HERBERT WEST: RE-ANIMADOR. La película que resucitó a H.P. Lovecraft.

Herbert West: Re-Animador

Que oficialmente en México se tituló Re-Animación diabólica, que coloquialmente es conocida como The Re-Animator; pero que originalmente se llama H.P. Lovecraft’s Re-Animator.

Stuart Gordon, 1985.

Esta película es una adaptación muy libre (y recalco el “muy”) de una novela por entregas escrita por el Amo del Horror Cósmico, nuestro querido Howard Phillips Lovecraft, titulada precisamente Herbert West: Re-animador y que fue publicada entre Octubre de 1921 y Junio de 1922.

    La película narra la historia de un joven y ambicioso médico, Herbert West (Jeffrey Combs, quien se volvería el actor fetiche de Gordon) quien tiene que huir de Suiza tras la violenta e inexplicable muerte de su colega. West llega al Hospital Universitario de Arkham, Massachussetts, en el que encontrará no sólo la rivalidad de su profesor, el Dr. Carl Hill (David Gale), sino una morgue dispuesta a proveerlo de especímenes para sus experimentos con el Re-Agent: un suero de su invención que es capaz de reanimar tejido muerto[1]. Para mantener la más absoluta discreción, West se muda a la casa de su compañero de clase, el Dr. Dave Cain (Bruce Abott) y acondiciona su sótano como laboratorio. Poco tiempo pasa antes de que Meg (la bella actriz incondicional de Gordon, Barbara Crampton), la novia de Dave e hija del director de la Facultad de Medicina, se vea involucrada y acechada por el lascivo y ambicioso Dr. Hill, quien lo único que desea más que el Re-Agent es a Meg, y hará lo que sea por conseguirla… aún si muere en el intento… varias veces.

    Me pregunto si existirá una película que sea más representativa de la era dorada de los videoclubes que ésta. Digo, le fue bastante bien en taquilla, pero donde realmente se escribió la leyenda de Re-Animator fue en los anaqueles de los locales donde se rentaban videos. Antes de que las cadenas grandes acapararan el mercado, esta película ayudó a levantar muchos negocios familiares.

    Y es fácil ver por qué. Quizá en nuestros tiempos se vea un tanto naïve, pero en su momento fue todo un escándalo. Un festín de sangre y tripas, de cadáveres espasmódicos psicóticos, de una atractiva rubia desnuda y, por supuesto, la escena insignia de la película. Muchas grandes películas tienen una escena que uno recordará por el resto de su vida y Re-Animator no es la excepción. Alien: El octavo pasajero (Scott, 1979) tiene la escena del chestburster, Parque Jurásico (Spielberg, 1993) tiene la escena del vasito de agua vibrando al ritmo de las pisadas del tiranosaurio y Re-Animator tiene “la infame escena en la que la cabeza de un doctor no-muerto intenta realizar un acto sexual contranatural con la heroína atada y desnuda.”[2]

    Sobre esta escena, la actriz Bárbara Crampton asegura: “Creí que era una escena divertida en papel, y también determinaba qué tan siniestro el Dr. Hill se volvió después de ser reanimado. Estaba definitivamente nerviosa de hacerla, pero es la escena que todos recuerdan así que ahora tengo una especie de afecto perverso por ella.”[3]

    Por supuesto, como era de esperarse, semejante película tuvo serios problemas con la censura, que le otorgó inmediatamente una clasificación X (para mayores de 21 años, lo que básicamente la orillaba a ser proyectada sólo en cines porno). Una edición seriamente cortada fue clasificada R (para mayores de 18 años) y fue exhibida en cines, con una bastante buena aceptación del público. Poco tiempo pasó para que la versión sin censura se colara en los videoclubes y cadenas Premium de TV por cable especializadas en contenido exclusivo (entiéndase Showtime y Cinemax, HBO era más fresa en aquel entonces).

    Pero, ¿qué es lo que nos parece tan atractivo de Re-Animator? Quizá sea el hecho de que, en el fondo, sigue siendo una historia de Conocimiento Prohibido. Herbert West es un nuevo Fausto, un nuevo Frankenstein, un Prometeo de la era del VHS que se atreve a penetrar el secreto definitivo: Burlar a la muerte.

    Desde luego, la película tiene referencias al clásico Frankenstein de la Universal (Whale, 1931); pero en palabras de sus autores, en realidad bebe más de la fuente de las películas de Hammer e International. Empero, la principal influencia de Gordon para esta cinta fue el ciclo de adaptaciones cinematográficas de Edgar Allan Poe dirigidas por Roger Corman y estelarizadas por Vincent Price. La idea de los creadores fue que si Corman hizo un ciclo de cintas basadas —algunas de ellas solo en título, he de decir— en cuentos de Edgar Allan Poe, ellos harían uno de películas basadas en relatos de H.P Lovecraft.

    El productor, Brian Yuzna se refiere a su obra como “la película de horror que siempre quisiste ver” y algunos críticos la llamaron “la película de autocinemas de la década”. Digo, ¿cómo negar que Re-Animator tiene una influencia abrumadora de películas como La noche de los muertos vivientes (Romero, 1968) y El cerebro que no podía morir (Green, 1962)?

    Personalmente, puedo decir que lo que más me fascina de esta película y que no he vuelto a ver en ninguna otra —ni siquiera en sus secuelas— es la mezcla tan perfecta que logra de la comedia de pastelazo con el cine de horror más sangriento. Y éste es un elemento que hereda, principalmente, de El despertar del Diablo (Raimi, 1981)… Pero no sé, como que el tono de Re-Animator es más de guasa, más socarrón. Y aunque otras películas logran esta mezcla con éxito, creo que el resultado que obtiene Re-Animator es muy único, sin duda, muy personal del humor negro pero cálido del genial Stuart Gordon.

    Y mención aparte merece el soundtrack de la película que quizá sea uno de los más controvertidos de la historia. El tema principal de la cinta es una variación, muy en el estilo de la música de los 80, del inmortal tema compuesto por Bernard Hermann para Psicosis (Hitchcock, 1960), lo que le ganó no pocos detractores y acusaciones de plagio; aunque el compositor de Re-Animator, Richard Band —hermano de Charles Band, dueño de Empire Entertainment, luego rebautizada Full Moon Pictures, la compañía que distribuyó la cinta y que literalmente construyó un imperio en la era del video— afirma que su intención siempre fue la de parodiar y homenajear la música de Hermann.

    Gordon mencionó alguna vez que estaba seguro de que Re-Animator eventualmente sería vista como una pieza de época[4] —refiriéndose a cómo envejecería su obra comparada con otras películas de horror—. Y la verdad es que le ha ido muy bien. Aún se mantiene fresca, salvaje y la escena de la cabeza aún sorprende al público. Se ha convertido en un icono de la cultura popular, quizá un poco más arcano que otros, eso sí,  y ha generado referencias en prácticamente todos los medios —particularmente recuerdo con cariño el reboot del videojuego Splatterhouse (2010), para Xbox360—, así como una serie de cómics alusivos, dos secuelas y, la cereza del pastel: una obra de teatro musical estrenada en 2011 en Los Angeles… Digo, finalmente Stuart Gordon es por formación director de teatro y llevaba casi veinte años trabajando en los escenarios para cuando dirigió Re-Animator.

PARA LA TRIVIA: En varias escenas que transcurren en la habitación de Cain se puede ver un poster de la banda Talking Heads en la pared, lo que es una obvia referencia a la condición del Dr. Hill.


[1] El suero es de una consistencia espesa y un color verde intenso con luminiscencia propia, y quizá sea uno de los elementos más característicos de la película. Apenas al escribir este artículo pude saber cómo hicieron para que brillara en tiempo real frente a cámara (no es un efecto especial agregado en post-producción). Al igual que la sangre del cazador alienígena en Depredador (McTiernan, 1987), extrajeron el líquido de las barras luminosas que fueron inventadas para los buzos pero se volvieron populares entre los asistentes a conciertos.

[2] WIATER, Stanley, Dark Visions: Conversations with the Masters of Horror Film, Avon Books, New York, 1992. P.78. La traducción de este texto y de todas las citas siguientes es mía.

[3] CRAMPTON, Barbara, “Stuart Gordon: Gentleman of Splatter”, publicada en Fangoria Núm. 317, Octubre de 2012. P. 38. Traducción mía.

[4] Cfr. GORDON, Stuart citado en Wiater, Op.Cit. P.87.

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