MUNDO ACUÁTICO. Básicamente, «Mad Max III», pero con un océano en vez de un desierto…

MUNDO ACUÁTICO

Waterworld

Kevin Reynolds, 1995

Ya habíamos mencionado muchas veces que 1995 parece haber sido un año terrible para el cine por el hecho de que se estrenaron algunas películas horribles. Empero, quizá ninguna de ellas logre compararse con Mundo acuático, que fuera en su momento la película más costosa de la historia y se convertiría en uno de los más grandes fracasos taquilleros de todos los tiempos. Ninguneada por el público y despedazada por la crítica, quizá no acabó con la carrera de Kevin Costner, pero es innegable que ésta nunca pudo recuperarse del todo.

    En el futuro, los casquetes polares de la Tierra se han derretido, convirtiendo al planeta en un océano interminable. En este escenario postapocalíptico, un marinero mutante sin nombre –en los créditos se llama Mariner y es interpretado por Kevin Costner– se ve obligado a ayudar a una mujer y una niña a encontrar una mítica porción de tierra firme.

    Por supuesto, lo primero que salta a la vista al leer esta sinopsis es la sospechosa similitud del argumento de esta película con el de Mad Max III: Más allá de la Cúpula del Trueno (Miller y Ogilvie, 1985), sólo que cambiando el desierto por un océano. Y sí, Mundo acuático es básicamente eso.

   A pesar de ello, no puedo negar que en esta cinta hay algunas ideas interesantes. Por desgracia, se ven diluidas por el resto de los elementos de lo que, a la postre, es básicamente una cinta de piratas con delirios de grandeza y éstos trabajan mayormente en su contra.

  Las tomas de stablishment, por ejemplo, están muy bien trabajadas y verdaderamente ayudan a introducirnos en el universo planteado por la película, filmado en locación en Hawaii… lo que realmente importa poco porque en la pantalla nosotros sólo vemos mar.

    Del mismo modo, todo el diseño de arte de la película está lleno de propuestas y conceptos interesantes que desgraciadamente, a menos que uno vea la cinta en HD o superior, se pierden casi por completo porque alguien decidió que todo debía estar cubierto de óxido. Y ésa es otra duda que me surge cuando veo esta película. Digo, entiendo que es un mundo postapocalíptico y que no hay recursos y bla, bla; pero, si estas personas viven en sus barcos y los usan como principal medio de sustento… ¿Por qué dejan que se oxiden? No es como que fuera cualquier moco de pavo conseguir otros.

    En este mismo apartado merece una mención el diseño de vestuario. La ropa que usan los personajes es súper interesante y no sólo ayuda a caracterizar a cada uno de ellos, sino que da contexto sobre su pasado y el mundo en que habitan. Por desgracia, parece que el legendario John Bloomfield (Conan, el bárbaro, Robin Hood: príncipe de los ladrones), diseñador de vestuario y Dean Semler (Danza con lobos, Apocalypto), el director de fotografía, nunca se pusieron de acuerdo sobre cómo se iba a filmar la película, pues su riqueza de colores, texturas y detalles se pierde en las tomas de gran angular que componen la mayor parte de la fotografía de la cinta.

    Otro elemento que es verdaderamente impresionante son los stunts. Si una sola cosa se puede rescatar de esta película, que sean las escenas de acción. En aquellos tiempos en los que los efectos especiales por computadora aún eran una cosa experimental –como bien lo demuestra el monstruo marino que aparece en esta cinta–, los stunts de esta peli se lograron a la antigüita, usando rampas, compresoras de aire, cables, arneses y dobles de acción súper entrenados; por no mencionar la dificultad de filmar en una isla hawaiana.

    Lo que me lleva a la verdadera estrella de esta película: el trimarán. Tratándose del vehículo principal de la cinta, el trimarán fue diseñado por el artista conceptual Steve Burg (Terminator 2: el Juicio Final, Alien: Covenant) y construido por la compañía francesa Janneau, especialista en construir catamaranes y trimaranes para competencia. Debido a las acciones que la nave debía realizar en cámara, dos botes, con un costo de un millón de dólares cada uno, fueron construidos y empacados en el interior de un 747 para ser enviados a la locación lo más pronto posible.

    Por las exigencias del guión, el trimarán fue construido para que pareciera que el Marinero podía pilotearlo solo; sin embargo, la manivela con pedales que utiliza en la cinta para tal fin era sólo utilería sin ninguna función real. Quien realmente navegaba era un grupo de marineros expertos que realizaban dicha tarea a través de monitores de televisión ocultos debajo de la cubierta de la nave.

    Asimismo, el atolón artificial en el que atraca el marinero fue construido exprofeso para esta cinta. El buque tanque que es la fortaleza de Deacon (Denis Hopper) fue también reacondicionado de un buque tanque real. No es de extrañar que esta película haya sido la más cotosa de la historia en su momento.

    ¡Ah, si tan sólo el dinero invertido en una película asegurara su calidad! Por desgracia, Mundo acuático es la prueba fehaciente de lo contrario. Se trata de una de esas películas en las que parece que nada funciona.

     De nada sirven los vestuarios bellamente confeccionados si su maquillaje prostético se ve como de película de Serie B. De nada sirven los stunts meticulosamente coreografiados si errores como los tropezones de los actores o el vestuario que se les atora en los sets se dejan en el corte final de la peli. De nada sirve su fotografía majestuosa si prácticamente todos los inserts se notan fuera de lugar, como si quien editó la película no supiera lo que estaba haciendo. La verdad es que, por momentos, es difícil ver los 175 millones de dólares del presupuesto en la pantalla.

    Las actuaciones son horribles… y a eso hay que sumarle la desagradable voz de Kevin Costner. A veces pareciera que el agente de Dennis Hopper lo odiaba, porque siempre lo estaba poniendo en películas malas. Amamos a Hopper en Easy Rider (dirigida por él mismo en 1969) y se lució durante la mayor parte de Terciopelo azul (Lynch, 1986); pero luego se convirtió en ese buen actor que se la pasa haciendo malas películas… o en ese actor reconocido que sale en películas de género como tratando de legitimarlas: La masacre de Texas 2 (Hooper, 1986), Super Mario Bros. (Jankel y Morton, 1993), Máxima velocidad (De Bont, 1994), Tierra de muertos (Romero, 2005). En muchas de ellas, Mundo acuático entre ellas, parece que ni siquiera se está esforzando.

    Al final, entre el guión malo y la dizque actuación de Hopper, Deacon, el que debería ser un villano aterrador, un pirata posmoderno transportándose en una imparable fortaleza de chatarra, terminó convirtiéndose en una especie de versión live-action de Pierre Nodoyuna.

    El villano caricaturesco es sólo una de tantas fallas del guión. Digo, ninguno de los personajes es realmente tal, todos están medio dibujados nomás; pero sus progresiones parecen salir de la nada. Del mismo modo, me parece harto curioso que, para llevar tanto tiempo viviendo en un mundo cubierto de agua, todos los personajes parecen increíblemente poco acostumbrados a ello. También está el hecho de que nunca queda realmente claro por qué los malos buscan Tierra Firme o de que tampoco hay una razón real para que quieran quedarse con Enola (Tina Majorino)… o sea, sí, tiene tatuado el mapa a Tierra Firme; pero no la necesitan viva, o podrían pedirla prestada y copiar el mapa, ¿no? Por no mencionar que la acción también parece avanzar sólo porque el guión lo dice y no porque realmente se desarrolle un conflicto. Y los diálogos son tan malos que da risa.

    Anécdota curiosa, Joss Whedon participó en esta cinta, aunque sin recibir crédito, como un “Script Doctor”; alguien que se encarga de componer un guión que se considera malo o que, de plano, no se puede filmar.

    Empero, lo que de verdad estuvo molestándome durante las dos horas y quince minutos que dura la película fue: ¿Qué puta hora es? Me queda claro que la filmación de esta madre debe haber sido por demás complicada; pero al filmar casi todo en exteriores, a la producción le fue imposible mantener la continuidad de la luz del sol, por lo que incluso tomas de reacción se notan en una hora completamente distinta que aquellas tomas a las que están reaccionando.

    Así pues, la película costó cerca de 175 millones, sólo recaudó 21 millones en su fin de semana de estreno. Y no, no se convirtió en una película de culto… digo, sí he conocido a un par de fans muy clavados con ella; pero, literalmente, han sido un par. Es entretenida por momentos; pero es un desastre durante la mayor parte y quizá lo que acaba de hundirla es el hecho de que, antes y después de ella, ha habido un montón de películas más logradas que se tratan más o menos de lo mismo… Al menos en Mad Max III estaba Tina Turner. A veces siento feo de que stunts tan buenos se desperdicien en películas tan pinches.

PARA LA TRIVIA: La compañía Kenner Toys, quien parecía comprar licencias de películas a destajo, produjo una serie de figuras de acción basadas en Mundo acuático; que reutilizaba algunos accesorios retooleados de figuras de Jurassic Park. La serie incluía 6 figuras básicas (3 de ellas eran versiones diferentes de Mariner), 2 figuras de lujo con vehículos (una de las cuales era otra versión de Mariner) y el impresionante vehículo/playset del trimarán… que no flotaba en el agua. Así es, a nadie en Kenner le pareció buena idea que los juguetes de MUNDO ACUÁTICO flotaran en el agua. Incluso el empaque advertía que no debían usarse en el agua.

    El fracaso de la película limitó la distribución de estos juguetes y obligó a Kenner a cancelar los planes para una segunda serie de figuras de acción, que incluiría la figura de Helen (Jeanne Tripplehorn).

Sumario 2021

Blog 2012-2017

ESPECIES. Bueno… nadie la veía porque fuera buena película, ¿o sí?

ESPECIES

Species

Roger Donaldson, 1995

Algunos críticos consideraron Congo (Marshall) la peor película del año 1995. Es una decisión difícil, pues 1995 fue un año de mierda para el cine de grandes presupuestos. La película de la que hablaré a continuación es un serio contendiente para ese reconocimiento. De hecho, quizá sea una de las peores películas que haya visto en mi vida, pero aun así le tengo un cierto cariño y la disfruto de principio a fin.

    En 1993 el equipo del programa S.E.T.I (Search for Extra-Terrestrial Intelligence o “Búsqueda de Inteligencia Extra-Terrestre en español) recibió una respuesta a su mensaje enviado veinte años atrás en el que detallaban nuestro código genético y ubicación en el Sistema Solar. La respuesta incluía una fórmula para producir energía limpia inagotable e instrucciones para mezclar una secuencia de ADN extraterrestre con la nuestra. Y claro, como no tenían nada mejor qué hacer, un grupo de científicos sigue la receta y crea una hembra de híbrido humano-extraterrestre con habilidades sobrehumanas que, como era de esperarse, se escapa de un laboratorio secreto cuando pretenden exterminarla.

    Una vez en libertad, el híbrido llamado Sil (la hermosa modelo canadiense Natasha Henstridge, cuya belleza que raya en lo alienígena debutó en la pantalla grande con esta película), que resulta ser un depredador diseñado para exterminar a la raza humana, llega a la ciudad de Los Angeles en estado de madurez sexual buscando un macho humano viable para reproducirse… Y al que no cumple con sus estándares, lo asesina brutalmente. Xavier Fitch (Sir Ben Kingsley, quien tiene un tino increíble para escoger malas películas en las cuales actuar), director del proyecto, reúne a un grupo de expertos para cazar a Sil y detenerla antes de que logre aparearse.

    Como bien puede advertirse, el argumento no es ni particularmente original ni particularmente inteligente; y el guión está apenas pasable, plagado de clichés, parlamentos malos y situaciones tan absurdas que llegan a lo jocoso. En general toda la peli tiene un aire de inverosimilitud que la hace simplemente deliciosa… si uno es de los que disfrutan con la desgracia ajena; si no, se vuelve insoportable bastante rápido.

    ¿Pero cómo pasó esto? Quiero decir… quizá el guión no es un Shakespeare, pero se sostiene. Y hablando de Shakespeare ¿ya vieron quiénes están en el reparto? Michael Madsen, que no es tan buen actor, pero los papeles de matón le salían bien; y está también un Forest Whitaker completamente desperdiciado en un papel que creo que pretende despertar nuestra simpatía, pero que termina pareciendo un gran lelo. Del lado de los británicos están el ya mencionado Ben Kingsley que… de verdad, ¿cómo escoge sus proyectos? ¿Hay una agencia de representantes artísticos especializados en proyectos piteros? ¿Quién se la recomendó, Michael Cane? Y Alfred Molina que sí, aún estaba a más de un lustro de volverse verdaderamente famoso, pero llevaba toda la vida trabajando en teatro. ¿Cómo puedes hacer una mala película con ese reparto?

    Y si el reparto fallaba, no se preocupen, que tenemos al que probablemente sea el artista plástico más influyente en el cine de la segunda mitad del siglo XX, el suizo H. R. Giger. Así es, el artista que diseñó al xenomorfo de Alien: el octavo pasajero (Scott, 1979) y que recibió un Oscar por eso diseñó también a Sil, al macho de su especie y al tren espectral que la atormenta en sus pesadillas.

    Empero, el diseño falla. Y no es tanto culpa de Giger, quien se sabe que quedó muy poco complacido con el resultado de esta película, sino de quien se lo encargó. El tren está padre, pero es una lástima que se muestre tan poco de él en pantalla. Y Sil… pues termina siendo Giger queriendo copiarse a sí mismo, digo… todos sabemos que eso es simplemente un alien pero con cuernitos, ojos de gato y enormes tetas, ¿cierto?

     Bueno, pero seguramente los efectos especiales salvan la película, ¿no? ¿No? ¡No! ¡Son espantosos! Los capullos alienígenas se nota a leguas que son viles bolsas de plástico embarradas con látex. El CGI es inmundo —digo, en esta época apenas empezaba, pero ya había salido Parque Jurásico (Spielberg, 1993)—; incluso en algunas tomas los modelos por computadora tienen dientes de sierra y saltos entre cuadros. Las escenas de Sil de cuerpo completo están mejor logradas, quizá porque todas son oscuras, y aun así no pueden tapar el efecto Guy-In-A-Rubber-Suit. Para acabar pronto, el efecto mejor logrado en la película son los medios planos de Sil porque los hicieron con una marioneta, pero estaba chida… lástima que las tres versiones de Sil –marioneta, botarga y CGI– no se parecían en nada.

    Se me quedó muy grabado de aquella época, cuando se estrenó esta cinta en México, el comentario de un crítico de cine que salió en la televisión —no recuerdo quién era ni en qué canal— que atinadamente dijo: “En la función a la que yo fui, en las escenas en las que la gente se supone que debía espantarse, se reía”. Tan cierto hoy, como cuando fue transmitido.

    Pero no nos hagamos. Nadie ve esta película por su guión tan elevado, por la calidad de las actuaciones de su reparto shakespeariano o por sus deslumbrantes efectos especiales. No, señores, esta película se vende, aún hoy día, por las sendas escenas topless de la Henstridge. Sólo así se entiende que uno aguante la hora y cuarenta minutos que dura esta madre que recuerdo con tanto cariño de mi pubertad.

    Y con todo, la peli de algún modo entretiene y al público le ha interesado lo suficiente como para generar tres secuelas: Especies II (Medak, 1998), que se estrenó en cines con moderado éxito y generó un par de figuras de acción producidas por McFarlane Toys; Especies III (Turner, 2004), que fue lanzada directamente al mercado de video y que brilla por su ausencia de desnudos gratuitos; y Especies IV: El despertar (Lyon, 2007) que fue filmada en la Ciudad de México haciéndola pasar por ciudad fronteriza y que sí trae montones de escenas de desnudos incluyendo algunos de la actriz de telenovelas Marelene Favela. ¿Quién dijo que el cine de explotación había muerto?

PARA LA TRIVIA: MGM había decidido no filmar la escena del tren para ahorrar presupuesto. Sin embargo, H.R. Giger ya había invertido mucho tiempo en la construcción de éste, por lo que financió la filmación de dicha secuencia con su propio dinero.

Sumario 2020

Blog 2012-2017

EL JUEZ. Mucha gente la confunde con «El demoledor»… sólo que ésta sí es mala.

EL JUEZ

Judge Dredd

Danny Cannon, 1995

En 1977 la editorial británica IPC Magazines comenzó la publicación de una revista antológica de comics de publicación semanal titulada 2000 A.D. Un poco en la vena de la americana Heavy Metal, la revista se enfocaba en la ciencia ficción y la fantasía, estaba dirigida a un público adulto y presentaba historias maduras con altas dosis de violencia gráfica.

    Entre los personajes más populares en aparecer en las páginas de 2000 A.D. se encontraba Judge Dredd, un policía que vivía en un futuro en el que el crimen había sobrepasado la capacidad del sistema judicial, por lo que los oficiales de policía tenían la facultad de arrestar, juzgar y ejecutar a los delincuentes en el acto. Ya a mediados de los 80 hubo un intento para filmar una película basada en el juez Dredd; pero el proyecto nunca se concretó y terminó convirtiéndose en RoboCop, el defensor del futuro (Verhoeven, 1987).

    La película llegó finalmente en 1995 y en ella se cuenta la historia del juez Joseph Dredd (Sylvester Stallone), el más temido y respetado de los jueces de Metro City… hasta que es injustamente inculpado por un asesinato. Gracias al sacrificio de su mentor, el juez Fargo (Max von Sydow, el pobre) en vez de ser ejecutado, Dredd es exiliado a los páramos radiactivos que rodean la ciudad. Ahora, el juez caído en desgracia deberá regresar a Metro City y descubrir quién está detrás de la conspiración.

    Creo que debo comenzar este artículo diciendo que el guión de esta película corrió por cuenta del genial Steven E. De Souza… que bueno, si, el pobre dirigió Street Fighter: la batalla final (1994)… pero escribió Comando (Lester, 1985), Duro de matar (McTiernan, 1988) y El sobreviviente (Glaser, 1985)… y Street Fighter. Bueno, pero el punto es que el guión de esta película no es particularmente malo –sobre todo, la versión original–; digo, para ser película de acción. La historia no es nada sobresaliente y está llena de lugares comunes, pero no es mala y, de hecho, tiene todos los elementos para contarse bien. Lo que falla es la realización.

    Por principio de cuentas, el guión original de De Souza era muy diferente y estaba mucho más de acuerdo con la visión que tenía Danny Cannon de la película que quería hacer. El director se refería a su propuesta original como la Ben-Hur de las películas de acción. Más allá de la ambición de Cannon, su visión de la peli era mucho más oscura y satírica… Pero Sly vino a cambiarlo todo.

    Cuando leyó el guión, Stallone, quien jamás había oído hablar de Judge Dredd antes de que le ofrecieran el papel, creyó que se trataba de una comedia de acción, por lo que ordeno gran cantidad de cambios para ajustar la película a ese tono. Del mismo modo, el actor se empeñó en que el personaje de Fergie, que en el comic es el líder de los exiliados y los mutantes, fuera convertido en un patiño cómico, cuyo papel le ofreció personalmente a Joe Pesci, quien lo rechazó, para ofrecérselo luego a Rob Schneider.

    Otra de las cosas que llama mucho la atención de esta cinta es que, durante casi toda la peli, Dredd se la pasa sin casco… cuando una de las principales características del personaje en el comic es que jamás se quita el casco y, en las contadas ocasiones en que lo hace, no podemos ver su rostro, el cual se presume que está desfigurado. Sin embargo, los productores de la película creyeron que sería un desperdicio pagar el sueldo de Sylvester Stallone si el público no podía verle la cara, por lo que ordenaron que pasara la mayor parte del tiempo en pantalla sin casco… aunque eso le diera en la madre al personaje, ¿a quién le importa?

    Finalmente, Cannon quedó muy decepcionado de la película que, asegura, es completamente diferente a la visión original que él tenía y juró jamás volver a trabajar con un actor tan egocéntrico como Stallone. Al director ni siquiera la permitieron estar presente en el set para los re-shoots.

    En 2012, previo al estreno de Dredd: el juez del apocalipsis (Travis), la revista Empire entrevistó a John Wagner, creador del personaje de Judge Dredd, quien declaró que en la versión de 1995 la historia no tenía nada que ver con Dredd y que Dredd ni siquiera era realmente Dredd a pesar de que Stallone era el actor ideal para interpretarlo. Eso sí, alabó los altos valores de producción.

    Y ése es precisamente el único elemento de la película que la salva del olvido… aunque la mayoría de la gente la confunda con El demoledor (Brambilla, 1993). La producción es impresionante. Los sets –que beben fuertemente de fuentes como Blade Runner (Scott, 1982)– lucen geniales y se ve el cuidado que pusieron en construirlos y fotografiarlos bien. El maquillaje prostético con el que crearon a los mutantes también se ve muy bien, y el que se ve increíble es el guerrero ABC, que originalmente estaba pensado para ser interpretado por un actor en una botarga, pero que Cannon insistió en que fuera un animatrónico… así es, el robot en su película es un robot de verdad. Y, por alguna extraña razón que escapa a mi entendimiento, los vestuarios fueron diseñados por Gianni Versace, quien básicamente se limitó a hacer versiones glam de los uniformes mostrados en el comic.

    Por desgracia, creo que todos estos elementos no son suficientes para rescatar una película que tenía todo el potencial para ser un nuevo clásico del género y terminó convirtiéndose en un desastre genérico y poco inspirado, y un ejemplo de libro de texto de una adaptación que no tiene ni idea de qué se trata el material original.

    Por si eso fuera poco, las actuaciones fluctúan en el rango que va de lo pésimo a lo hilarante e incluso el pobre Max von Sydow parece estar pasando un mal rato.

    Originalmente, se había planeado que el villano de la película fuera Judge Death, el archienemigo de Dredd en los comics y líder de los jueces renegados conocidos como Dark Judges; sin embargo, la producción pensó que sería difícil y costoso recrear al personaje –que es básicamente un esqueleto viviente– de forma convincente en la pantalla, por lo que optaron por usar como villano principal a Rico Dredd, pues podía ser interpretado sin necesidad de una caracterización externa complicada y tenía más que ver con el pasado de Dredd. Lástima que sea tan mal villano en la película.

    Armand Assante, el actor encargado de dar vida a Rico, a pesar de ser un buen actor y haber participado en producciones galardonadas por todos lados, en ningún momento de esta película convence. La verdad es que su interpretación está de risa loca y parece más cercana a Stewie Griffin… o a la de una villana de telenovela mexicana… ¿y qué rayos pasa con su voz? ¿Necesita visitar a un foniatra? Cecea, raspa la voz… siento que me estoy lastimando la garganta sólo de escucharlo hablar.

    Y ¿se han puesto a pensar que, en realidad, Dredd es uno de los héroes más chafas de la pantalla? Quiero decir que, cuando las cosas se ponen realmente difíciles y la vida de Dredd está en riesgo, nunca es capaz de salir del embrollo por sus propios medios; siempre son sus amigos los que tienen que salvarlo: Hershey (Diane Lane), Fargo, Fergie, Hershey otra vez…

    Ahora que he vuelto a ver la película, me llamó mucho la atención la escena de la carrera de motos voladoras: ¡es tan aburrida! La secuencia que debería ser emocionante, alocada y llena de acción es tan insípida… además de que la adornan algunos de los peores efectos digitales que he visto. Y no, no digan por favor que eran buenos para la época, porque el CGI de esa época podía hacer cosas mejores.

    En conclusión, El juez es entretenida por momentos; pero la verdad es que, en conjunto no funciona. No funciona como película de acción y ciencia ficción, pues hay muchos mejores especímenes en esa categoría. No funciona como vehículo de Sylvester Stallone, quien también tiene muchos mejores trabajos, incluso dentro del mismo subgénero. Y, finalmente, no funciona ni de chiste como adaptación del material original. Así que, si quieren ver una película chida de acción y ciencia ficción con Sly, mejor vean El demoledor; y si quieren ver una buena adaptación al cine de los comics de Judge Dredd, mejor vean Dredd: el juez del apocalipsis.

PARA LA TRIVIA: Ésta fue la primera película en ser estrenada simultáneamente con su videojuego. A diferencia de la cinta, el juego para SuperNintento publicado por Acclaim Entertainment, sí es un muy buen juego y, aunque más o menos sigue la historia de la película, está más basado en los comics.