LA HISTORIA SIN FIN II. ¿Y Michael Ende odió la primera?

LA HISTORIA SIN FIN II: EL SIGUIENTE CAPÍTULO

The Neverending Story II: The Next Chapter

George Miller, 1990

A pesar de Michael Ende aborreció la primera adaptación cinematográfica de su popular novela La historia interminable, ésta no es una mala película en absoluto; se convirtió en un éxito de taquilla y en una de las películas más influyentes de la década de 1980. Dado el éxito de la cinta y puesto que ésta sólo abarcó la tercera parte del libro, una secuela era casi obligada y estaba lista para comenzar su producción en cuanto se estrenó la primera. Sólo que, gracias a la demanda de Ende en contra de Warner Bros., dicha secuela tardó seis años en estrenarse y fue un estrepitoso fracaso de taquilla.

    La segunda parte sucede un tiempo indeterminado después de la primera –aquí Bastian (Jonathan Brandis) ya se ve preadolescente–. Bastian está atravesando por un momento de crisis y, dada la incompetencia de su padre, quien en esta cinta se volvió milagrosamente más joven y guapo que en la original, recurre a su único recurso: el libro de La historia sin fin. Esta vez, Bastian entra directamente al libro para reencontrarse con Atreyu (Kenny Morrison), Falkor y la Niña Emperatriz (Alexandra Johnes)… interpretados todos por otros actores porque los niños de la primera parte ya estaban demasiado grandecitos… al menos la librería es la misma locación y Thomas Hill repite como Karl Koreander.

    Antes que nada, quisiera reconocer algunos de los aciertos que tiene esta cinta. Por principio de cuentas, me parece interesante que una secuela algo tardía haya tratado de continuar con la siguiente parte del libro; cosa que otras adaptaciones cinematográficas de novelas largas muchas veces no se molestan en hacer. Por otro lado, me gusta que, siguiendo los precedentes de películas como El Imperio contraataca (Kershner, 1980) o Indiana Jones y el Templo de la Perdición (Spielberg, 1984), esta cinta trata de tomar un acercamiento más oscuro y denso a la historia. Finalmente, creo que es interesante que hayan intentado darle una progresión al personaje de Bastian y que intentaran crear un arco completo con la primera parte.

    Por desgracia, la cinta se queda en eso: intentos e ideas interesantes en las cuales, torpemente, fracasa.

    Desde que aparecen los títulos iniciales comienzo a cuestionarme la lógica de esta película… ¿Por qué los títulos están en el espacio –en un espacio como de protector de pantalla de Windows, además–? Aunque supongo que eso justifica que los sets de la Ciudadela de Plata parezcan reciclados de Krull (Yates, 1983).

    El intento por hacer a Bastian más maduro se agradece; pero la verdad es que sólo termina siendo odioso la mayor parte del tiempo. Luego está el asunto de un par de chistes estilo “pez fuera del agua” que hace a costillas de Atreyu –cuyo protagonismo fue muy reducido… al igual que su inteligencia, según parece– y creo que eso no está padre.

    En esta película, Bastian y Atreyu capturan a la malvada hechicera Xayide (Clarissa Burt) –quien parece aficionada a coleccionar adornos de oficina de los 90– por órdenes de la Emperatriz Infantil, pues parece estar relacionada con la nueva amenaza que se cierne sobre Fantasia: el Vacío… así es, apenas es la segunda película y ya están reciclando el argumento; afortunadamente, uno casi ni lo nota porque nunca queda claro qué relación tiene el Vacío con el resto de la película e, incluso, sale sobrando.

    Xayide le dice a Bastian que quiere regenerarse y ayudar a salvar a Fantasia, y que la forma de lograrlo es que él pida deseos. Lo que el muchacho no sabe es que, por cada deseo pedido, perderá un recuerdo hasta quedar vacío.

    Lo cual no tiene la más puta lógica. No podría quedarse sin recuerdos, ¿o sí? Digo, estaría generando recuerdos nuevos todos los días… a menos que tuviera la capacidad de retención de la mayoría de mis alumnos. ¿Por qué Bastian no deseó sus recuerdos de regreso? O ¿Por qué Bastian no simplemente deseó salvar Fantasia desde un inicio?

    Digo, la idea no está mal. Sí se trata de un enfoque más oscuro y más denso de Bastian y todo el arco de Xayide constituye el segundo tercio de la novela de Ende; pero en la cinta está tratado de una forma tan superficial… además de que nunca me pareció que los gigantes que sirven de soldados a la hechicera tuvieran algo que ver con sus contrapartes literarias… las botargas son ingeniosas, eso sí; pero más bien se ven como el basurero detrás de una marisquería.

    Y creo que ése es uno de los grandes fallos de la cinta, que contó con un presupuesto de 36 millones de dólares: se ve cutre por todos lados. Por alguna razón, toda la cinta se ve barata y medio mal hecha. Desde el momento en que notas que reciclaron secuencias de cabalgata de la primera película valiéndoles madre olímpicamente que Atreyu se veía completamente diferente hasta llegar al tema cantado al final que, básicamente, es un cover del tema musical de la primera cinta; pasando por el Comerrocas que recicla parlamentos de la primera película –con una voz diferente, eso sí–, los efectos de sonido de stock y los horribles efectos visuales con los que hicieron “volar” a Smurg, el dragón.

    Por muy buenas ideas e intenciones que haya tenido la película; hay en ella cosas desastrosas que las opacan, como los habitantes de la Ciudadela de Plata, que parecen estar drogadísimos todo el tiempo, y el bebé Comerrocas, que es una de las criaturas más escalofriantes que he visto en la pantalla.

    Esta segunda película pudo ser una adaptación más fiel del libro que la primera. Pudo ser una continuación como tal de la primera parte. Pudo ser una evolución de la primera cinta que, aprovechando que los fans de la original ya estarían creciditos, pudo haberse atrevido, al igual que la novela, a tratar temas más maduros y oscuros. Pudo ser muchas cosas. Al final es sólo un ejercicio redundante con tan poca cohesión que es difícil inferir relaciones de causalidad entre las escenas y que se siente precisamente como el título lo dice: como si no se fuera a acabar nunca.

    Al final del día, La historia sin fin II: el siguiente capítulo es una confirmación del viejo proverbio que reza que nunca segundas partes fueron buenas. Tiene algunos elementos rescatables, hay un par de cosas que se ven padres; pero hay que escarbar demasiado profundo para encontrarlas y quizá ni siquiera valga la pena. La primera parte es tan superior a ésta y la tercera tan, pero tan inferior a las otras dos, que cada película en la trilogía parece que perteneciera a una franquicia aparte.

    Para aquellos productores codiciosos que siguen buscando el nuevo hit de los bundles literatura/cine juvenil: en las manos correctas, una nueva trilogía de La historia interminable, ahora sí bien hecha y adaptando fielmente el libro, podría ser la tan ansiada gallina de los huevos de oro.

PARA LA TRIVIA: Debido a las legislaciones laborales para los niños en Hollywood, los actores menores de edad sólo estaban disponibles por un tiempo limitado para filmar cada día. Por esta razón, el director George Miller diseñó un plan de filmación eficiente y realizaba muy pocos ensayos de cada escena. El plan funcionó tan bien que la fotografía principal se adelantó tanto al itinerario que el equipo de efectos especiales aún no tenía listos muchos de los trucos necesarios para varias tomas.

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