historia de la película, está más basado en los comics.

DEPREDADOR 2. El cazador intergaláctico llega a la jungla de asfalto.

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DEPREDADOR 2

Predator 2

Stephen Hopkins, 1990


El éxito en taquilla de la primera película de Depredador (McTiernan, 1987) aseguró casi de inmediato una secuela. En junio de 1989, la editorial independiente Dark Horse Comics publicó el primer número del comic de licencia Predator, que pretendía ser una continuación a la película de 1987. En esta serie de comics, posteriormente rebautizada como Predator: Concrete Jungle, un Depredador llega de cacería a la Ciudad de Nueva York durante una guerra de pandillas en medio de un verano inusualmente caluroso y se vuelve la misión del detective John Schaeffer –hermano del personaje de Schwarzenegger en la primera peli– detenerlo.

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    Así es: el argumento de la segunda película se lo piratearon de los comics y, si han leído éstos, sabrán que no sólo se fusilaron el plot, sino detalles y eventos específicos. De hecho, la película originalmente sucedería en Nueva York; pero los guionistas decidieron cambiar la locación para ahorrar costos. Del mismo modo, se pretendía que el personaje de Dutch Schaeffer regresara para la secuela, ahora como policía del NYPD; sin embargo, el primero en bajarse del barco fue Arnold Schwarzenegger, quien pensaba que trasladar la acción a la ciudad era un error y no aprobaba a Hopkins como director.

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    De tal suerte, la película como quedó narra la historia del Tte. Mike Harrigan (Danny Glover quien es un gran actor pero se hizo famoso como héroe de acción por las pelis de Arma Mortal) quien, al investigar una serie de brutales asesinatos durante una guerra de pandillas en la ciudad de Los Ángeles, descubre que un cazador extraterrestre ha reclamado la metrópoli como coto de caza. Con la ayuda de los policías Danny Archuleta (Rubén Blades), Leona Cantrell (María Conchita Alonso) y Jerry Lambert (Bill Paxton), Harrigan deberá enfrentarse no sólo a los miembros de las bandas Scorpions y King Willie; sino a una agencia gubernamental secreta y al cazador intergaláctico, quien no tiene intenciones de terminar pronto su safari.

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    Esta película me despierta sentimientos encontrados. Por un lado, me encanta la forma en la que expande el universo de Depredador. Por otra, me decepciona mucho que el desarrollo de los personajes y la dinámica entre ellos no sean tan buenos como en la primera cinta.

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    El reparto no podría ser más heterogéneo. Acompañando al ya mencionado Glover, a quien siento que la película le queda chica, está otro excelente actor: Gary Busey y a ellos se les suman el carismático Bill Paxton, único actor en tener el honor de haber sido muerto en pantalla por un exterminador, una xenomorfo y un depredador; el cantante Rubén Blades y la cantante y actriz de telenovelas María Conchita Alonso. El resultado es que, al final, cada actor está en su tono y algunos, como Alonso, ni siquiera pueden mantener el paso.

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    Pero, por supuesto, la estrella de la película es el cazador alienígena que, una vez más, fue creado por los artistas del Stan Winston Studio, muchos de los cuales se sintieron entusiasmados por poder retomar un diseño anterior; pero con más tiempo y presupuesto que la primera vez.

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    El diseño del Depredador fue el primer trabajo del artista “Crash” McCreery. quien literalmente fue a tocar la puerta del Stan Winston Studio con su portafolio bajo el brazo y consiguió trabajo. Siendo un fan empedernido de la primera película, McCreery retomó el diseño de la cinta anterior y trató de darle un look más salvaje y tribal. La máscara fue esculpida y pintada por el artista John Rosengrant inspirándose en una serpiente de cascabel. Al respecto, el artista Shane Mahan dice: El director quería que su Depredador fuera más colorido […] con armas más intrincadas y deslumbrantes. […] No queríamos sólo sacar el viejo molde la primera película y pintarlo diferente…[1]

    Claro está, gran parte de que un monstruo funcione en pantalla tiene que ver con el actor que lo interpreta. Para esta iteración, el actor de 2.20m de altura, Kevin Peter Hall, quien interpretara al extraterrestre en la primera cinta, regresó para dar vida a dos criaturas: el Depredador principal y el Depredador anciano que aparece al final de la cinta, para el cual sí reutilizaron la botarga de la primera película añadiéndole algunas modificaciones prostéticas. El resto de los depredadores fue interpretado por algunos jugadores de los Lakers, a quienes se les pidió que customizaran sus propios cascos.

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    Otro de los elementos que es muy interesante es que, si bien en la primera cinta la jungla misma constituía un personaje, en ésta el centro de Los Ángeles se convierte también en un elemento dramático más allá de una mera locación. La mayoría de las escenas de exteriores fueron filmadas en locación, lo cual representó un reto tan o incluso más grande que filmar en la selva mexicana. Al respecto, el mismo Shane Mahan comenta: Los lugares más horribles en los que he tenido que filmar fueron los callejones en el centro de Los Angeles. […] Estaban sucios, eran deprimentes y asquerosos, con gente orinando en las paredes.[2]De hecho, según se sabe, la producción tuvo que detenerse durante algunos días pues el equipo de filmación descubrió un cadáver mientras preparaban la locación para la escena de la muerte de King Willie (Calvin Lockhart) y debieron esperar a que la policía concluyera los peritajes correspondientes.

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    Por cierto… ¿cómo le hicieron los Depredadores para meter su nave espacial en el drenaje de la ciudad sin que nadie se diera cuenta? Y también… aunque está chida la referencia del cráneo de xenomorfo; se supone que éstos son una especie de artrópodos, así que, técnicamente, serían invertebrados.

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    En general, el guión sigue una estructura similar a la de la primera peli; pero se siente más camp y medio tonto en algunas partes, además de que incorpora un montón de clichés, como el del policía rebelde, y de temas harto racistas que en aquella época no eran tan mal vistos como ahora.

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    Y sí, no es una buena película y es bastante inferior a la primera parte; pero es tremendamente entretenida. Es más sangrienta que la original, el Depredador está mucho mejor hecho y se ve genial, los efectos especiales son espectaculares y eso que muchos de ellos aún fueron logrados con trucos fotográficos, el soundtrack de Alan Silvestri realmente le da una profundidad inesperada a la cinta y la actuación de Golver es bastante decente. En conclusión, esta película es como una enorme hamburguesa grasosa: me encanta y la disfruto enormemente de principio a fin, aunque sé que es mala para mí.

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PARA LA TRIVIA: La banda de King Willie es, a todas luces, un pastiche racista que mezcla elementos de la religión rastafari de Jamaica y la religión vudú de Haití; sin embargo, está inspirada en un par de mafias reales que utilizaban el vudú y el hudú, y que asolaron las ciudades de Nueva York y Kansas a mediados de los 80.

 

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[1] MAHAN, Shane citado en DUNCAN, Jody, The Winston Effect: The Art and History of the Stan Winston Studio. Titan Books, Londres, 2006. P. 116. La traducción es mía.

[2] Ibid. P. 120. Traducción mía.

 

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