STAR WARS. LA ÚNICA COLECCIÓN TAN GRANDE COMO EL UNIVERSO. Parte II

 

Continúo con la segunda y última parte de este artículo sobre las figuras de acción de Star Wars. En ella hablaré sobre la colección producida en la segunda mitad de los 90, conocida oficialmente como Star Wars: Power of the Force. No está claro si esta serie pretendía ser una continuación o una especie de remake de la serie de 1985 también conocida como power of the Force; pero, debido a que el estilo de las figuras es sustancialmente diferente, suele indentificársele como Power of the Force 2.

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POWER OF THE FORCE 2

En 1987, Kenner fue comprada por la compañía juguetera especializada en modelos a escala funcionales de maquinaria pesada Tonka. Dicha compañía convirtió a Kenner en una subdivisión. Posteriormente, en 1991, Tonka  fue comprada por el gigante creador del término “figura de acción”, Hasbro.

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    A principios de la década de los 90 hubo una reapreciación por Star Wars; probablemente fue propiciada por el lanzamiento de la Trilogía Original en formato LaserDisc, probablemente porque Dark Horse Comics sacaba nuevos comics de Star Wars luego de haber comprado la licencia que durante años tuviera la en ese entonces arruinada Marvel; o quizá por una serie de tarjetas coleccionables publicadas por Topps para conmemorar el décimo aniversario del estreno de El regreso del Jedi (Marquand, 1983)… o el lanzamiento de los videojuegos basados en las cintas para el Super Nintendo, o quizá era el retro de los 70 que pegaba duro en aquella época… o todo fue simplemente un plan bien armado por Lucasfilm para revitalizar la saga y volver a crear un mercado antes de producir la Trilogía de Precuelas.

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    Sea como fuere, eran los 90, yo estaba en la primaria, Los Simpson aún eran maravillosos, Jurassic Park (Spielberg, 1993) lo era más y Star Wars volvía a estar de moda. Pronto, Kenner daría el paso definitivo para resucitar la franquicia al producir una serie completamente nueva de figuras de acción… y por favor, subrayen “figuras de acción”, porque los vehículos eran simples retools de los vehículos originales de los 70 y 80.

    Pero ¿cómo hacer para que los niños de los 90 se interesaran por personajes de películas que se estrenaron aún antes de que ellos nacieran? Según parece, Kenner no creyó en la trascendencia temporal de la franquicia y decidió tomarse algunas “libertades creativas”.

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    Desde inicios de la década y ya hacia mediados, el mercado de las figuras de acción estaba casi por completo dominado por los superhéroes. Series de figuras de acción con licencias de superhéroes como Batman Returns (1991-1994), Batman: The Animated Series (1992-1995), Adventures of Batman & Robin (1995-1997) o Superman: Man of Steel (1995-1996), de Kenner; X-Men (1991-1998) y Spider-Man: The New Animated Series (1994-1999), de Toy Biz; o las Teenage Mutant Ninja Turtles (1988-2013?) –ya en franca decadencia–, de Playmates, eran éxitos de ventas en la época, por lo que Kenner decidió adaptar el aspecto de los personajes de Star Wars dándoles proporciones más “superheróicas”.

    El resultado fue una serie de figuras de acción de proporciones irreales y cuerpos hipertrofiados que despertaron oleadas de críticas. De hecho, cuando le mostraron la figura de Luke Skywalker a Mark Hamill, éste exclamó: “¿Se supone que éste soy yo? ¡Ya quisiera!”. Incluso nuestro droide de protocolo preferido, C-3PO, recibió el tratamiento con esteroides y la figura de Chewbacca era tan musculosa que no cabía en la cabina del Halcón Milenario. Los rostros de las figuras se parecían mucho más a sus contrapartes de carne y hueso, eso sí, y creo que eran lo más sobresaliente de la colección… excepto la princesa Leia, cuya desafortunada escultura facial le ganó el apodo “Monkey Face” (Cara de Mono) entre los fans.

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    La primera serie constó de ocho figuras: Darth Vader, Luke Skywalker, princesa Leia, Han Solo, Chewbacca, Ben (Obi-Wan) Kenobi, R2-D2 y un Stormtrooper, cada uno de ellos con dos accesorios, excepto los droides.

    A pesar de la tan criticada musculatura y las poses espasmódicas, las figuras estaban increíblemente detalladas y el trabajo de pintura era excelente, muy superior al de figuras similares de la época. En el terreno de la jugabilidad, las figuras de esta serie presentaban una paradoja: en realidad, comparadas con otras figuras de la época, e incluso de la misma compañía, eran demasiado simples. Mientras que las figuras de Aliens (1992-1998), Jurassic Park (1993-1994) o la Liga de la Justica (1998-1999) tenían todas acciones especiales, algo que se había vuelto casi obligatorio en los 80, las de Star Wars POTF2 no tenían ninguna. Del mismo modo, las articulaciones eran las mismas que en las figuras de la colección clásica, excepto por una: la de la cintura. Si se toma en cuenta que para aquel momento ya existían figuras de acción de la misma escala con muchísimos más puntos de articulación, como G.I. Joe: The Real American Hero (1982-1998) o M.A.S.K.(1986-1988), entonces POTF2 queda debiendo…

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    Por otro lado, empero, si se comparan las figuras de Power of the Force 2 con las de la Colección Clásica, aquéllas resultan superiores en casi todos los aspectos –excepto el look musculoso, que es más bien un fallo de concepto, no de producción–: las capitas de tela o vinil fueron reemplazadas por capas y túnicas moldeadas en plástico, las aplicaciones de pintura son mucho más detalladas –en gran medida, gracias al avance tecnológico–, los lightsabers ahora sí parecían lightsabers, R2-D2 por fin tenía un cuerpo esculpido y no sólo una calcomanía, y otras tantas características hacían de esta colección un paso adelante en relación con la anterior.

    Kenner tuvo que enfrentarse a un mercado que nunca se había enfrentado antes: los coleccionistas adultos y un incipiente Internet que les servía como foro para comunicar su descontento con las nuevas figuras. Finalmente, a inicios de 1997, la compañía atendió las quejas y dejó por completo de darle el look de hipertrofia muscular a las figuras. Venía probando con ello desde 1996, pero fue hasta el año siguiente que se convirtió en el estándar. También se esculpieron nuevas figuras de Luke Skywalker y la princesa Leia que se comercializaron con la etiqueta “New Likeness!” (nuevo parecido); además de que se resolvió un asunto de la longitud de los lightsabers…

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El mío es más largo que el tuyo.

No sólo la musculatura excesiva fue corregida. Puesto que muchos coleccionistas se quejaron también sobre la longitud de los lightsabers, que eran demasiado largos –prácticamente eran tan largos como el alto de las figuras– Kenner lanzó una reedición de las figuras de la primera ola con lightsabers más cortos.

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    Nuevamente, esto dio paso a la aparición de diferentes variantes que, en la época, fueron muy buscadas por los coleccionistas. ¿Qué figura era más escasa, la del lightsaber largo o la del corto? En aquella época hubo verdaderas rebatingas y una escalada de precios ridícula por las figuras con lightsabers de diferentes tamaños… ¡e incluso por las variantes de producción en las que un lightsaber corto era empacado en la charola de uno largo! Con el paso del tiempo, los coleccionistas se dieron cuenta de que, en realidad, ambas variantes de las figuras eran más o menos igual de comunes y, en la actualidad, la verdad es que a nadie le importa.

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    Una vez que la apariencia de superhéroe fue dejada atrás, la línea se fue puliendo. Las esculturas eran cada vez más complejas y los diseños más caprichosos. Sobre todo las figuras humanas mejoraban cada vez; algunas de ellas, como Mon Mothma o Malakili –aun tratándose de personajes impopulares– fueron de las mejores figuras jamás esculpidas por Kenner. Y ni qué decir de figuras como Ishi Tib, que poseen algunas de las esculturas más complejas en todo el universo de Star Wars, aun rivalizando con figuras actuales; o el monje B’ Omarr, un droide arácnido que apenas si aparece unos segundos en el fondo de El regreso del Jedi, pero cuya compleja escultura y numerosas articulaciones lo vuelven una figura única.

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    Algo que siempre me llamó la atención, pero de lo que no cobré plena consciencia hasta ahora que soy adulto, es que muchas de las figuras de POTF2 trataban de ser una especie de remake de las figuras clásicas y su apariencia estaba, de hecho, más basada en éstas que en reproducir más fielmente lo que se veía en pantalla. Si uno las ve con detalle, las figuras de los 90 –al menos en las primeras series– son versiones “mejoradas” de sus contrapartes vintage; esto es particularmente notorio en la figura de Han Solo, que mantiene la misma posición que la figura de 1977; en el hecho de que decidieran poner dos jawas en un solo empaque o que R2-D2 contaba con dos acciones especiales: un tercer pie retráctil en la base de la figura y un “ojo” de plástico translúcido que se iluminaba cuando la luz caía sobre ella.

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    Con el éxito de la línea de figuras de acción, Kenner no tardó en cubrir la gran mayoría de los personajes de la colección clásica, así que ¿qué hicieron? Tratar de llenar los huecos que había dejado ésta, por supuesto. Los diseñadores de Kenner se pusieron a escrutar la saga, casi escena por escena, para extraer nuevas figuras de personajes que antes no habían tenido ninguna.

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    Aunque desde el punto de vista comercial claro que se trataba de una sacadera de dinero, tanto niños como coleccionistas recibimos con beneplácito la adición de nuevos personajes. Esto contribuyó a cubrir varias omisiones importantes de la colección vintage, como el hecho de que no hubiera ninguna figura del gobernador (luego rebautizado Grand Moff) Tarkin o que Leia fuera el único personaje femenino en toda la colección… ¡Y sí, tuvimos una figura de Leia en traje de prisionera de Jabba por primera vez!

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    También es interesante que la mayoría de los personajes secundarios –o incidentales, incluso– de la saga difundieron sus nombres oficiales durante esta colección. Algunos recibieron estos nombres en el Universo Expandido de novelas, comics y tarjetas coleccionables; pero fue en las figuras de acción cuando éste se popularizó. Así, Prune Face se convirtió en Orrimaarko, Yak Face pasó a ser Salt-Marae y el malévolo emperador conocido únicamente como The Emperor se convirtió en el emperador Palpatine.

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    Tan pronto como 1996, Kenner comenzó a echar mano del Universo Expandido de la saga para ampliar la batería de personajes. La primera línea de juguetes en beber de dicha fuente fue Shadows of the Empire, basada en el proyecto multimedia homónimo[1]; pero pronto las novelas gráficas Dark Empire y la Trilogía de Thrawn, publicadas por Dark Horse Comics, así como el videojuego Star Wars: Dark Forces (LucasArts, 1995) sircieron como inspiración para figuras de acción comercializadas dentro de la colección “Star Wars Expanded Universe”. Más tarde, cuando las ideas empezaban a escasear, los diseños conceptuales de artistas como Ralph McQuarrie para los vehículos de la saga sirvieron como inspiración.

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Star Wars The Power of the Force 2: una pésima inversión

Los coleccionistas habían aprendido su lección. Las figuras de acción de la colección clásica se volvieron súper coleccionables e, incluso en algunos casos, bastante costosas. Pero esto sucedió por una razón particular: se trataba de piezas de plástico barato pensadas para que los niños jugaran con ellas y les dieran en la madre, nadie pensó que valdrían mucho dinero algún día y, por lo mismo, nadie pensó en guardarlas… y como les dieron en la madre y nadie las guardó, se volvieron raras e incrementaron su valor.

    En 1995, todo mundo anticipó que las figuras incrementarían su valor, por lo que los coleccionistas empezaron a acapararlas y guardarlas celosamente dentro de sus empaques. Con procesos de producción mucho más cuidados que los de la colección original, la aparición de versiones variantes fue rara –excepto por las figuras reempacadas–, por lo que también las figuras con las más mínimas variaciones fueron objeto de disputas y revendidas a altos precios… en aquella época.

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    En 2015, cuando la colección Power of the Force 2 cumplió 20 años de haber aparecido en el mercado y, coincidentemente, se estrenó en cines un nuevo episodio de la saga después de diez años de inactividad –El despertar de la Fuerza (Abrams, 2015)–, el mercado de coleccionistas se vio invadido por una avalancha de figuras POTF2 en excelentes condiciones que se habían quedado guardadas y que ahora trataban de ser vendidas a precios de coleccionista.

    Empero, la desilusión no sólo fue brutal; sino casi instantánea. Si las figuras de los 70 aumentaron su valor por ser escasas, las de los 90 lo perdieron exactamente por lo contrario: había demasiadas. No sólo se produjo una gran cantidad de figuras; sino que todo el mundo decidió guardarlas, por lo que incluso personajes poco comunes, como Zuckuss o el guardia gamorreano, eran relativamente fáciles de conseguir en excelentes condiciones.

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    De hecho, con el mercado de figuras coleccionables actualmente a la baja en EE.UU., la realidad es que las figuras de POTF2 se han devaluado. Actualmente, en promedio, pueden conseguirse por alrededor de USD$7 y las más raras difícilmente sobrepasan los USD$20… hace un par de meses, yo mismo compré un lote de estas figuras nuevas por el equivalente a USD$4 cada una. Estos precios son más o menos los mismos que tenían en 1997, por lo que, ajustándolo a la inflación, obtenemos que su precio ha disminuido.

Cómo Star Wars mató a Kenner…

Bueno, no. Técnicamente, Hasbro mató a Kenner; pero lo hizo a través de Star Wars. La expansión de Hasbro es un ejemplo clásico, casi de libro de texto, sobre capitalismo. En vez de competir con otra empresa que tiene mejores productos que los míos, simplemente compro esa empresa –recordemos que la calidad de Hasbro era inferior a la de Tonka, y básicamente sus ganancias venían de los grandes volúmenes de juguetes baratos que vendían–, después la liquido o la hago quebrar y me quedo sólo con los productos que me interesan. Ésta es la estrategia que han seguido compañías como Nabisco, Disney o EA.

    Así pues, siendo dueña de Tonka, Hasbro encargó una sobreproducción de figuras de acción de Star Wars Episode I: The Phantom Menace a Kenner en 1999. Había demasiados personajes vendiéndose al mismo tiempo y de cada uno se produjeron demasiadas unidades; además de que los precios se elevaron considerablemente en relación con los de POTF2 debido a la inclusión de un accesorio electrónico conocido como CommTech Chip, que permitía a las figuras reproducir diálogos de la película e interactuar entre ellas.

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    Si ustedes recuerdan, las figuras de Episode I se vendían en un inicio en el equivalente aproximado a USD$7 actuales; pero, apenas un año después, podían conseguirse por el equivalente a USD$1 actual. Debido a tan pobres resultados –que eran parte de un plan anticipado, por supuesto–, Hasbro decidió cerrar Kenner, poniendo fin así a toda una era.

    La última serie de figuras de Power of the Force 2 fue producida por Hasbro en el año 2000 y constaba de nuevas versiones de personajes de la Trilogía Original que incluían el infame chip CommTech que tanta controversia ocasionara con las figuras de Episodio I. estas son las únicas figuras de la colección que son verdaderamente escasas y que han aumentado su valor con el paso del tiempo.

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El futuro nebuloso es

En 2020, Hasbro debe renovar su licencia para producir juguetes de Star Wars. Sin embargo, la sobresaturación del mercado por parte de Disney, la desafortunada elección de personajes, la baja general en la calidad de escultura, pintura, y la disminución de articulaciones en las figuras de 3.75”, entre otras cosas, han resultado en un descenso en las ventas de las figuras y la Casa del Ratón no está contenta.

    En ese mismo año, Mattel perderá la licencia de DC Comics. Las pobres ventas de las figuras de acción de la Liga de la Justicia (Znyder, 2017) y Aquaman (Wan, 2018) llevaron a DC a tomar la decisión de no renovar la licencia de sus personajes para la Casa de Barbie por un nuevo periodo y ésta pasará a manos de Spin Master.

    Esto, aunado a los problemas económicos de Mattel en los últimos años, resulta en que la compañía juguetera se quedará sólo con una licencia fuerte: Jurassic Park/World; por lo que les sería muy conveniente buscar otra. ¿Será que Mattel busque hacerse con la licencia de Star Wars? Aunque suene poco probable, es una posibilidad que cabría considerar.

 

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[1] Shadows of the Empire fue un proyecto mercadotécnico de Lucasfilm inspirado por el éxito de las novelas gráficas Dark Empire, de Dark Horse. Básicamente, Lucasfilm quería ver cuánto merchandising de Star Wars podía producir sin que hubiera una nueva película de la saga en los cines. Esto llevó a la creación de novelas, cómics, videojuegos, tarjetas coleccionables, etc. basados en Shadows of the Empire, un spin-off que cuenta lo que pasó durante los 6 meses en los que Han Solo estuvo congelado en carbonita.

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STAR WARS: La única colección tan grande como el Universo.

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STAR WARS: LA ÚNICA COLECCIÓN TAN GRANDE COMO EL UNIVERSO

 

Actualmente, es casi imposible pensar en una película de alto presupuesto, algún blockbuster de acción, aventura o fantasía, que no vaya acompañado, incluso desde meses antes de su estreno, por una avalancha de artículos promocionales. Con mucha frecuencia, ya sea dirigidos a los consumidores infantiles o al coleccionista adulto, esta legión de productos incluirá una serie de figuras de acción. Dichas colecciones se han vuelto una parte casi imprescindible de la memorabilia cinematográfica, e incluso en algunos casos, iconos de la cultura pop.

    Pero no siempre fue así.

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    En este artículo, que he dividido en dos partes, hablaré brevemente sobre la línea de figuras de acción que dio origen a la industria de las figuras de acción basadas en películas como la conocemos actualmente: Star Wars, además de la línea Power of the Force 2. Es un artículo que he pospuesto durante mucho tiempo; pero que por fin me di el tiempo de escribir. Para su realización, me baso en tres fuentes principales: los libros Star Wars: The Ultimate Action Figure Collection, de Stephen J. Sansweet, publicado por Chronicle Books en 2012; y Warman’s Action Figures Field Guide, de Mark Bellomo, publicado por Krause Publications en 2006; además del canal de YouTube Toy Galaxy.

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    Antes de comenzar, cabe aclarar que en este texto abordaré únicamente las figuras de la colección “vintage”, es decir, las producidas por Kenner entre 1977 y 1985, y la colección conocida como Power of the Force 2, producida por Hasbro/Kenner desde 1995 y hasta la quiebra de ésta última en 2000. Las razones son varias, pero pueden resumirse en dos: Primera, que son mis series favoritas, pues crecí coleccionando Power of the Force 2 y, segunda, que son de las dos colecciones sobre las cuales logré reunir mayor información.

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    Aclarado lo anterior, comencemos.

    A mediados de la década de 1970, el director californiano George Lucas buscaba financiamiento, sin demasiado éxito, para filmar su fantasía espacial a la Flash Gordon titulada The Star Wars. Ningún productor creía en una película inspirada en loa seriales de las matineés sabatinas de los años 30; algunos estaban interesados en el trabajo de Lucas, pero ciertamente no en The Star Wars. Finalmente, para terminar de convencer a los productores de financiar su Space Opera, Lucas decidió reducir drásticamente su salario, a cambio de que le permitieran quedarse con los derechos para licenciar merchandising de su película.

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    Como lo mencioné anteriormente, en aquel entonces producir juguetes basados en películas no era común en absoluto; nunca se había implementado un programa específicamente para tal fin, ni se consideraba un negocio rentable. En ese momento, las únicas figuras de acción licenciadas que habían tenido éxito eran los muñecos de 12 pulgadas de El hombre nuclear (1974-1978)–que, dicho sea de paso, eran geniales– y sus accesorios, fabricados por Kenner; las figuras de 8 pulgadas de El planeta de los simios (producidas entre 1974 y 1975, que mezclaban personajes de las películas con personajes de la serie de TV), y Star Trek (1966-1969) fabricadas por Mego. Tanto Kenner como Mego seguían los cánones de múltiples articulaciones y ropa de tela de la colección G.I. Joe de Hasbro, compañía que acuñara el término “figura de acción” en la década de 1950. De tal suerte, los productores no tuvieron mayor empacho en concederle a Lucas lo que pedía.

    Lucas ofreció la licencia de Star Wars a Mattel y a Mego. Ambos la rechazaron. Después de tocar muchas puertas, el director californiano acudió a otra compañía juguetera, más pequeña y que en aquel entonces era propiedad de la gigantesca empresa de cereales General Mills, llamada Kenner Products.

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    La compañía fundada en 1946 por los hermanos Steiner en Cincinnatti, Ohio, había tenido bastante éxito, como se mencionó arriba, con la línea de El hombre nuclear, además de haber sido pionera en la implementación de comerciales de juguetes en la televisión estadounidense. Tras ver algunos avances de Star Wars, a Bernie Loomis, en aquel entonces presidente de Kenner, le pareció que los personajes de la película eran interesantes visualmente y que podrían hacer juguetes divertidos con ellos, así que compró la licencia.

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    El trato se cerró de manera tardía apenas un mes antes de que la película se estrenara en cines y, según se rumora, Lucas tuvo que bajar mucho su precio. Algunas leyendas urbanas mencionan que, de hecho, la licencia para las primeras 12 figuras de Star Wars se vendió por apenas USD$50. Loomis no estaba particularmente emocionado por el proyecto y, dado que el proceso para fabricar una serie de figuras de acción tomaba entre 12 y 18 meses, supuso que podría comenzar a vender las primeras figuras en primavera de 1978.

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    Sin embargo, el éxito de Star Wars en el cine tomó por sorpresa al mundo entero –incluido a Lucas– y los niños pedían juguetes de sus personajes favoritos para recrear las aventuras espaciales en sus casas –tomemos en cuenta que las películas en video no existían aún–. Loomis se dio cuenta de que los juguetes no estarían listos para la importantísima temporada navideña, por lo que ideó una estrategia tan ingeniosa como controvertida para su tiempo… aunque ahora es de lo más común.

    Para la temporada, las jugueterías fueron surtidas con portafolios de cartón –no cajas, como aseguran algunas fuentes–, prácticamente vacíos, conocidos como Early Bird Certificate Package, que eran vendidos al público. El portafolios se desdoblaba y la parte interior podía ser usada como stand para exhibir las figuras. Asimismo, incluía algunas calcomanías de Star Wars, pequeñas piezas de plástico para parar a los muñecos en el stand de cartón y, lo más importante: un formato desprendible que debía ser llenado con los datos del consumidor y enviado por correo para que, entre febrero y junio de 1978, recibiera, a vuelta correo, un paquete con las primeras cuatro figuras de la colección: Luke Skywalker, la princesa Leia, Chewbacca y R2-D2.

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    Los certificados no tuvieron una buena aceptación entre el público, y muchos de ellos se quedaron en los estantes de las tiendas y fueron devueltos a Kenner. Del mismo modo, la prensa criticó duramente a la empresa por tratar de inducir a los consumidores a comprar a ciegas. Empero, con críticas y fracasos de ventas, los certificados Early Bird consiguieron algo que a Loomis le pareció por demás favorable: mantuvieron el interés del público en la tan ansiada línea de juguetes de Star Wars.

    La primera línea de 12 figuras de acción incluía a Luke, Leia, Han Solo, Chewbacca, C-3PO, R2-D2 –Arturito, pa’ los cuates–, Obi-Wan Kenobi, Darth Vader, un Stormtrooper, un Comndante Imperial, un Jawa y un Morador de las Arenas, y fue producida a marchas forzadas. En 1978, cada figura se vendía por alrededor de USD$2.

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    Los escultores debían trabajar con tiempos de entrega imposibles y muy poco material de referencia y, para satisfacer la demanda, las figuras fueron maquiladas en diferentes fábricas de varios países asiáticos. Esto dio como resultado que muchas de las figuras tuvieran errores y defectos de producción, así como que existieran muchas versiones variantes de la misma figura –que han hecho las delicias de los coleccionistas–: Han Solo con cabeza pequeña, Han Solo con cabeza grande, Luke con cabello y cejas amarillos, Luke con cabello café y cejas negras, Luke con cabello amarillo o beige; Obi-Wan con cabello blanco, Obi-Wan con cabello gris; Chewbacca con ballesta verde, azul o negra; Vader, Luke y Obi-Wan son lightsabers de dos y tres secciones, y una nutrida lista de etcéteras. También derivó en que muchas figuras de personajes secundarios –particularmente la Serie 2, lanzada para la Navidad de 1978–, como el cazarrecompensas Greedo o el fugitivo “Walrus Man” (luego rebautizado como Ponda Baba) no se parecieran en absoluto a sus contrapartes de la pantalla.

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    Gran parte del éxito de las figuras se debió a una idea arriesgada por parte de Loomis y su equipo. Rápidamente, entendieron que el universo de Star Wars era vasto y rico y que las naves espaciales, así como las criaturas y otros vehículos, eran también estrellas de este cuento de hadas contemporáneo. Por tal motivo, Loomis decidió utilizar la poco popular escala de 3.75 pulgadas para sus figuras –por cierto, la escala de todas las figuras de la colección vintage [1977-1985] toma como referencia el tamaño del primer Luke Skywalker–. Esto permitiría producir naves y vehículos que podrían ser utilizados con las figuras sin que fueran demasiado voluminosos o costosos. De hecho, originalmente se publicitaron como “Mini-Action Figures”.

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    Eventualmente, en 1979, Kenner produjo figuras de 12 pulgadas de Star Wars y, aunque gozaron de gran éxito, no fueron tan populares como las figuras de 3.75”. Aunque el nivel de detalle en las figuras básicas era bueno para la época, la paleta de colores era limitada –en parte debido a la tecnología disponible en la época–; del mismo modo que la escala pequeña y los esfuerzos por abaratar los costos de producción obligaron a los fabricantes a reducir las articulaciones. Todas las figuras de la primera colección de Star Wars tienen sólo 5 puntos de articulación: caderas, hombros y cuello; excepto por el Stormtrooper y Chewbacca, cuyos torsos y cabezas son una sola pieza.

Boba Fett: el Santo Grial de los coleccionistas

Para 1979, la colección contaba con 21 figuras básicas, media docena de vehículos, una criatura y varios playsets. La figura número 21 era un personaje completamente nuevo cuya primera aparición en pantalla se diera en la Navidad de 1978 durante el segmento animado del infame Especial de Navidad de Star Wars (1978): el cazarrecompensas Boba Fett.

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    En el material promocional previo al lanzamiento de la figura se anunciaba que ésta disparaba un pequeño proyectil rojo del jetpack en su espalda. Sin embargo, más o menos en esa época, hubo reportes de niños que se asfixiaron al tragarse misiles de juguetes de la colección de juguetes de Batlestar Galactica, por lo que Kenner decidió fijar el proyectil de Boba Fett a la figura y retirar el mecanismo que lo disparaba. De hecho, la figura que finalmente se produjo de forma masiva y se vendió al público incluía una nota en la que se leía:

“Originally our STAR WARS Boba Fett action figure was designed to have a spring-launched rocket. The launcher has been removed from the product for safety reasons. If you are dissatisfied with the product, please return it to us and we will replace it with any STAR WARS mini-action figure of your choice.

Thank you for your support.” [1]

    Aun con dicho cambio, una figura empacada de Boba Fett en el blíster de 1979 en buen estado puede sobrepasar los USD$650. A lo largo de la historia, las leyendas urbanas de “mi primo consiguió uno de los Boba Fett que disparaban el misil” han sido comunes; pero todos falsos. Las figuras que disparaban el proyectil nunca fueron puestas a la venta. Apenas una docena de estas figuras sin empacar salió de las fábricas y fueron utilizadas por Kenner con fines promocionales y de exhibición únicamente. Según se sabe, en todo el mundo sólo existe una figura empacada de Boba Fett con lanzamisiles funcional, fue utilizada para la exhibición de Kenner en la Feria del Juguete de Nueva York en 1979 y su precio actualmente se calcula entre los USD$120,000 y los USD$150,000.

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Con las enormes ganancias producidas por las figuras de Star Wars, no podemos culpar a Kenner por tratar de explotar la franquicia el mayor tiempo posible. La colección de la primera película se extendió desde 1977 hasta 1979; mientras que la de El Imperio contraataca (Kershner, 1980) se produjo desde 1980 hasta 1982 y la de El regreso del Jedi (Marquand, 1983), entre 1983 y 1984. Para 1985, Kenner produjo simultáneamente tres líneas de figuras basadas en Star Wars: Star Wars: The Power of the Force, en la que había personajes de las tres películas que no habían aparecido en las series anteriores; Star Wars Droids y Ewoks, estas dos últimas basadas en las series de dibujos animados. Cabe mencionar, además de que, para el estreno de cada nueva película, Kenner reempacaba las figuras de la peli anterior en cartones con el título de la nueva cinta, lo cual maximizaba sus ganancias, daba oportunidad a los fans de conseguir figuras anteriores y creó también un buen número de versiones variantes de cada figura. Una estrategia similar se utilizó con las figuras de las Trilogía de El Señor de los Anillos (Jackson, 2001-2003) a inicios de este siglo.

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    Para 1985, cuando la producción de los juguetes de Star Wars fue cancelada definitivamente, tan sólo la colección de figuras basadas en las películas contaba oficialmente con 92 figuras de acción diferentes. Sin embargo, esta cifra es inexacta, pues no se están tomando en cuenta los muñecos que no se distribuyeron en los EE.UU. –como el codiciado Yak Face–, ni las figuras empacadas como sets – como Jabba the Hutt o la banda de Max Reebo, por ejemplo–.

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    El final de la Trilogía Original derivó en un descenso del interés por Star Wars y éste, a su vez, se vio reflejado en las bajas ventas de las figuras, por lo que la producción de éstas fue terminada en 1985[2] –. El legado de la colección vintage de Star Wars es innegable: con ella nacieron las figuras de acción de escala pequeña, el merchandising moderno de licencias de películas y el coleccionismo de juguetes como se conoce actualmente. Antes de Star Wars, el coleccionismo de juguetes se limitaba a piezas antiguas vendidas a altos precios por casas especializadas. Con Star Wars cualquiera podía coleccionar, intercambiar y cazar a su personaje favorito de una galaxia muy muy lejana… ¡Y gracias a la Fuerza por eso!

Bib Fortuna: la figura que el coleccionismo arruinó.

Una de las figuras más populares de la serie de El regreso del Jedi fue la del mayordomo de Jabba el Hutt, Bib Fortuna. En algunas fotos de prototipos, el abrigo del sirviente twi’lek era de color rojo oscuro; sin embargo, éste fue cambiado por uno color beige o gris en la versión final. En México, la maquiladora Lili Ledy, que tenía la licencia para producir las figuras de Star Wars, produjo una cantidad desconocida de figuras de Bib Fortuna con un abrigo color borgoña.

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    Rápidamente, esta rarísima figura sólo fabricada en nuestro país se convirtió en un artículo súper coleccionable, por lo que las falsificaciones no se hicieron esperar. Con el paso del tiempo –las primeras falsificaciones salieron a la luz en 2004; pero la verdadera epidemia se dio entre 2008 y 2010–, hubo tantas falsificaciones de este muñeco y éstas se parecían cada vez más al original que, de ser una pieza difícil de conseguir y muy costosa, ahora es muy común y no vale prácticamente nada pues, a menos que esté sellada dentro de su empaque, es casi seguro que sea una figura apócrifa. Un servidor tiene una en su colección y, aunque lo compré algunos años antes de que los piratas se volvieran populares, estoy casi seguro de que se trata de una falsificación.

Star Wars: The Epic Continues: la serie de figuras que nunca se produjo

Para 1985, como mencioné arriba, el interés en las figuras de Star Wars había decaído. Kenner ideó una estrategia para repuntar las ventas de la única colección tan grande como el Universo: producir una colección de figuras spin-off basadas en una hipotética cuarta película cuya trama consistía en que Tarkin –quien misteriosamente habría sobrevivido a la destrucción de la primera Estrella de la Muerte– y los últimos restos del desmantelado Imperio Galáctico se aliarían para reconstruir la tiranía. Pieza clave de dicho plan sería Ata Prime, el líder de la Guardia Imperial, quien sería clonado para producir un ejército que lograra aplastar a la incipiente Nueva República, ocasionando una Segunda Guerra de los Clones.

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    La serie, cuyo nombre tentativo sería Star Wars: The Epic Continues constaría de personajes y vehículos nuevos aunque, en su mayoría, se trataría de retools de juguetes ya existentes, como el All Terrain Ion Cannon –retool del AT-AT– o el Sandspeeder –retool del Snowspeeder–. Se produjeron un par de prototipos y fotografías promocionales; pero la mayoría de las figuras –incluyendo la que hubiera sido la primera figura de Tarkin– ni siquiera llegaron a la etapa de diseño.

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    En vez de The Epic Continues, Kenner decidió dirigir sus esfuerzos hacia un plan que tan bien les estaba funcionando en esa época: producir una serie de dibujos animados en conjunto con una línea de figuras de acción alusivas, convirtiendo cada episodio de la serie, básicamente, en un comercial de juguetes de veinte minutos. Lucasfilm produjo dos series en ese año: Droids y Ewoks, por supuesto, cada una con su montón de juguetes.

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[1] “Originalmente, nuestra figura Boba Fett de STAR WARS estaba diseñada para tener un cohete disparado por resorte. El lanzador ha sido removido del producto por razones de seguridad. Si usted está insatisfecho con el producto, regrésenoslo y lo reemplazaremos con cualquier mini-figura de acción de STAR WARS de su elección.
Gracias por su apoyo”. Traducción mía.

[2] El desinterés por los muñecos de Star Wars hacia 1984 dio paso al desarrollo de una de las colecciones de figuras de acción más importantes en la historia: Super Powers, conocida en Latinoamérica como Los Súper Amigos pero, citando a Ende, ésa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

SUMARIO 2019

SUMARIO 2019

Terminator: destino oculto

Dunas (Dune)

Guasón (Joker)

Midsommar: el terror no espera la noche

El horror de Amityville (1979, redux)

La máscara

Street Fighter: la batalla final (redux)

Viernes 13. El capítulo final

Eso. Capítulo II

Érase una vez en… Hollywood

Los Cazafantasmas (redux)

Máxima velocidad

La masacre de Texas (redux)

La historia sin fin

Avatar (redux)

El Rey León (live-action)

Voraz (Ravenous)

Alien: Covenant (redux)

Spider-Man: lejos de casa

Prometeo (redux)

Mad Max

Alien vs Depredador 2 (redux)

Alien vs Depredador (redux)

Watchmen: los vigilantes

Alien: la resurrección (redux)

X-Men: Dark Phoenix

Alien 3 (redux)

Godzilla II: el Rey de los Monstruos

Aliens: el regreso (redux)

Alien: el octavo pasajero (redux)

El Cuervo

El abismo negro

Avengers: Endgame

Hellboy (2019)

Cementerio maldito (remake 2019)

Escisión

Star Wars figuras de acción 2 (1995-2000)

Star Wars figuras de acción 1 (1977-1985)

Alita: Battle Angel

Cómo entrenar a tu dragón 3

El terror llama a su puerta