MORTAL KOMBAT. La película con la que volví a las salas de cine.

MORTAL KOMBAT

Simon McQuoid

Hace más de un año que no iba al cine y, seguramente, esto influyó en la forma en que disfruté esta película. La primera cinta de Mortal Kombat (Anderson, 1995) es, a mi gusto, una de las mejores películas basadas en videojuegos que se hayan hecho… que no es decir mucho –más bien debería decir que es una de las únicas tres películas basadas en videojuegos que me parecen aptas para consumo humano–. Sin embargo, su secuela, Mortal Kombat: la aniquilación (Lonetti, 1997), es considerada una de las peores películas de la historia. De tal suerte, mis expectativas para esta cinta eran bastante bajas.

    En esta película, Cole Young (Lewis Tan) es un artista marcial venido a menos, quien desciende directamente de Hanzo Hasashi (Hiroyuki Sanada), ninja del clan Shirai Ryu, quien fuera asesinado junto con su familia en el siglo XVII. Cole se convierte en una persona de interés para una operación militar secreta llevada a cabo por Sonya Blade (Jessica McNamee) y Jax (Mehcad Brooks). Ellos han descubierto a varias personas con una marca especial, quienes se han visto envueltas en extrañas peleas. Luego de ser atacados por un guerrero reptil, Blade y sus aliados viajarán al Lejano Oriente guiados por el criminal Kano (Josh Lawson), donde serán reclutados por los monjes Liu Kang (Ludi Lin) y Kung Lao (Max Huang), quienes les revelarán la verdad: la marca identifica a los campeones de la Tierra, quienes se enfrentarán con los guerreros de Outworld para defenderla de la invasión del malvado hechicero Shang Tsung (Chin Han) en un torneo conocido como Mortal Kombat y del que Cole será la pieza clave.

    Creo que lo primero que hay que tomar en cuenta antes de empezar a criticar Mortal Kombat es que el videojuego original, creado en 1992 por Ed Boon y John Tobias, surgió desde un inicio como una parodia. La idea de sus creadores fue burlarse un poco de las películas de artes marciales de los 70 y 80, y llevar sus elementos hasta lo ridículo. Así nacieron los fatalities. De tal suerte, cualquier intento de tomarse muy en serio Mortal Kombat merece la frustración que su fracaso ocasione.

    Aclarado lo anterior, he de decir que esta película me divirtió muchísimo. En verdad, hacía tiempo que no me carcajeaba tanto con una cinta. Hay un montón de chistes malos que no caen cuando deberían caer y otro montón de escenas “serias” que tampoco caen donde deberían caer y eso las vuelve involuntariamente hilarantes. Luego están las primeras escenas de Kano, que funcionan bastante bien y parece ser el único personaje escrito de manera más o menos competente en toda la película.

    Al respecto de eso, sí quisiera decir algo: el guión es espantoso. Digo, nadie va a ver Mortal Kombat esperando ver Shakespeare; pero el argumento se nota artificialmente complicado –sobre todo el hecho de que están dosificando la información para tener de qué hablar en las siguientes películas de la franquicia– y los diálogos son malísimos. En verdad, hay parlamentos que no hubieran pasado un taller de guión de primer semestre. No llegan al nivel de “Así es, Kitana, estoy viva. Lástima que tú… ¡morirás!”, pero sí hay un montón de diálogos expositivos baratos y fáciles que parecen los textos que aparecen en los empaques de las figuras de acción.

    Y ahora que hablé de Kitana… ¿Dónde está Kitana? Digo… ahí está su abanico y sale Mileena (Sisi Stringer); pero no Kitana. A lo que quiero llegar es que sí, estoy completamente de acuerdo en que uno de los grandes errores de las películas basadas en videojuegos de peleas es tratar de meter con calzador a la mayor cantidad de personajes posible en la trama y sí, la infame Mortal Kombat: la aniquilación vaya que sufrió con esto; pero… en esta nueva iteración de la franquicia se siente como que faltan personajes.

    Aparecen Kung Lao y Kabal (Daniel Nelson, voz de Damon Herriman), pues tenían una deuda con los fans por ellos… y con Kabal, porque ni siquiera pudieron pronunciar bien su nombre en Aniquilación –no aparece en pantalla, sólo lo mencionan y lo llaman “Habal”– pero a nadie le hubiera molestado que personajes impopulares como Stryker, Tanya o Bo Rai Cho aparecieran de repente sólo para que les hicieran fatalities. Digo, fue más o menos lo que hicieron con Nitara (Mel Jarnson), que tiene un tiempecito en pantalla en esta peli a pesar de haber sido votada por los fans varias veces como uno de los peores personajes de la franquicia. Otros personajes poco populares como Nightwolf y Skarlet hacen cameos breves y a Bo Rai Cho lo mencionan.

    Ahora, no quiero ser el reaccionario que salga con la mamada de “¿Por qué Mileena es negra?” pero en esta ocasión creo que sí cabe el escepticismo. Por principio de cuentas, no creo que haya mucha razón de ser para el personaje de Mileena si no aparece Kitana; pero entonces ¿por qué no usar a Jade? Digo, en Mortal Kombat 3 (Midway, 1995) se estableció que Jade era de color; luego de eso le han estado cambiando el look casi en cada juego, pero el antecedente ahí está… y en la última entrega, Mortal Kombat 11 (NetherRealm Studios, 2019), vuelve a ser negra. Además, aunque también se relaciona con Kitana, su historia no depende enteramente de la de la Princesa de Edenia.

    En general, la caracterización de los personajes está bien… digo, sus vestuarios no se ven como de pastorela de secundaria, como los de Aniquilación… y lamento estar sacando a cuento Aniquilación cada cinco minutos; pero es el último referente que tengo de Mortal Kombat en el cine. La armadura de Sub-Zero (Joe Taslim) se nota en varias escenas que es de foamy; pero no se ve mal… creo. Goro lucía mejor en 1995, pues en esta versión parece que sólo reciclaron el gráfico de Hulk del MCU y le añadieron un par de brazos extra. Pero en general creo que cumple.

    En el guión original de la primera película había fatalities; sin embargo, éstos fueron eliminados para que la cinta obtuviera la clasificación PG y pudiera recaudar más dinero en la taquilla. En esta versión da gusto ver que los realizadores no se reprimieron con el gore. Hay escenas verdaderamente sangrientas que son sorprendentemente divertidas y efectivas… excepto porque usan sangre digital en algunas de ellas, claro está.   

    Es poco sabido que el archifamoso tema musical de Mortal Kombat, cuyo verdadero título es Techno Syndrome, no fue compuesto para la primera película. Esta pieza fue parte de Mortal Kombat: The Album, un CD que salió a la venta por correo en 1994 y que, a manera de soundtrack, contenía arreglos de los temas musicales del videojuego original de Mortal Kombat, así como temas “inspirados” en él. Posteriormente, se vendió en tiendas de discos. El tema de la película es el remix del original Techno Syndrome.

    En esta nueva película, la música es mayormente sinfónica y durante muchos momentos coquetea con el leit motiv y variaciones de Techno Syndrome que no llegan a convertirse en el tema completo SPOILER hasta que hace su aparición Scorpion TERMINA SPOILER.

    Algunas personas han acusado a esta película de ser puro Fan Service sin nada de contenido; pero… hace una década que todos los blockbusters son así, ¿no? En esta película incluso hacen una metarreferencia cuando mencionan la invencibilidad de Sub-Zero, pues fue algo que se dijo en un episodio de Malcolm in The Middle (2000-2006).

    Puedo concluir que Mortal Kombat no es ni por asomo una buena película. Tampoco es, en absoluto, la peor adaptación de la franquicia a la pantalla. Es una mala película muy divertida con la que me reí a carcajadas y que realmente disfruté. Las escenas de acción son cumplidoras y todo el numerito está armado para ser la primera parte de una franquicia que, francamente, no me importaría si no se continúa. Es una bonita película desechable, pues. Esta cinta es completamente ridícula. Y, a veces, ser ridículo es justo lo que se necesita.

PARA LA TRIVIA: El videojuego originalmente se titularía Mortal Combat; pero Midway tenía problemas para registrar un nombre tan genérico. Por esta razón, el diseñador Steve Ritchie sugirió cambiarlo por Mortal Kombat pensando que, además, la falta de ortografía ayudaría a llamar la atención sobre el título. En esta película, Kano hace un chiste al respecto.

Sumario 2021

Blog 2012-2017

DEL CREPÚSCULO AL AMANECER. O, como me gusta llamarle, «Charros contra vampiros».

DEL CREPÚSCULO AL AMANECER

From Dusk Till Dawn

Robert Rodriguez, 1996

Por alguna extraña razón, el género de vampiros y el western se mezclan bien. Quizá en cine no se ha explotado tanto como podría, pues en este momento sólo me viene a la mente la excelente, aunque olvidada, Cuando cae la oscuridad (Bigelow, 1987) y la terrible BloodRayne 2: Deliverance (Boll, 2007) ‒y con todo, es superior a la primera parte‒. Quizá en el terreno de los comics, la mezcla ha sido más afortunada con la serie de Vertigo, American Vampire. Sea como fuere, si hay un ejemplo de este crossover en el cine, que además funciona bastante bien, es Del crepúsculo al amanecer.

    La película cuenta la historia de dos asaltabancos, los hermanos Gecko. Por un lado, está el frío Seth (George Clooney) y, por el otro, su hermano menor, el psicópata violador Richie (Quentin Tarantino). Luego de su último golpe, los Gecko huyen por las carreteras de Texas sembrando el pánico. Al llegar a un motel, los hermanos toman como rehenes a Jacob Fuller (Harvey Keitel), un pastor viudo que ha perdido la fe, y sus dos hijos adolescentes: Kate (Juliette Lewis) y Scott (Ernest Liu). El plan de los criminales es escapar a México con sus rehenes para encontrarse con un conecte; pero, apenas cruzan la frontera, paran en un bar de camioneros conocido como el Titty Twister. El bar es el más alocado que cualquiera haya visto; pero, además, esconde un terrible secreto en su interior, pues es el sitio de reunión de un clan de vampiros sedientos de sangre.

    La cinta fue concebida originalmente por el artista de maquillaje, director y productor Robert Kurtzman (la K en el estudio de maquillaje de efectos especiales KNB FX Group) en 1989, en forma de un argumento de 24 páginas pensado para ser dirigido por él mismo. Quentin Tarantino fue contratado por Kurtzman y su socio, el productor John Esposito, para convertir el argumento en un guión.

    En 1991, Kurtzman y Esposito filmaron un teaser casero en el transcurso de una noche para conseguir financiamiento para la cinta. Empero, lo más cerca que estuvieron de conseguir tal objetivo fue con la producción de la serie de TV Cuentos de la cripta, quienes querían comenzar a hacer películas de la franquicia; pero nunca quedaron satisfechos del todo con el tono del guión.

    Luego del éxito que fueron Perros de reserva y Tiempos violentos, varios productores y distribuidoras empezaron a interesarse en el rumor de que había “un guión de Tarantino sin producir”. Para mejorar sus posibilidades de éxito, Kurtzman decidió no dirigir la película y fungir sólo como productor del proyecto.

    Quentin Tarantino y Robert Rodriguez se conocieron en 1992 en el Festival de Cine de Toronto mientras promocionaban El mariachi y Perros de reserva. Trabaron amistad rápidamente y se frecuentaban mientras uno trabajaba en la preproducción de Pistolero y el otro, en la de Tiempos violentos. Fue en esos días en que Rodriguez supo de la existencia del guión de Del crepúsculo… y aceptó dirigirla con la condición de que Tarantino reescribiera el guión. Tarantino aceptó reescribir el guión con la condición de que Rodriguez dirigiera la película.

    Los valores de la producción no son precisamente altos. La película se ve como una de bajo presupuesto… porque lo es, y a mucha honra. Vamos, incluso las esculturas en el interior del Titty Twister se ve que están talladas en espuma de poliuretano y que su pesado portón de madera es de triplay pintado, o que las paredes de la caverna que sale están hechas de papel Kraft. Aun así, el set principal es uno de lo más ingeniosos y llenos de vida que recuerdo haber visto.

    Siguiendo con este mismo orden de ideas, los vampiros se ven muy disparejos. En general, el diseño del maquillaje ‒elaborado por KNB, por supuesto‒ es más bien caricaturesco y dudo mucho que su propósito sea dar miedo, además de que algunos de plano se ven como de máscara de Halloween. Y las botargas de vampiros completos que salen hacia el final no se ven mucho mejor.

    Y el CGI, en aquellos tiempos en que era una cosa casi experimental, ha envejecido terriblemente. Bueno, en realidad nunca se vio bien, pero pues no había mucho con qué compararlo. Francamente, algunos efectos digitales son hilarantes.

    Las que se ven muy bien son las secuencias de muertes de vampiros que fueron logradas gracias a efectos físicos, como cuando los descuartizan, o explotan, o se derriten o cosas así.

    Las actuaciones tampoco son particularmente buenas por parte de nadie. George Clooney no actúa tan mal en esta película como es su costumbre, pero tampoco lo hace bien. Tarantino se defiende a pesar de no ser actor realmente y logra darle vida a su personaje. Él junto con Keitel son los que sostienen la película en el rubro de la actuación, todos los demás quedan bastante mal parados… Vamos, hasta los extras son malos. Si uno pone atención, notará que los extras que aparecen en el fondo sólo caminan de un lado a otro completamente fuera de personaje o, en el caso de los vampiros, se mueven como botarga de programa de concursos.

    Lo que sí es muy rescatable de la cinta es el guión. Es ingenioso y está lleno de vueltas de tuerca cada vez más alocadas que parecen estar jugando a desafiar la credibilidad del público… y logran salirse con la suya. Tiene un sentido del humor retorcido, ácido e irreverente y quizá lo mejor es que no hay personajes “sagrados”. Por lo general, en un melodrama de acción uno sabe perfectamente quiénes van a sobrevivir al final de la cinta y quiénes no. Esta película juega un poco con eso y no tiene empacho en matar personajes a diestra y siniestra… porque además es súper sangrienta, siguiendo con la propuesta estética de la Ultra-violencia.

    Me encanta la relación entre los hermanos Gecko, que básicamente viven una fraternidad retorcida. Se comportan como niños de primaria, pero con el riesgo adicional de que son criminales de alta peligrosidad con armas… y uno de ellos con aparatos de ortodoncia.

    El elemento vampírico es interesante, porque además entra en la película cuando ésta ya va muy avanzada. Si mal no recuerdo, el primer vampiro aparece en pantalla cuando ya ha transcurrido más de una hora; lo que lo convierte en una vuelta de tuerca casi tan bien lograda como aquélla legendaria con la protagonista de Psicosis (Hitchcock, 1960). Además, los realizadores toman las reglas de la mitología vampírica como un entretenido juguete al que le dan vueltas y retuercen con resultados sorprendentes.

     El guión tiene reminiscencias de otras películas en las que estuvo involucrado Tarantino, particularmente Asesinos por naturaleza (Stone, 1994, Tarantino escribió el argumento) y Tiempos violentos (Tarantino, 1994). Está el asalto a un establecimiento de poca monta, la glorificación de los criminales por parte de la prensa, los diálogos inverosímiles antes de los balazos, la participación de Juliette Lewis haciendo un personaje de adolescente y los “accidentes” con pistolas.

    La narrativa de la cinta está súper influida por los cómics ‒me recuerda un poco a El Día de la Bestia (De la Iglesia, 1995)‒ y, en general, la estructura es de ésas que me gusta llamar “de videojuego”: los personajes se enfrentan a enemigos cada vez más poderosos como si fueran avanzando por niveles. Lo que sí le duele de repente a la narrativa es la edición, que llega a ser atropellada por momentos.

    Hay también una serie de referencias a lo largo de toda la película que le sacan a uno una sonrisa, como la playera de Masacre en el precinto 13 (1976), la clásica película de John Carpenter, usada por Scott; la burla que hacen a las películas de vampiros con Peter Cushing; la clásica escena de las películas de Tarantino en la que se ve que abren la cajuela de un automóvil desde el interior y la cadena de comida rápida que siempre aparece en sus cintas: Big Kahuna Burger; la aparición, en papeles secundarios, de Fred Williamson ‒a quien recordamos por las película de la serie Fuerza Delta (1986-1990), al lado de Chuck Norris, y la infumable trilogía Black Cobra (1987-1990)‒, Tom Savini ‒quien hiciera los efectos de maquillaje para El amanecer de los muertos (Romero, 1978) y dirigiera el remake de La noche de los muertos vivientes (1990), entre tantas otras‒ el comediante Cheech Marin, quien además hace dos personajes diferentes,  y el veterano actor John Saxon, a quien siempre le dan papeles de agente de la ley ‒en esta peli es un agente del FBI‒ y que recordamos con cariño como el Tte. Donald Thompson en Pesadilla en la calle del Infierno (Craven, 1984).

    Hay algunas otras más oscuras, como la utilización de Lawn Darts ‒unos dardos de juguete impulsados por presión de agua con afiladas puntas metálicas que fueron retirados del mercado en los 80 luego de causar varias muertes‒ como armas; pero sin duda, mi gran favorita es el nombre del personaje de Salma Hayek: Satánico Pandemonium, que es una referencia directa a una peliculita mexicana nunsplotation[1] de los setenta que en el mercado doméstico fue conocida como La sexorcista (Martínez Solares, 1975).     

    La fotografía, a cargo del mexicano Guillermo Navarro, frecuente colaborador de Guillermo del Toro, es bastante buena y nos entrega una película con una atmósfera marrón que sí transmite la sensación de estar acompañando a los Fuller y los Gecko por el desierto mexicano.

    Sin embargo, creo que el mayor acierto en la ambientación de la película es el soundtrack, que fluye entre el rock, el blues y el country de manera natural y que ambienta la acción de forma maravillosa. Canciones de ZZ Top, The Mavericks, Tito & Tarantula –quienes además hacen un cameo en el interior del Titty Twister– y Stevie Ray Vaughan logran situarlo a uno en el medio de este universo de camioneros, vampiros, pistoleros y chicas topless. ¿Y cómo olvidar la canción After Dark? Porque Salma Hayek emigró de México a principios de los 90 y fue una prolífica actriz de telenovelas en EE.UU.; pero fue su escena bailando con una boa enroscada en el cuerpo al ritmo de esa canción fue lo que la puso en el mapa.

    La película nunca trascendió el estatus de “cine de culto”… ni creo que lo haya pretendido alguna vez; me parece que desde un inicio fue creada como tal. Con el tiempo, se ha ganado una legión de fieles fans que la convirtieron en una trilogía que cuenta con una secuela, From Dusk Till Dawn 2: Texas Blood Money (Spiegel, 1999), y una precuela, From Dusk Till Dawn 3: The Hangman’s Daughter (Pesce, 1999), ambas para video, un videojuego medianón para Windows (Cryo Interactive, 2001) cuyo argumento es una continuación directa de la primera película, una serie de TV (2014-2017)… e, increíblemente, ninguna serie de cómics.

    Del crepúsculo al amanecer es una de esas buenas malas películas que se disfrutan más con cervezas y quizá una pizza. Funciona bien como una película de acción, y como una comedia con un humor simplón y de mal gusto que raya en lo escatológico. También, por supuesto, funciona como una película de vampiros y, aunque no particularmente profunda o bien manufacturada ‒algunos de los stunts son muy buenos, otros son francamente chafas al punto de lo hilarante‒, al final resulta en una experiencia sumamente satisfactoria.

PARA LA TRIVIA: A cambio del guión de esta película, Robert Kurtzman le dio a Quentin Tarantino USD$1500 y su trabajo como maquillista para crear el efecto de la oreja amputada en Perros de reserva. Tarantino dejó su empleo como encargado de un videoclub poco tiempo después.

Blog 2012-2017

Sumario 2021


[1] Así es. Hay todo un subgénero de películas de explotación que incluyen softcore entre monjas… Y México produjo dos de las más reconocidas.

MUNDO ACUÁTICO. Básicamente, «Mad Max III», pero con un océano en vez de un desierto…

MUNDO ACUÁTICO

Waterworld

Kevin Reynolds, 1995

Ya habíamos mencionado muchas veces que 1995 parece haber sido un año terrible para el cine por el hecho de que se estrenaron algunas películas horribles. Empero, quizá ninguna de ellas logre compararse con Mundo acuático, que fuera en su momento la película más costosa de la historia y se convertiría en uno de los más grandes fracasos taquilleros de todos los tiempos. Ninguneada por el público y despedazada por la crítica, quizá no acabó con la carrera de Kevin Costner, pero es innegable que ésta nunca pudo recuperarse del todo.

    En el futuro, los casquetes polares de la Tierra se han derretido, convirtiendo al planeta en un océano interminable. En este escenario postapocalíptico, un marinero mutante sin nombre –en los créditos se llama Mariner y es interpretado por Kevin Costner– se ve obligado a ayudar a una mujer y una niña a encontrar una mítica porción de tierra firme.

    Por supuesto, lo primero que salta a la vista al leer esta sinopsis es la sospechosa similitud del argumento de esta película con el de Mad Max III: Más allá de la Cúpula del Trueno (Miller y Ogilvie, 1985), sólo que cambiando el desierto por un océano. Y sí, Mundo acuático es básicamente eso.

   A pesar de ello, no puedo negar que en esta cinta hay algunas ideas interesantes. Por desgracia, se ven diluidas por el resto de los elementos de lo que, a la postre, es básicamente una cinta de piratas con delirios de grandeza y éstos trabajan mayormente en su contra.

  Las tomas de stablishment, por ejemplo, están muy bien trabajadas y verdaderamente ayudan a introducirnos en el universo planteado por la película, filmado en locación en Hawaii… lo que realmente importa poco porque en la pantalla nosotros sólo vemos mar.

    Del mismo modo, todo el diseño de arte de la película está lleno de propuestas y conceptos interesantes que desgraciadamente, a menos que uno vea la cinta en HD o superior, se pierden casi por completo porque alguien decidió que todo debía estar cubierto de óxido. Y ésa es otra duda que me surge cuando veo esta película. Digo, entiendo que es un mundo postapocalíptico y que no hay recursos y bla, bla; pero, si estas personas viven en sus barcos y los usan como principal medio de sustento… ¿Por qué dejan que se oxiden? No es como que fuera cualquier moco de pavo conseguir otros.

    En este mismo apartado merece una mención el diseño de vestuario. La ropa que usan los personajes es súper interesante y no sólo ayuda a caracterizar a cada uno de ellos, sino que da contexto sobre su pasado y el mundo en que habitan. Por desgracia, parece que el legendario John Bloomfield (Conan, el bárbaro, Robin Hood: príncipe de los ladrones), diseñador de vestuario y Dean Semler (Danza con lobos, Apocalypto), el director de fotografía, nunca se pusieron de acuerdo sobre cómo se iba a filmar la película, pues su riqueza de colores, texturas y detalles se pierde en las tomas de gran angular que componen la mayor parte de la fotografía de la cinta.

    Otro elemento que es verdaderamente impresionante son los stunts. Si una sola cosa se puede rescatar de esta película, que sean las escenas de acción. En aquellos tiempos en los que los efectos especiales por computadora aún eran una cosa experimental –como bien lo demuestra el monstruo marino que aparece en esta cinta–, los stunts de esta peli se lograron a la antigüita, usando rampas, compresoras de aire, cables, arneses y dobles de acción súper entrenados; por no mencionar la dificultad de filmar en una isla hawaiana.

    Lo que me lleva a la verdadera estrella de esta película: el trimarán. Tratándose del vehículo principal de la cinta, el trimarán fue diseñado por el artista conceptual Steve Burg (Terminator 2: el Juicio Final, Alien: Covenant) y construido por la compañía francesa Janneau, especialista en construir catamaranes y trimaranes para competencia. Debido a las acciones que la nave debía realizar en cámara, dos botes, con un costo de un millón de dólares cada uno, fueron construidos y empacados en el interior de un 747 para ser enviados a la locación lo más pronto posible.

    Por las exigencias del guión, el trimarán fue construido para que pareciera que el Marinero podía pilotearlo solo; sin embargo, la manivela con pedales que utiliza en la cinta para tal fin era sólo utilería sin ninguna función real. Quien realmente navegaba era un grupo de marineros expertos que realizaban dicha tarea a través de monitores de televisión ocultos debajo de la cubierta de la nave.

    Asimismo, el atolón artificial en el que atraca el marinero fue construido exprofeso para esta cinta. El buque tanque que es la fortaleza de Deacon (Denis Hopper) fue también reacondicionado de un buque tanque real. No es de extrañar que esta película haya sido la más cotosa de la historia en su momento.

    ¡Ah, si tan sólo el dinero invertido en una película asegurara su calidad! Por desgracia, Mundo acuático es la prueba fehaciente de lo contrario. Se trata de una de esas películas en las que parece que nada funciona.

     De nada sirven los vestuarios bellamente confeccionados si su maquillaje prostético se ve como de película de Serie B. De nada sirven los stunts meticulosamente coreografiados si errores como los tropezones de los actores o el vestuario que se les atora en los sets se dejan en el corte final de la peli. De nada sirve su fotografía majestuosa si prácticamente todos los inserts se notan fuera de lugar, como si quien editó la película no supiera lo que estaba haciendo. La verdad es que, por momentos, es difícil ver los 175 millones de dólares del presupuesto en la pantalla.

    Las actuaciones son horribles… y a eso hay que sumarle la desagradable voz de Kevin Costner. A veces pareciera que el agente de Dennis Hopper lo odiaba, porque siempre lo estaba poniendo en películas malas. Amamos a Hopper en Easy Rider (dirigida por él mismo en 1969) y se lució durante la mayor parte de Terciopelo azul (Lynch, 1986); pero luego se convirtió en ese buen actor que se la pasa haciendo malas películas… o en ese actor reconocido que sale en películas de género como tratando de legitimarlas: La masacre de Texas 2 (Hooper, 1986), Super Mario Bros. (Jankel y Morton, 1993), Máxima velocidad (De Bont, 1994), Tierra de muertos (Romero, 2005). En muchas de ellas, Mundo acuático entre ellas, parece que ni siquiera se está esforzando.

    Al final, entre el guión malo y la dizque actuación de Hopper, Deacon, el que debería ser un villano aterrador, un pirata posmoderno transportándose en una imparable fortaleza de chatarra, terminó convirtiéndose en una especie de versión live-action de Pierre Nodoyuna.

    El villano caricaturesco es sólo una de tantas fallas del guión. Digo, ninguno de los personajes es realmente tal, todos están medio dibujados nomás; pero sus progresiones parecen salir de la nada. Del mismo modo, me parece harto curioso que, para llevar tanto tiempo viviendo en un mundo cubierto de agua, todos los personajes parecen increíblemente poco acostumbrados a ello. También está el hecho de que nunca queda realmente claro por qué los malos buscan Tierra Firme o de que tampoco hay una razón real para que quieran quedarse con Enola (Tina Majorino)… o sea, sí, tiene tatuado el mapa a Tierra Firme; pero no la necesitan viva, o podrían pedirla prestada y copiar el mapa, ¿no? Por no mencionar que la acción también parece avanzar sólo porque el guión lo dice y no porque realmente se desarrolle un conflicto. Y los diálogos son tan malos que da risa.

    Anécdota curiosa, Joss Whedon participó en esta cinta, aunque sin recibir crédito, como un “Script Doctor”; alguien que se encarga de componer un guión que se considera malo o que, de plano, no se puede filmar.

    Empero, lo que de verdad estuvo molestándome durante las dos horas y quince minutos que dura la película fue: ¿Qué puta hora es? Me queda claro que la filmación de esta madre debe haber sido por demás complicada; pero al filmar casi todo en exteriores, a la producción le fue imposible mantener la continuidad de la luz del sol, por lo que incluso tomas de reacción se notan en una hora completamente distinta que aquellas tomas a las que están reaccionando.

    Así pues, la película costó cerca de 175 millones, sólo recaudó 21 millones en su fin de semana de estreno. Y no, no se convirtió en una película de culto… digo, sí he conocido a un par de fans muy clavados con ella; pero, literalmente, han sido un par. Es entretenida por momentos; pero es un desastre durante la mayor parte y quizá lo que acaba de hundirla es el hecho de que, antes y después de ella, ha habido un montón de películas más logradas que se tratan más o menos de lo mismo… Al menos en Mad Max III estaba Tina Turner. A veces siento feo de que stunts tan buenos se desperdicien en películas tan pinches.

PARA LA TRIVIA: La compañía Kenner Toys, quien parecía comprar licencias de películas a destajo, produjo una serie de figuras de acción basadas en Mundo acuático; que reutilizaba algunos accesorios retooleados de figuras de Jurassic Park. La serie incluía 6 figuras básicas (3 de ellas eran versiones diferentes de Mariner), 2 figuras de lujo con vehículos (una de las cuales era otra versión de Mariner) y el impresionante vehículo/playset del trimarán… que no flotaba en el agua. Así es, a nadie en Kenner le pareció buena idea que los juguetes de MUNDO ACUÁTICO flotaran en el agua. Incluso el empaque advertía que no debían usarse en el agua.

    El fracaso de la película limitó la distribución de estos juguetes y obligó a Kenner a cancelar los planes para una segunda serie de figuras de acción, que incluiría la figura de Helen (Jeanne Tripplehorn).

Sumario 2021

Blog 2012-2017