El Folk Terror es un subgénero del cine de terror en el que las historias se ambientan específicamente en zonas rurales con comunidades cerradas, y están rodeadas de leyendas y tradiciones paganas. El ritmo suele ser lento y el conflicto surge de la oposición de valores de gente citadina, con su ciencia y tecnología, contra los valores, creencias y supersticiones de la gente del campo. Su efecto se basa más en el terror que en el horror. Una de las principales exponentes del género –y a mi gusto, una de las mejores películas de terror del siglo XX– es El hombre de mimbre (Hardy, 1973).
A este subgénero se adscribe Midsommar, la nueva película del director de Hereditary, Ari Aster.
La película cuenta la historia de Dani (Florence Pugh) quien, tras perder a su familia de forma trágica, se suma a la invitación de uno de los amigos de su novio Christian (Jack Reynor), un estudiante de antropología, para pasar el verano en una comuna sueca y presenciar el festival del Midsommar. La impresión que causan en los visitantes las inusuales costumbres de la esotérica comunidad será nada comparada con el terror y la angustia que vendrá cuando, uno a uno, éstos vayan desapareciendo bajo la luz de un mediodía que parece no tener fin.
La cinta, que ha causado revuelo entre el público y la crítica, es muy diferente a las historias de miedo que se han mostrado en la pantalla grande en los últimos años y es, sin duda, una bocanada de aire fresco para el género tras la sobresaturación de pelis de terror sobrenatural que se ha dado durante esta década.
El guión es bueno y está lleno de sutilezas, ambigüedades y esos pequeños detalles que quizá uno deja pasar; pero que, si los analiza al final, se dará cuenta de que tejían una línea argumental macabra desde un inicio y que todo está conectado. De hecho, el destino de casi todos los personajes les es anunciado desde escenas anteriores. SPOILER Por ejemplo, me encantó la secuencia en la que, al día siguiente de que desaparezca Simon (Archie Madekwe), la comuna prepara pies de carne… y la película no explica absolutamente nada al respecto, dando oportunidad al público para inferir y sacar sus propias conclusiones. Del mismo modo, cuando Josh (William Jackson Harper) es atacado por tomar fotografías del Rubi Radr, en una primera impresión parece que es Mark (Will Poulter), drogado de algún modo, quien lo golpea, sin embargo, después se puede inferir que se trata de Ulf (Henrik Norlén) usando la piel del rostro de Mark como máscara, lo que además se conecta con la escena a la llegada a la comuna en la que los niños juegan a un juego llamado “Desuella al tonto”. TERMINA SPOILER.
Muchos de los rituales y de los asesinatos perpetrados en la película están inspirados por ritos vikingos o pasajes de la mitología nórdica.
Tanto la dirección como las actuaciones son geniales. La columna vertebral del relato son las relaciones humanas y sus dificultades, y las actuaciones están dirigidas a hacer énfasis en este punto –en el corte del director hay toda una subtrama en la que se puede advertir que la relación entre Dani y Christian es aún más tóxica de lo que parece–. Cada personaje está tratado con una profundidad psicológica digna de un drama chejoviano y las interpretaciones de todos los actores son verosímiles y llenas de matices, aun cuando algunos personajes tienen menor complejidad que otros.
No sólo la película está ambientada en Suecia, sino que la narrativa, que está muy bien lograda, retoma influencias del cine sueco. El ritmo es completamente parsimonioso y se toma el tiempo necesario para crear una atmósfera inquietante y perturbadora a plena luz del día. El suspenso y el terror que se van construyendo lentamente contribuyen a que los pocos momentos de horror que efectivamente se muestran en la cinta sean mucho más contundentes.
La fotografía también es muy buena y sorprende cómo logra crear un relato de terror con una ausencia casi completa de escenas nocturnas. Casi puede sentirse la angustiosa y recalcitrante resolana quemando la piel, lo cual refleja la sensación interna de desasosiego de los personajes en pantalla.
Puedo decir que realmente disfruté de esta película. Irónicamente, me pareció que su principal fortaleza es, al mismo tiempo, su más grande debilidad: es demasiado parecida a El hombre de mimbre. De tal suerte, si uno ya vio la obra de Hardy –que es considerada el prototipo de las películas de Folk Terror– ésta le parecerá en extremo predecible… incluso sentí que si la película no terminaba como ya estaba yo anticipando que terminaría me sentiría muy decepcionado. De hecho, creo que esta cinta es un remake de El hombre de mimbre mucho mejor logrado que el verdadero remake de El hombre de mimbre, aquella inmunda película con Nicholas Cage que en nuestro país se tituló Culto siniestro (LaBute, 2006)–sí, la de las abejas, jajaja–.
Esta cinta es, sin duda aluna, una película de autor en la que su director hace gala de una obsesiva atención a los detalles y merecerá más de un visionado. Alrededor de media hora de la peli fue eliminada para su corte final, pero ya se prepara una edición del director para formatos caseros y plataformas de streaming.
Midsommar es una buena película y es una gran cinta de terror, probablemente de lo mejor que se haya hecho en el género en lo que va del siglo; aunque me queda perfectamente claro que podría no ser para todos los gustos. Aquí no hay sustos baratos ni los consabidos clichés del género aplicados casi con receta. La recomiendo si lo que buscan es algo diferente y fresco, y verdaderamente me lamento de que su corrida por la cartelera haya sido tan breve.
Sólo como nota: esta película posee un tono grotesco tan ácido que el público se siente indeciso entre reír o llorar… que es más o menos la emoción que durante casi toda la película posee la pareja protagónica.
PARA LA TRIVIA: A pesar de que la película está ambientada en Suecia, la mayor parte se filmó en Hungría. Del mismo modo, de los personajes estadounidenses sólo un actor proviene de los EE.UU., el resto son británicos.
Siempre reconoceré a La mansión de los espectros (Wise, 1963), que es además una de mis cintas favoritas, como la madre de las películas de casas embrujadas. Sin embargo, también reconozco que El horror de Amityville es la película que definiría las cintas de casas embrujadas (uso el término de forma general, lo más correcto sería decir que la mansión de Amityville es una casa maldita) en las décadas por venir.
Esta peli está basada en la novela homónima de Jay Anson, publicada en 1977. A su vez, la novela está basada en el supuesto caso real de la familia Lutz, quienes tuvieron que huir de su casa a medianoche apenas un mes después de comprarla. Anson se basó en entrevistas audiograbadas con los Lutz. Este caso, que ha sido constantemente desestimado como un engaño, fue ampliamente documentado por los investigadores de lo paranormal Lorraine y Ed Warren, de quienes se presentó otro caso en las películas de El conjuro (Wan, 2013 y 2016).
Se cuenta la historia de la familia integrada por Kathy (la otrora Lois Lane, Margot Kidder) y George Lutz (James Brolin) y sus tres hijos, quienes compraron una mansión en Long Island donde un horrible asesinato había ocurrido un año atrás: El hijo mayor de una próspera familia asesinó a sangre fría a sus padres y hermanos, alegando que un demonio le obligó a hacerlo —este hecho sí sucedió y está perfectamente documentado—. Los Lutz no pueden resistirse a la ganga y compran la casa en la que, según va progresando la película, nos damos cuenta de que serán sólo inquilinos.
Esta cinta sigue la premisa planteada anteriormente por El exorcista (Friedkin, 1973) y retomada por Pesadilla diabólica (otra gran peli de casas embrujadas, Curtis, 1976) y La profecía (Donner, 1976): Que aun en la segunda mitad del siglo XX, con toda su ciencia y su tecnología, hay cosas que el hombre no puede explicar y que el Mal, como tal, como una fuerza primigenia que es parte de todos y que, a su vez, se alimenta de nosotros y que nos puede consumir por completo, existe.
Gran parte del éxito de esta película recae en que nunca se muestra a la entidad demoniaca que posee la casa, sino que varias tomas sugerentes y la vista lateral de la casa, que parece un rostro, la dotan de una personalidad y una presencia, volviéndola un personaje más.
Creo que Amityville funciona de un modo muy similar a como lo hacen El exorcista y la edición original de El bebé de Rosemary (Polanski, 1968): Nunca se muestra al demonio en sí, sino las consecuencias de su influencia en las personas. A pesar de lo cual, aclaro, la película no tiene empacho en mostrar escenas de terror sobrenatural –que en algunos casos están maravillosamente bien logradas–, como aquélla en la que un enjambre de moscas ataca al padre Delaney (Rod Steiger); que se no sólo es inquietante de por sí, sino que se vuelve verdaderamente aterradora por tratarse de moscas reales (en el remake usaron CGI).
Y hablando del personaje del cura, ése es otro punto interesante. Parte del subtexto de la película parece ser que George Lutz sufre las consecuencias de haberse cambiado de religión; pues se entiende que antes de casarse era judío. O sea, que aceptar un nuevo credo le implicó aceptar también sus demonios. A final de cuentas, hay también una línea argumental en la película que habla sobre la lucha de la Iglesia Católica Romana contra el Diablo.
Algo que es más curioso aún es que este discurso no está presente en el libro y fue retirado casi por completo del remake de 2005, por lo que podría pensarse que esta puesta al día sería una versión mucho más cínica. Pero la verdad es que éste es uno de esos casos en los que la versión contemporánea resulta ser mucho más fresa que la original de treinta años atrás.
El guión deja algunos huecos y francamente no es muy bueno… pero el material de origen en el que está basado tampoco lo es. No sólo se ha comprobado casi indiscutiblemente que la historia de los Lutz fue un fraude, sino que la anécdota se vuelve poco interesante al poco tiempo y no sabe si seguir la línea del drama familiar o de la peli de terror con sustos baratos.
Las actuaciones de Kidder y Brolin están bastante disparejas, aunque de hecho, hasta logran ponerle algo de carnita a personajes unidimensionales y sosos –lo que es fiel al texto original, pues así me parecieron en la novela–. Pero el que sí no tiene madre es Steiner, quien está sobreactuando absolutamente todas sus escenas.
Lo que sí es muy interesante es la fotografía, que utiliza una narrativa poco convencional y tomas propositivas… el problema es que, faltándole profundidad a todo el guión, a la larga estas tomas terminan sólo viéndose pretenciosas.
El horror de Amityville tuvo un enorme éxito en la taquilla y rápidamente se convirtió en una franquicia que ha perdurado hasta nuestros días. Sin embargo, aunque tiene algunas secuencias bastante bien logradas, la verdad es que creo que es uno de los casos en los que la fama y el éxito de la cinta se deben más a la publicidad que a la calidad inherente de ésta.
PARA LA TRIVIA: En la vida real, James Brolin se hizo un gran amigo del verdadero George Lutz y su familia. A pesar de todo, Brolin sigue dudando que la historia sobre la mansión de Amityville sea cierta.
En 1991 la editorial independiente Dark Horse Comics publicó la miniserie titulada The Mask, que seguía las aventuras de un antihéroe llamado Big Head, que anteriormente había aparecido en el número 10 del comic Dark Horse Presents (1987) con el nombre de Masque. El cómic, en un tono entre la comedia negra y el splatter, narra la historia de varios individuos –en el primer arco argumental se trata de Stanley Ipkiss y, tras el asesinato de éste a manos de su novia, el Tte. Kellaway– que entran en contacto con una misteriosa máscara de origen desconocido adquirida en una tienda de antigüedades –en el comic, la apariencia de ciha más cara está inspirada en la Máscara de Jade de Pakal–. La máscara otorga a su portador habilidades sobrehumanas que parecerían tomadas de los más alocados dibujos animados; pero también lo convierte en un asesino psicópata sediento de sangre y ambos personajes se convierten en vigilantes dispuestos a causar caos, destrucción y sangrientas matanzas para detener los actos que ellos, fundada o infundadamente, consideran injusticias.
Como puede advertirse, el tono del comic es muy diferente al de la película, además de que incluía cantidad de violencia gráfica. Su propuesta era un poco mostrar consecuencias reales de la violencia de los dibujos animados. En la peli, el personaje de Stanley Ipkiss es un perdedor torpe, adorable y soñador; mientras que, en el comic, Ipkiss es un perdedor resentido social que tiene una relación tóxica con su novia, es bastante vengativo –en un número asesina brutalmente a su maestra de primaria– y desarrolla ideas fascistoides después de obtener los poderes de la Máscara.
La idea original para la película era hacer una adaptación mucho más fiel al comic; pero la propuesta cambió cuando Jim Carrey confirmó su participación en el proyecto, pues los productores decidieron hacer de la película una plataforma para impulsar la carrera del actor en las comedias adolescentes.
De tal suerte, la película cuenta la historia del tímido Stanley Ipkiss (Jim Carrey), un atolondrado empleado bancario poco asertivo y bonachón, a quien todos usan como tapete. Cierta noche, Ipkiss encuentra una misteriosa máscara que, al ponérsela, le brinda poderes fantásticos parecidos a los de los personajes de los dibujos animados que tanto admira. Stanley usará dichos poderes para conquistar a la chica de sus sueños, la hermosa Tina Carlyle (Cameron Diaz en su debut cinematográfico luego de dejar el modelaje), y de paso lo pondrán en la mira de la policía y de la mafia local.
Por supuesto, gran parte del éxito de la película se debe a la interpretación de Jim Carrey, quien aceptó el papel porque le gustó el hecho de que, al igual que él, Stanley Ipkiss era un fan de los dibujos animados clásicos. El trabajo del comediante trasciende y puede verse su entrenamiento actoral, así como musical y dancístico.
Si uno ha leído el comic, pronto advertirá que sólo Carrey habría sido capaz de sacar ese personaje: el actor copia muchos de los gestos de su contraparte bidimensional, y utiliza el maquillaje prostético –que tomaba cuatro horas aplicar– completamente a su favor. De hecho, la dentadura prostética de la Máscara fue ideada para usarse sólo en las escenas en las que el personaje no tenía parlamentos, sin embargo, Carrey aprendió a hablar con ella para usarla el mayor tiempo posible en pantalla.
También fue un alivio inesperado para la producción el que muchas de las tomas que se había planeado resolver con efectos digitales pudieron ser interpretadas en vivo gracias a las pantomimas del canadiense. Tanto Carrey como Diaz hicieron sus propios bailes en la famosa secuencia del club Coco Bongo. Asimismo, fue el Carrey quien cantó y bailó en la escena en la que la policía está a punto de arrestar a la Máscara y éste se zafa con el número musical de Cuban Pete. Los productores odiaban dicha escena, pues decían que era innecesariamente larga y no aportaba nada a la trama; pero en las proyecciones de prueba al público le gustó tanto que decidieron dejarla en la peli.
Y qué bueno que redujeron el número de los efectos visuales en CGI, porque la verdad es que éstos han envejecido mal. En su época, estos efectos, producidos en su mayoría por Industrial Light & Magic, eran la punta de la tecnología, pero la verdad es que en nuestros días ya no se ven tan bien. Empero, esto para nada impide disfrutar de la película.
La cinta tiene dos secuencias que fueron eliminadas del corte final. La primera era un prólogo de lo más chafa en el que se veía a un grupo de vikingos deshacerse de la máscara maldita de Loki en una playa del Nuevo Mundo en un estilo que parece una mala copia de Monty Python. La segunda era la muerte de la reportera Peggy Brandt (la siempre genial Amy Yasbeck, a quien seguro recuerdan por películas como Mi pobre diablillo [Dugan, 1990], Las locas, locas aventuras de Robin Hood [Brooks, 1993] o Drácula: muerto pero feliz [Brooks, 1995]), quien es lanzada por Donovan Tyrell (Peter Green) a la imprenta de un periódico, misma que imprime la noticia de la muerte con su propia sangre. La oscura secuencia fue eliminada de la cinta para poder utilizar al personaje de Peggy en una posible secuela. Hasta principios de la década pasada, se sabía de la existencia de ambas escenas únicamente a través de la adaptación en comic publicada por Dark Horse; posteriormente, fueron incluidas como material extra en el DVD de la película.
Toda la estética de la película fue orientada hacia el Art Decó de los años 30 y 40, y el sounctrack está compuesto por música pop y house con una fuerte influencia del swing y el mambo. A mediados de la década de los 90 en EE.UU. la música swing y los clubes que la tocaban volvieron a ponerse de moda, creando toda una subcultura –que permanece hasta nuestros días– y esta cinta logró sacar partido de ella. El sounctrack incluye temas de Xscape, Tony! Toni! Toné!, Vanessa Williams y Royal Crown Revue.
A pesar de que la edición se nota un tanto atropellada en varios cortes duros, la narrativa de la película es interesante y conforma un relato dinámico que nunca deja caer el ritmo. La historia se cuenta bien y en ningún momento se vuelve aburrida.
La fotografía también es interesante y está llena de esas tomas doraditas que son tan características de las películas de los 90, así como llamativos claroscuros en las secuencias de Dorian Tyrell. Hay además muchas escenas, particularmente nocturnas, en las que la iluminación se vuelve casi expresionista con el uso de colores y sombras caprichosas.
A pesar de que la película se aleja mucho de la fuente original que adapta, se trata de una gran cinta que se convirtió en un referente obligado en la cultura pop de la década de 1990, lanzó a Jim Carrey al estrellato y presentó a Cameron Diaz al mundo. Casi inmediatamente, los productores comenzaron a planear una secuela; pero ésta se pospuso debido a la rotunda negativa de Carrey de volver a interpretar al personaje. La infame secuela, La Máscara 2: el hijo de la Máscara (Guterman, 2005), llegaría más de diez años después, ya sin Carrey, y no sólo fue un estrepitoso fracaso de taquilla (en su fin de semana de estreno tan sólo recaudó 7.7 millones de dólares de los 84 que costó), sino que es considerada una de las peores comedias de la historia.
El legado de la cinta incluye además una serie de dibujos animados y un videojuego alusivo a ésta para Super Nintendo, bastante decentes los dos, en los que se combinan elementos de la película con algunos del comic. Está además el cortometraje Revenge of the Mask (Kawas, 2018), que es una adaptación muchísimo más apegada al comic.
Personalmente, amo esta cinta.
Por cierto, me ataqué de risa ante la indignación popular en contra de Mike Richardson, co-creador del personaje, cuando declaró que le gustaría hacer un reboot cinematográfico del personaje en el que la Máscara fuera mujer. Y me ataqué de risa porque esa posibilidad se planteó en el comic desde un inicio. Por breves momentos, Kathy, la novia de Stanley Ipkiss, usa la Máscara y lo asesina de un disparo en la espalda para quitarle el objeto mágico.
PARA LA TRIVIA: El traje amarillo de pachuco usado por la Máscara está inspirado en un traje que le confeccionó la mamá de Jim Carrey a éste cuando se iniciaba en el Stand-Up a principios de los 80.
¿Por qué será que todas, pero absolutamente todas las películas basadas en videojuegos son malas? Bueno, bueno, Resident Evil 2: Apocalipsis (Witt, 2004) tiene sus momentos, está bien, y la verdad es que Silent Hill (Gans, 2006) se defiende; pero por regla general las películas de Live-Action (o como les llamo yo: Cosplay con presupuesto) basadas en videojuegos son malas como películas y como adaptaciones. De hecho, precisamente la saga de Resident Evil ha sido la única en romper la maldición: Nunca antes de ella se había completado una trilogía de películas basadas en un juego de video.
Y aunque hoy día es algo más o menos común, a mediados de los noventa el adaptar historias del entretenimiento electrónico a la pantalla grande era un terreno apenas experimental. Para esos momentos sólo teníamos la infumable película de Double Dragon (Yukich, 1994) y la vomitiva cinta de Super Mario Bros. (Jankel y Morton, 1993). Bueno, y si quieren tomarla en cuenta, el especial de dibujos animados de Pac-Man (1982).
Así pues, cuando la chaviza de aquellos años nos enteramos de que iban a sacar la película de Street Fighter, se nos cayeron los calzones de la emoción. Para aquellos años, no había nada más genial que Street Fighter II: The World Warrior (Capcom, 1991)… Bueno, sí, Mortal Kombat (Midway Games, 1992); pero por eso Capcom lanzó la actualización Super Street Fighter II: The New Challengers (Capcom, 1993) que fue en la que —dizque— se basaron para hacer la película.
Entonces, la historia de la peli, que a veces de manera fortuita coincide con la del videojuego, va así: El dictador en ascenso general M. Bison (lo que quedaba del genial Raul Julia, que es el único que medio hace el intento de actuar aquí) ha tomado el poder del ficticio país de Shadaloo (traducción fonética del japonés Shadowlaw), una península en el sudeste asiático —en el videojuego es una isla, ya empezamos mal— y ha secuestrado a un grupo de visitadores de las Naciones Aliadas (ficcionalización que mezcla la ONU con la OTAN). Para detenerlo antes de que mate a los rehenes, las NA envían al Cnel. William Guile (interpretado por el exartista marcial y exdrogadicto Jean Claude Van Damme) y a un grupo de soldados a su cargo. Guile tiene cuentas pendientes que saldar con Bison y en el camino se hará de poderosos aliados como la reportera (WTF?) Chun-Li Zang (Ming-Na Wen) o los peleadores callejeros y pseudotraficantes de armas Ryu Hoshi (cuyo nombre se empeñan en pronunciar “Raiu”, no sé por qué, interpretado por Byron Mann) y Ken Masters (Damian Chapa), y enemigos temibles como Victor Sagat (Wes Studi) o el lerdo Zangief (quizá el único personaje más o menos bien caracterizado de la peli, interpretado por el genial Andrew Bryniarski, a quien la fama le llegó ya tarde gracias a su actuación como Leatherface en el remake de La masacre de Texas [Nispel, 2004]).
Incluso cuando vi la película por primera vez, a mis tiernos nueve añitos, me di cuenta de que algo estaba mal. Por desgracia, conforme la he vuelto a ver a medida que he ido creciendo, me he dado cuenta de que todo en esta película está mal. Pero iré por partes.
Por principio de cuentas, se tomaron tantas libertades con la historia que ésta dejó de parecerse a la original del videojuego. ¿Por qué Guile es el personaje principal? ¿Si Guile es gringo por qué tiene ese marcadísimo acento francés? ¿Por qué Vega (Jay Tavare) es feo? ¿Por qué E. Honda (Peter Navy Tuiasosopo) es hawaiano? ¿Por qué Chun-Li es reportera? ¿Por qué Balrog (Grand L. Bush), que en el videojuego era uno de los Señores de Shadaloo, está en el equipo de los buenos? ¿Por qué dicen que esa madre que sale en la película es Blanka (Robert Mammone)? ¿Por qué Sagat está fláccido? ¿Por qué hay tantos balazos? ¿Por qué alguien hizo esta maldita película? ¿Por qué?
Las actuaciones de todos, de absolutamente todos, son pésimas. Es… no sé qué epíteto usar, “sobrecogedor” supongo, ver la interpretación de Raul Julia en ésta, su última película. El pobre se ve muy enfermo, cansado y por momentos no puede evitar soltar una mirada de “¿Qué carajos estoy haciendo aquí?”; pero sobre todo, se ve mucho muy lejos de aquel Julia que se hiciera legendario gracias a su interpretación de Homero (Gomez) Addams, apenas cuatro años atrás. Y, aun con todo eso es la mejor (o quizá la única) actuación de toda la cinta. Julia parodia con su interpretación los manierismos y ademanes de personajes como Hitler y Musolini.
Y hablando de las actuaciones, quizá el único punto bueno de esta película fue que dio a conocer a la hermosa y talentosa (como cantante) Kylie Minogue fuera de su natal Australia. Interpretando a la británica Cammy (y eso me hizo recordar el chiste que hace Dr. House sobre los australianos y los británicos), y aunque en Australia ya había aparecido en varias telenovelas, me alegra que la Minogue sea toda una diva del pop, porque como actriz apesta. ¿Por qué tiene que jadear para decir todos sus parlamentos? ¿Está en una película porno? ¿Acaso es Stevie, el amigo de Malcolm?
Al final de cuentas, el guión de la cinta termina siendo un desmadre que mordió más de lo que podía masticar. Hay demasiadas líneas argumentales, demasiados personajes y demasiados elementos, y nada logra cuajar al final. Personajes como T.Hawk (Gregg Rainwater) —que por cierto, aunque peleaba en nombre de México en el videojuego, no era mexicano; sino un nativo americano despojado de sus tierras y obligado a huir a nuestro país— o Dhalsim (Roshan Seth) están completamente de más… ¡Y todavía se ponen a introducir personajes inventados como el Cp. Sawada (Kenya Sawada). Por cierto, Fei Long, el peleador de Hong Kong, no aparece en esta película por cuestiones de derechos de autor, pues era un tributo a/ fusil de Bruce Lee. De hecho, según dice una leyenda urbana, el personaje de Sawada originalmente iba a ser Fei Long, pero los realizadores tuvieron que cambiarlo de última hora por temor a demandas por parte de la viuda de Lee.
Entre los aciertos de la peli, que sí tiene unos cuantos, debo mencionar que en las coreografías sí se preocuparon porque más o menos los actores imitaran los estilos de pelea y algunos agarres y movimientos especiales del videojuego (vamos, Cammy hace ese agarre con las piernas tan suyo y Honda sí hace el hand slap). Por desgracia, no sé qué pasó que los realizadores también terminan viéndose tímidos con esto y algunos poderes como el Hadoken de Ryu o el Shoryuken de Ken se ven de lo más chafa. Y lo peor: ¡Le dan una explicación científica a los poderes de Bison! ¿Para qué? ¡En el juego el tipo tiene poderes psíquicos, no un traje que manipula los campos electromagnéticos!
El otro acierto de la película, hay que reconocérselos, tiene dos, es que sí hay muchos guiños al videojuego en los escenarios que se ven en pantalla. Claro, lo ideal hubiera sido que intentaran recrear los escenarios del videojuego; pero bueno, por lo menos sí podemos ver el enrejado del escenario Vega, la estatua de Buda en el escenario de Sagat, la campana en el escenario de Bison, el mural del tsunami en el escenario de E. Honda y… y… y, bueno, creo que eso sería todo. ¡Ah, sí! Y el tablero de la arcadia de Super Street Fighter II: The New Challengers en la consola de mando de Bison.
Claro que también pudieron esforzarse un poco porque no se notara que las paredes de roca de la guarida de Bison estaban hechas de cartón. Por cierto, en los aposentos privados de Bison se pueden ver muchos muebles hechos con huesos humanos, que aunque están padres, botan un poco; esto es porque la mayoría de ese mobiliario (incluido ese impresionante candelabro de huesos humanos) se construyó para La masacre de Texas 2 (Hooper, 1986).
Así pues, quizá ésta sea la peor película basada en videojuegos… Bueno, no, se echa un tête-a-tête con Super Mario Bros. (Yankel y Morton, 1993)… o con Mortal Kombat: La aniquilación(Leonetti, 1997) … Y la verdad es que las de Resident Evil son horrendas después de la tercera… Y las de Tomb Raider… ¿A quién engaño? ¡Las películas de live action basadas en videojuegos son todas espantosas! Street Fighter: La batalla final sobresale de entre las demás porque es aún peor que el promedio y porque en su época no eran tan comunes; pero la situación no parece haber mejorado en veinte años.
Por si todo lo anterior fuera poco, ésta no sólo es una de las peores películas basadas en videojuegos; ¡sino uno de los peores videojuegos basados en películas! Y es que para promocionar la cinta, Capcom decidió lanzar el videojuego para arcadia Street Fighter: The Movie (1995). Este juego utilizaba fotogramas digitalizados de los actores de la película (como Mortal Kombat) en vestuarios ridículos y tenía uno de los peores gameplay que se recuerde en la historia de los videojuegos. A la plantilla de peleadores del videojuego original se restaron Blanka, Fei Long y Dhalsim, y se agregó al Cp. Sawada y a Blade (un soldado de las tropas de Bison) de la peli, y una cosa chistosísima que decía ahí que era Akuma… Todo de pena ajena.
PARA LA TRIVIA: Como reacción ante el bodrio que fue esta cinta, Capcom de Japón decidió producir un largometraje de animación (anime, para los entendidos) basado en Super Street Fighter II. Esta película es infinitamente superior a su contraparte norteamericana —y no sólo porque muestra un desnudo de Chun-Li—, pero ninguna distribuidora quiso exhibirla en cines en América. Durante las negociaciones por traer la cinta a nuestro continente, mucho se rumoró que el anime de Street Fighter sí aparecería en cines en México; pero a la hora de la hora, Videovisa se echó para atrás. ¿El resultado? En los tiempos del VHS, Street Fighter: The Animated Movie fue la película más pirateada en la historia de nuestro país.
PARA EL CHISME: Según lo reveló años más tarde en una entrevista, Van Damme se encontraba completamente drogado durante la mayor parte del tiempo de la filmación en Tailandia, además de que sostuvo una relación extramarital con la Minogue.
Tan inmortal como el maniático Jason Voorhees, quien regresa en cada entrega de la saga de maneras cada vez más absurdas, parece ser la propia franquicia cinematográfica de Viernes 13, cuyas películas solían estrenarse a razón de una por año durante la década de los 80. Y no es difícil entender por qué: con apenas poco más de 2 millones y medio de dólares de presupuesto, esta película, que involuntariamente utilizó como truco publicitario el anunciar que sería la última de la serie, recaudó más de 11 millones de dólares en su fin de semana de estreno y más de 32 millones alrededor del mundo en su corrida original en cines.
La película inicia justo donde se quedó la anterior –es decir, en realidad la película iniciaría en domingo 15 y termina en martes 17 y, si uno saca cuentas, Viernes 13partes II, III y el capítulo final, suceden en el transcurso de 5 días…–, cuando el asesino psicópata y deforme Jason Voorhees (Ted White) es encontrado ahorcado en un granero cercano al Campamento Crystal Lake. El cuerpo de Jason es llevado a la morgue, donde despierta, pues no se encontraba muerto en realidad. Jason regresa a Crystal Lake, donde cazará uno por uno a un grupo de universitarios vacacionistas y a la familia del pequeño Tommy (Corey Feldman, a quien seguro recuerdan por su papel de Mouth en Los Goonies [Donner, 1985]), un niño aficionado a los monstruos con habilidades para hacer máscaras y utilería.
Hacia mediados de la década de 1980 la popularidad de las películas slasher iba a la baja… o al menos, eso se creía antes de que Pesadilla en la calle del Infierno (Craven, 1984) viniera a renovar el subgénero. A pesar de ser un rotundo éxito con el público adolescente, la franquicia de Viernes 13 no era motivo de orgullo para Paramount Pictures, quienes distribuían las películas que eran constante blanco de ataques por parte de la crítica, la prensa especializada, y las asociaciones religiosas y de padres de familia. Del mismo modo, el productor Frank Mancuso Jr., quien se integrara a la producción de la saga a partir de la segunda parte, sentía que nadie lo respetaba al interior de Paramount, empresa de la cual su padre, Frank Mancuso Sr., era el CEO. Así pues, Mancuso Jr. buscando desligarse de la franquicia para emprender nuevos proyectos, planteó a Paramount la idea de hacer una película de Viernes 13 que concluyera oficialmente con la saga. Paramount estuvo completamente de acuerdo.
La producción fue problemática desde un inicio, debido por una parte a las restricciones del ínfimo presupuesto y, por otra, a los malos tratos del director Joseph Zito en el set.
Para ahorrar presupuesto, Zito fue contratado como director y escritor, a pesar de que él mismo se negó inicialmente argumentando que no era guionista. Cuando los productores comentaron que le pagarían el doble por realizar ambas funciones, Zito aceptó de inmediato, usando parte de su doble sueldo para contratar al guionista Barney Cohen en secreto, quien sería su escritor fantasma.
El ambiente en el set era por demás tenso, pues muchos de los actores, debido a las limitantes de presupuesto, fueron obligados a realizar sus propios stunts. Según testimonios, el joven actor Corey Feldman sufría de serios problemas de actitud en el set que llegaban a hacer la filmación de sus escenas francamente insoportable. También según testimonios, esta rebeldía por parte de Feldman era su respuesta en contra de la falta de tacto con la que Zito lo dirigía. SPOILER Años más tarde, en una entrevista, Feldman revelaría que en la escena en la que ataca brutalmente a Jason con un machete, el niño imaginó que estaba atacando a Zito para llegar a la emoción. TERMINA SPOILER
El veterano doble de acción Ted White –quien fuera el actor de mayor edad en interpretar a Jason con sus 58 años– desarrolló una mutua antipatía por Feldman y una abierta enemistad con Zito, con quien se enfrentaría continuamente cuando éste exigía a los actores que realizaran peligrosas escenas de riesgo en condiciones terribles. Al terminar la producción, White quedó tan molesto con el resultado que pidió a los productores que retiraran su nombre de los créditos.
El guión es francamente idiota y, como muchas de las películas slasher, le hace a uno preguntarse sobre la inteligencia de los personajes en pantalla… y en este caso creo que les hago un favor al llamarlos “personajes”, pues están apenas dibujados y su desarrollo es bastante inconsecuente. La idea original de introducir a la familia Jarvis era poder profundizar un poco más en el drama; pero eso se pierde casi por completo conforme la cinta avanza. Al final, se trata de una sucesión de situaciones estúpidas que dejan de tener sentido por momentos y en las que los elementos que se plantearon en un inicio se vuelven intrascendentes.
¿Y por qué parece que todos sienten la compulsión de arrojarse a través de las ventanas? Hasta el perro lo hace…
Originalmente, Tommy sería un niño superdotado con habilidad para construir intrincadas máquinas; pero decidieron cambiarlo por el niño que hace máscaras de monstruos como un homenaje al artista de efectos especiales Tom Savini, quien diseñó al primer Jason en Viernes 13 parte II (Miner, 1981) y quiso regresar en la última película de la franquicia para darle un cierre al aspecto del personaje. A final de cuentas, ninguna de las dos propuestas realmente contribuye a la trama.
Incluso el personaje de la Sra. Jarvis (Joan Freeman), mamá de Tommy y Trish (Kimberly Beck), desaparece a media película sin explicación alguna. Se infiere que fue asesinada por Jason; pero esto no se confirma sino hasta Viernes 13 Parte VI: Jason vive (McLoughlin, 1986). Empero, la escena sí se filmó, mas fue dejada fuera del corte final de la película. Lo mismo sucedió con el epílogo original; una secuencia de sueño –porque todas las películas de Viernes 13 anteriores habían terminado con una secuencia de sueño– en la que Trish encuentra el cadáver de su madre en la tina del baño.
Viernes 13: el capítulo final fue, en su momento, la película más sangrienta de la saga, llena de mutilaciones que difícilmente serían superadas por entradas posteriores de la franquicia. Es también la cinta de la franquicia que incluye una mayor cantidad de escenas de desnudos, aunque pasa casi media hora antes de que veamos el primero. Me pregunto si las escenas de porno vintage son un chiste local o una autoparodia.
A pesar de que las escenas de asesinatos están bien logradas, el maquillaje “cotidiano” es terrible. Parece que quien maquilló a los actores se limitó a aplicarles plastas de corrector alrededor de los ojos y en los primeros planos se ven como si se hubieran dejado los lentes de sol en la playa.
De hecho, en toda la película trasciende la pobre calidad de su manufactura. No sólo las actuaciones son malas, sino que los stunts están poco logrados –incluso en varias escenas se ven los cables con los que elevaron a los actores cuando Jason los agarra–, se cometen errores de clase de primer semestre de cine, como romper los ejes, y hasta las escenas de besos son poco convincentes.
La edición es bastante torpe; pero esto tiene una explicación. Paramount planeaba estrenar la cinta en octubre; sin embargo, Mancuso mostró secuencias de la fotografía principal de la peli a Paramount en enero, quienes as recibieron con gran entusiasmo. La casa productora decidió adelantar el estreno de la cinta al mes de abril, obligando a Zito a concluir la filmación mucho antes de lo planeado y dejando a los realizadores tan solo unas semanas para completar la postproducción. Paramount rentó una casa en Malibú, California, donde prácticamente encerró a Mancuso, Zito y Cohen para que cortaran, montaran y editaran la película en jornadas de prácticamente todo el día. La productora incluso les enviaba comida a la casa, para que ellos no tuvieran que salir y pudieran seguir trabajando.
En conclusión, Viernes 13: el capítulo final es una mala película; pero es entretenida en su mayor parte. Es también una película arriesgada para los cánones de la franquicia, pues quiso agregar elementos novedosos a la fórmula ya establecida; por ejemplo, ésta es la única cinta de la saga original –antes de que New Line Cinema comprara los derechos– en la que se ve efectivamente morir a Jason en cámara, la inclusión de un niño entre los personajes principales, el hecho de que haya dos sobrevivientes en lugar de uno o que el personaje que estaba más preparado para matar a Jason sea uno de los primeros en morir.
A pesar del deseo de terminar con la franquicia, las enormes ganancias de esta cinta animaron a Paramount a sacar una secuela al año siguiente: Viernes 13: un nuevo comienzo (Steinmann, 1985). Por eso, cuando vi que la sexta entrega de la franquicia de Resident Evil se titulaba Resident Evil: el capítulo final (Anderson, 2016), desconfié.
Acogida por el público y vapuleada por la crítica, Viernes 13: el capítulo final confirma lo que he pensado siempre: que la única película de la saga que más o menos vale la pena es la primera… aunque no por eso dejan de gustarme estas pinches películas, que me divierten un montón.
PARA LA TRIVIA: White odiaba trabajar con Feldman, a quien se refería como el niño más malcriado y odioso con el que había trabajado, por lo que buscó la forma de desquitarse. En la escena en la que Jason sujeta a Tommy a través de una ventana, White dejó pasar su cue para que el niño bajara la guardia y tomarlo desprevenido. Según Feldman, sus gritos en esa toma son reales, pues estaba auténticamente aterrado.
La primera película de esta nueva adaptación de la afamada novela de Stephen King fue una sorpresa muy agradable. Con un elenco de chicos que se lucieron con sus actuaciones y su carisma en pantalla, una buena manufactura, y una interpretación soberbia del actor Bill Skarsgård como el diabólico payaso Pennywise, era una entretenida fábula sobre el miedo a la adolescencia con momentos genuinamente aterradores que, en opinión de un servidor, superaba con creces a la miniserie original para TV de 1990. Esta segunda parte francamente me ha dejado insatisfecho.
La historia se sitúa –mayormente, porque está llena de flashbacks y elipsis– 27 años después de la primera película. Los chicos del Club de los Perdedores, ahora adultos inexplicablemente exitosos, son convocaos por su amigo Mike Hanlon (Isaiah Mustafa) para regresar al pueblo de Darry, pues el ente sobrenatural conocido únicamente como Eso –y que gusta de encarnarse en la forma del payaso Pennywise (Bill Skarsgård, de nuevo, genial– está de regreso asesinando salvajemente a los jóvenes de la localidad.
Nunca he leído la novela de King pero, según me han contado quienes sí lo han hecho, la primera parte le era bastante fiel, mientras que esta segunda no tiene nada que ver.
La película está bien, a secas. Es entretenida en su mayor parte pero, a diferencia de su predecesora, sí se siente excesivamente larga y hay partes en las que uno ya está esperando a que todo el desmadre termine. Supongo que tendrá que ver con la falta de una sensación real de peligro; SPOILER quiero decir, por alguna razón sientes que ninguno de los personajes principales va a morir y cuando por fin uno de ellos perece, la verdad es que uno ya está medio aburrido y le vale madres. TERMINA SPOILER
El guión está bien; pero los elementos de comedia que en la peli original eran geniales en esta segunda se sienten fuera de lugar y, a la postre, excesivas. Las alucinaciones creadas por Pennywise, que deberían ser aterradoras, terminan recordando escenas de películas como Los Cazafantasmas (Reitman, 1984), El despertar del diablo II (Raimi, 1987) o, incluso, episodios del Especial de Noche de Brujas de Los Simpson (1989-) –sí, leñador gigante, te estoy viendo a ti… y a ti también, casa que implota–.
Y eso tiene que ver también con los efectos especiales que son malísimos. Toda la película sufre de un exceso de CGI, que pudo haber funcionado en manos más capaces, pero que en muchas ocasiones se ve peor que gráficos de PlayStation 2. Quizá la última transformación de Pennywise es un poco más afortunada; pero, en general, los efectos dan más risa que miedo. Los efectos prácticos, que corrieron a cargo de los legendarios Alec Gillis y Tom Woodruff Jr., están muy bien; pero desmerecen al lado de sus contrapartes digitales mucho menos logradas.
También me parece un poco chafa la forma en la que la película maneja los momentos de horror. Mientras que la primera parte creaba atmósfera, tensión y suspenso y los remataba con momentos de horror muy bien construidos, esta segunda parte recurre a los sustos baratos que lo hacen a uno saltar del asiento, luego reírse como idiota y no trascienden más allá.
Lo que rescato de la película son las actuaciones que son, en su mayor parte, geniales. Durante los primeros dos actos, los actores logran darle a sus personajes una profundidad psicológica y un trasfondo súper interesantes, que es justo lo que esta película necesitaba para funcionar. Sin embargo, hacia el final del segundo acto, la cosa empieza a decaer y para el tercero, está completamente perdida. Después de la primera vez que oí gritar a Jessica Chastain la película perdió algo que nunca pudo recuperar. Los personajes cambian a un tono casi fársico en el que les es difícil encajar y que termina por hacerlos inverosímiles.
Lo que debía ser la segunda parte de un díptico que funcionara como metáfora y fábula de la crisis de la edad madura termina siendo una película de aventuras con elementos de comedia y un tono que va y viene, y a la que no se le nota un rumbo claro.
A pesar de que el mismo Stephen King refiere que la película no es una secuela, sino la segunda parte de It, la verdad es que sí se ve como una secuela y no como una película dividida en dos partes.
SPOILER ¿Y cuál era el sentido de incluir la subtrama de Henry Bowers (Teach Grant) y su escape del hospital psiquiátrico? Realmente no aporta nada al argumento. TERMINA SPOILER
No estoy seguro de qué fue lo que intentaron lograr con esta película. No sé si intencionalmente querían hacer una comedia, no sé si se trataba de una de tantas veces en las que la secuela de una película de terror/horror es en realidad una parodia, no sé si trataban de hacer una película de aventura con cuarentones… Lo que sí me queda claro es que ni como película de miedo o de Fantasía Oscura funciona, y como película de aventuras es apenas competente.
No sé… supongo que el objetivo de un payaso es dar risa.
Eso: capítulo 2 no es una mala película. Por momentos puede llegar a ser disfrutable; pero sí es bastante decepcionante si lo que uno busca es una continuación de la primera parte o una cinta de terror. Muy lejos está de aquella versión de 1990 que causó coulrofobia en toda una generación. A esto, súmesele su excesiva duración. Quiero decir, cuando una película es larga, pero está buena, uno ni lo siente; pero en este caso la verdad es que sí deja la sensación de que pudo durar muchísimo menos.
En conclusión, la peli no es tan mala como la han hecho parecer; pero para nada es lo que me esperaba y no creo volver a verla. Las actuaciones y el casting están muy bien, y algunos personajes como Richie (Bill Hader) y Eddie (James Ransone) son geniales –de hecho, se roban la peli–, además de que me gustó la fotografía. Pero no sé si estos elementos valgan la pena invertir 2 horas y 40 minutos.
Si quisiera ver una comedia de aventuras con sustos y CGI chafón, mejor vería Escalofríos (Letterman, 2015)… que también es bastante mala.
PARA LA TRIVIA: El actor Bill Skarsgård tiene la habilidad de mover sus ojos en direcciones diferentes de manera simultánea, por lo que realizó este truco en vivo frente a cámara para algunas de las secuencias. También lo usó para gastarle una broma a Bill Hader.
PARA LA TRIVIA GEEK: En la tienda de antigüedades que aparece en la película –en la escena del cameo de Stephen King– puede verse una placa de automóvil con el número “CBQ 241”. Éste era el número de placa del Plymouth Fury ’58 en la película Christine (Carpenter, 1983), adaptada también de una novela de King.
PARA LA TRIVIA SÚPER GEEK: En uno de los flashbacks puede verse una arcadia de Mortal Kombat (Midway Games). La película sucede 27 años después de la primera parte y, según lo dice el personaje de Richie, está situada en el año 2016. Es decir, que el flashback sucedería en 1989; sin embargo, el primer Mortal Kombat apareció en 1992.
Me gusta mucho el cine de Quentin Tarantino. No sé si podría llamarme fan; francamente, hay películas como Jackie Brown: la estafa (1997) o A prueba de muerte (2007), que nomás no terminan de convencerme. Pero de que me gusta, me gusta y esta última obra del autor de Perros de reserva (1992) me ha gustado mucho. Si bien considero todo el cine de Tarantino como cine de autor, esta cinta me ha parecido un poco más personal y más introspectiva que otras.
Ambientada en Hollywood en 1969, la película narra la historia de Rick Dalton (Leonardo DiCaprio, soberbio), una estrella de westerns venida a menos y su doble de riesgo, chofer y mejor amigo, Cliff Booth (Brad Pitt en una de las mejores interpretaciones de su carrera). En la época de decadencia que precedió a la Era de Plata de Hollywood, Dalton debe enfrentarse a su alcoholismo, al declive de su carrera profesional y a la devastadora toma de consciencia de que, simplemente, está pasando de moda. Por si fuera poco, la pareja conformada por Sharon Tate (Margot Robbie, sensacional) y Roman Polanski (Rafi Zawierucha) se acaba de mudar a la casa de al lado.
Algo que es importante señalar de esta cinta es que no se trata de una recreación histórica, ficción histórica o una biopic; sino más bien un sentido homenaje a la industria del cine de Hollywood en el que Tarantino rinde tributo de la forma más honesta posible: a través de la parodia. Es, pues, una especie de ensayo que utiliza un complejo y maravillosamente logrado ejercicio de metacine como discurso.
El guión tiene todos los ellos autorales del director de Knoxville: el argumento peca de simple, la narrativa es rebuscada y está lleno de situaciones inverosímiles y estrambóticas, ultraviolencia y diálogos triviales que suenan profundos y que son, en realidad, un elaborado tributo a la cultura pop.
Algo que me pareció súper interesante es la forma en la que Tarantino aborda los géneros en esta película. Como muchas otras cintas del autor, es difícil encasillar esta obra en un solo género. Por momentos es drama, por momentos es comedia, en algún momento es terror y, a final de cuentas SPOILER manda a la goma cualquier asomo de verosimilitud o de apego por el hecho histórico que está narrando para convertirse en un melodrama en toda forma TERMINA SPOILER.
Del mismo modo, el caprichoso periplo del western en esta cinta es un reflejo de la psique de su protagonista. En un principio, la cinta sigue la fórmula anquilosada del western de los 50; después la parodia sin remordimiento alguno para después deconstruir el género y renovarlo. En ese sentido, me pareció similar a lo que hizo Guillermo del Toro con La cumbre escarlata (2015): la cinta es una autoparodia que cojea y falla cometiendo justamente los errores de los que los personajes se burlan dentro de la ficción.
Aunque dije arriba que la cinta no es una película histórica como tal, sí es impresionante la recreación del Hollywood de finales de los 60 que la producción logró crear evitando hasta donde fue posible el uso de CGI. Empero, siempre fiel a su propuesta, Tarantino sigue la narrativa brechtiana y nos saca de la ficción con recursos como las deliberadas y notorias inconsistencias históricas, la aparición en pantalla de las personas reales que los actores están interpretando o elementos completamente artificiales, como la caracterización de Steve McQueen (Damian Lewis) o la margarita dentro de un vaso de licuadora que nunca se mueve.
Las actuaciones son verdaderamente impresionantes. Hace mucho tiempo que no veía a Brad Pitt actuar en alguna de sus películas; pero en ésta se luce como el cínico stunt que no sólo acompaña a Dalton en las buenas y en las malas, sino que se madrea a Bruce Lee (Mike Moh) –por cierto que la viuda de Lee no entendió lo de la parodia y demandó a Tarantino por la forma en la que representó a su esposo en pantalla–. Margot Robbie hace un muy buen trabajo con su versión de Sharon Tate, tanto que a uno casi se le olvida que la belleza y la gracia de Tate rayaban en lo sobrenatural y difícilmente podrían ser igualadas. Dato curioso: algunas de las joyas que usa Robbie en la película en verdad pertenecieron a Tate.
Y, a pesar de que todos están muy bien, quien se roba la película es Leonardo DiCaprio. Me dejó boquiabierto; de verdad, de verdad, es algo que tiene que verse. Su interpretación llena de complejidad, matices y sutilezas alcanza su punto álgido con la meta-actuación. Las escenas en las que Dalton está en el set son increíbles. DiCaprio logra darle a su interpretación diferentes niveles, de tal forma que actúa que está actuando y, de repente, su personaje de Rick Dalton se sale del personaje de vaquero y es verdaderamente maravilloso.
La fotografía también está muy bien y me gusta mucho cómo logra que todo se vea… no sé cómo explicarlo, supongo que diré “californiano” a falta de un mejor término.
La música está bien y, como todos los soundtracks de Tarantino, está conformada por canciones populares de la época.
La película no está exenta de ciertos fallos, como que la narrativa puede ser poco amigable en algunos momentos; pero, sobre todo, creo que la cinta es demasiado larga. Hay muchas secuencias de establecimiento y transiciones que se nota que están ahí con el único propósito de lucir la música y que se vuelven innecesariamente largas. A pesar de lo cual, la cinta no me pareció lenta ni aburrida.
Y bueno, también está la cuestión de que si uno no tiene los referentes del contexto histórico de la cinta, ésta sí podría volverse aburrida… pero ése no es problema de la película.
Érase una vez en… Hollywood resulta en una experiencia muy disfrutable. He sabido de gente que comenta que no entendió la película… y yo no entiendo qué fue lo que no entendieron. Se trata de un homenaje que rinde Tarantino, siendo el cinéfilo asiduo que siempre ha demostrado ser a través de sus películas, a una era de convulsión para el cine de Hollywood, así como para la sociedad estadounidense. Es también el retrato de dos estrellas de la industria del entretenimiento que hacen de tripas corazón para sobrellevar su propia decadencia y debacle profesional, encontrando en el cinismo y la irreverencia la tabla de náufrago que les permite convertir sus vidas en un cuento de hadas propio del spaghetti western más cursi.
Se rumora que Tarantino actualmente trabaja en un proyecto para hacer la serie de TV Bounty Law.
PARA LA TRIVIA: En el apartamento de Rick Dalton puede verse la portada de una revista MAD con una caricatura del propio Jake Cahill. Como promoción para la película, la ahora extinta revista MAD publicó un número especial llamado Special Tarantino Time-Warp Issue, en el que se incluía una parodia de la ficticia serie de TV Bounty Law, escrita con chistes que hacían referencia a la cultura popular de los 60.
Si tuviera que escoger forzosamente una sola película como icono de los ochenta, creo que muy probablemente sería ésta (aunque sí se echa un téte a téte con Volver al futuro [Zemeckis, 1985]). Son pocas las historias de películas que han hecho tanto con tan poco –ajustando las ganancias según la inflación, ésta es la peli más taquillera en la historia de Columbia Pictures– y que se han vuelto, casi de inmediato, un referente de la cultura pop. El éxito de esta cinta generó una secuela, un infame reboot, tres series de dibujos animados –la primera de ellas excelente, la tercera bastante decente–, cinco videojuegos –uno de ellos a punto de ser remasterizado–, tres series de cómics, un manga y una extensa colección de figuras de acción que trascendió la década, además de otros elementos de merchandising relacionado.
La peli cuenta la historia de tres profesores universitarios fracasados; el cínico Dr. Peter Venkman (el excelente Bill Murray en un papel que estaba pensado originalmente para John Belushi), el soñador Dr. Ray Stanz (Dan Aykroyd, co-escritor de la cinta) y el cerebrito Dr. Egon Spengler (Harold Ramis, co-escritor junto con Aykroyd), cuyas teorías sobre Parapsicología son la burla de la academia, por lo que son expulsados de la Universidad de Nueva York. Para no morirse de hambre, estos profesores abren un negocio en el que capturan fantasmas a domicilio. La empresa marcha bien y hasta contratan a un cuarto integrante, el prosaico Winston Zeddmore (Ernie Hudson en un papel que originalmente fue ofrecido a Eddie Murphy con mucho más tiempo en pantalla). Sin embargo, todo parece indicar que el éxito del negocio se debe a un inusual incremento de la actividad paranormal en Manhattan que sería el preludio de la llegada a nuestra dimensión del antiguo dios sumerio destructor, Gozer (Slavitza Jovan), y cuyo epicentro se localiza en el condominio donde vive una de las primeras clientas de los Cazafantasmas e interés romántico de Venkman, la concertista Dana Barrett (la legendaria Sigourney Weaver).
La idea es tan descabellada que podría funcionar… Y vaya si lo hizo. A pesar de sus limitantes de presupuesto y de que la película se tuvo que filmar con prisas para no gastar demasiado dinero (incluso hay un par de escenas donde se ve que el boom entra a cuadro, pero no pudieron volver a filmarlas), resulta en una comedia con elementos de Ciencia Ficción (una embarrada nomás) bastante efectiva.
Tras darle muchas vueltas al asunto y pensarlo y re-pensarlo he llegado a la conclusión de que el éxito de esta cinta, al igual que el de la ya mencionada Volver al futuro, puede muy bien deberse a la concepción que presenta de la sociedad. Me refiero, específicamente en el caso de Los Cazafantasmas, a la reivindicación de la figura de los nerds.
Otras películas contemporáneas como Porky’s (Clark, 1982) y La venganza de los nerds (Kanew, 1984) ya habían mostrado a los cerebritos tomando retribución, pero siempre en un tono satírico que encumbraba a los ñoños al mismo tiempo que se burlaba de ellos. Cazafantasmas, por el contrario, iba un paso más allá y ponía a los nerds en el papel de héroes. Estos hombres no peleaban por su dignidad perdida o por recuperar la casa de su fraternidad en la Universidad, luchaban por impedir el Fin del Mundo, y para ello no contaban con súper poderes, habilidad militar alguna o grandes músculos… ¡Vamos, ni siquiera podían pagar la renta! Estos tipos tenían sus mentes brillantes y a la Ciencia de su lado.
En el primer borrador del guión escrito por Aykroyd, la historia sucedería en el futuro y los Cazafantasmas serían más parecidos a una especie de equipo SWAT que a exterminadores. Sin embargo, Harold Ramis le hizo ver que el guión sería demasiado costoso de producir. Además, con la muerte de John Belushi, Eddie Murphy salió del proyecto y lo mismo hizo John Candy, quien interpretaría originalmente a Tully, cuando sus propuestas sobre el personaje fueron rechazadas por el director, cerrando así las posibilidades de obtener un gran presupuesto para la peli.
Los efectos especiales de la peli son espectaculares (para 1984), a pesar de que fueron creados de formas más o menos baratas. Para lograrlo, los artistas de efectos especiales utilizaron todas las viejas técnicas que el cine había producido a lo largo de las décadas. Años antes de que los efectos por computadora impusieran su dominio y sin poder pagar costosos animatrónicos, Cazafantasmas se sirvió del fotomontaje, las botargas, diversos trucos fotográficos e incluso trucos tan sencillos como la Perspectiva Forzada, la pintura mate o los títeres para dar vida a toda una legión de espectros y criaturas demoniacas… o no.
Me refiero a que la película está tan bien armada (el guión y la edición son excelentes… excepto por el asunto de los boom) que apenas en este último visionado me percaté de que el tiempo en pantalla de los fantasmas es en realidad poco (Gozer, Zuul y Vinz no cuentan porque no son fantasmas). Hagan cuentas, en verdad hay pocos fantasmas en esta cinta; pero los que hay son ciertamente geniales. ¿Cómo olvidarnos del asqueroso pero carismático Pegajoso (Slimer)? ¿O quién no recuerda las escenas de un gigantesco Hombre de Malvavisco asolando las calles de Manhattan?
Las actuaciones son bastante decentes. Además de los comediantes como Aykroyd, Ramis o el genial Rick Moranis (quien interpreta al francamente teto Louis Tully), el elenco cuenta con actores crecidos en las tablas del teatro, como el ya mencionado y posterior ganador del Oscar Bill Murray o el prototipo de la heroína de acción contemporánea, Sigourney Weaver. Prácticamente ninguna escena se filmó tal cual estaba escrita en el guión, pues los actores improvisaron gran parte de sus diálogos. La química entre los actores es innegable y se ve en pantalla, realmente se ve el compañerismo entre los cuatro integrantes del equipo.
Cinco años después, con prácticamente idéntico reparto, Columbia Pictures produciría una secuela no muy afortunada. En ella (bueno y en la vida real también), han pasado cinco años desde que los Cazafantasmas salvaran a la Ciudad de Nueva York, y quizá al mundo, pero ahora se han quedado sin trabajo y se han desintegrado. Sin embargo, se reúnen para atender un nuevo caso en el que la energía negativa de la Ciudad parece alimentar lo que será la reencarnación de un antiguo guerrero, llamado Vigo el carpaciano (Wilhelm von Homburg), en el cuerpo del bebé de Dana Barrett. Y sí, apenas si salen fantasmas.
A pesar de no haberle llegado ni a los talones a su predecesora, ni en recepción de taquilla ni en calidad, esta peli generó un spin-off de la serie de dibujos animados titulada Pegajoso y los verdaderos Cazafantasmas (1989) con un corte más infantil y que es francamente insufrible.
A mediados de la década de los noventa comenzó a correr el rumor de una tercera entrega de la saga, pero el proyecto nunca se concretó. En cambio, se produjo la serie de dibujos animados Extreme Ghostbusters (1997) que, a pesar de tener buenos guiones, argumentos interesantes y seguir la cronología de las películas (Egon Spengler regresa a dar clases en la Universidad y recluta a un grupo de estudiantes marginados e inadaptados para formar un nuevo equipo de Cazafantasmas), gozó de muy poca popularidad, tanto que fue cancelada después de cuarenta episodios.
Finalmente, durante la década pasada el rumor de Cazafantasmas III volvió a rondar Hollywood y hasta se escribió un guión en el que el equipo se enfrentaría al mismísimo Diablo. Sin embargo, el proyecto se canceló cuando Bill Murray se negó rotundamente a participar argumentando que odiaba las secuelas; el guión fue adaptado y utilizado en el videojuego Ghostbusters: The Game (Atari, 2009). Actualmente, el proyecto de la tercra parte está en marcha aunque, obviamente, sin Ramis en el elenco.
PARA LA TRIVIA: En 1975, la productora infantil para TV Filmation creó una serie de televisión de acción en vivo titulada The Ghost Busters, cuyo argumento iba sobre un equipo formado por dos viejos y un gorila que viajaban en una carcacha y se dedicaban a cazar fantasmas con un humor por demás ramplón. Cuando apareció la película de Aykroyd y Ramis, no pudieron registrar el título por las complicaciones legales que hubiera generado con Filmation. Empero, tras el éxito de la cinta, Filmation produjo una secuela de su show televisivo, esta vez en dibujos animados, para colgarse de la fama. Para evitar que la competencia usufructuara el título, Columbia Pictures produjo, meses después, la excelente serie de dibujos animados Los verdaderos Cazafantasmas (1986-1991).
PARA LA TRIVIA GEEK: El nombre de Gozer fue tomado del famoso caso del Poltergeist de Enfield. Al entrar en trance, una de las médiums que investigaba el caso –aunque su identidad ha permanecido oculta, lo más probable es que se tratara de Lorraine Warren–comenzó a susurrar el nombre “Gozer”. Este caso fue investigado por los afamados Ed y Lorraine Warren y es, de hecho, la trama de la película El conjuro 2 (Wan, 2016).
Como la gran mayoría de la gente normal, la primera vez que vi esta película fue en un camión. ¿Qué impulso sádico llevaba a las compañías de autobuses a tener esta película como una de las principales de la cartelera? Nunca lo sabré. Sea como fuere, desde entonces me ha gustado esta cinta, que considero una de las obras cumbre del melodrama de acción de lo que a mi hermano y a mí nos ha dado por llamar la Época Guns n’ Roses (1986-1994). Algo tonta, pero muy entretenida, Máxima velocidad es una de esas cintas que requieren del espectador que apague un ratito el cerebro y sólo disfrute del paseo.
Jack Traven (Keanu Reeves, el nombre del personaje es un tributo a Bruno Traven) es un miembro del equipo SWAT de la Policía de Los Angeles quien, junto con su compañero Harry Temple (Jeff Daniels), logran frustrar un atentado terrorista en el ascensor de un rascacielos. En venganza, el terrorista Howard Payne (Dennis Hopper en un papel que fue ofrecido originalmente a Jack Nicholson y, posteriormente, a Robert DeNiro), coloca una bomba en un autobús urbano que explotará si el vehículo viaja a menos de 50 millas por hora. Ahora, Traven deberá intentar salvar a las personas en el autobús –que casi ni pueden ser consideradas personajes– mientras se enfrenta a un genio criminal que anticipa cada uno de sus movimientos.
Cuando la directora Kathryn Bigelow se encontraba en la preproducción de su película Punto de quiebra (1991), tuvo a un solo actor en mente para el papel protagónico: Keanu Reeves. La directora lo había visto en La magnífica aventura de Bill y Ted (Herek, 1989) y le pareció que sería una bocanada de aire fresco pare el cine de acción. El físico y la personalidad de Reeves harían que el personaje fuese más creíble y que fuera verosímil que se tratara de un policía encubierto que se infiltra en una banda de delincuentes.
Por lo tanto, fue Bigelow quien convirtió a Keanu Reeves, quien no tiene para nada pinta de héroe de acción, en un héroe de acción. De hecho, Reeves realizó él mismo alrededor del 90% de sus stunts en Máxima velocidad… y se nota.
Reeves originalmente rechazó protagonizar Máxima velocidad –un guión que ya había sido rechazado por prácticamente todas las estrellas de cine de acción del momento, incluyendo a Arnold Schwarzenegger, Kurt Russell, varios de los hermanos Baldwin, Bruce Willis, Tom Cruise y Harrison Ford, entre otros–, pues el borrador del guión que leyó se le antojó demasiado parecido a Duro de matar (McTiernan, 1986… y, de hecho, McTiernan también rechazó dirigir Máxima velocidad). Sin embargo, terminó aceptando después de que Joss Whedon fue contratado para reescribir el guión.
Si uno se detiene un momento a analizar el guión de esta película, caerá rápidamente en la cuenta de una cosa: es francamente idiota. Los diálogos son acartonados y poco orgánicos, las situaciones inverosímiles y todo el argumento está plagado de huecos e inconsistencias.
Las actuaciones son… pues básicamente, malas. Los dos actores principales, Reeves y Sandra Bullock, difícilmente pueden articular dos palabras, los pobres. Daniels y Hopper comprensiblemente están en los papeles de soporte, pues son los que sí actúan en la peli… y eso más o menos. Daniels se ve desperdiciado y peleándose con el guión y Hopper… bueno, Hopper venía de hacer la espantosa Super Mario Bros. (Jankel y Morton, 1993) y se le nota la decepción. Durante toda la peli, Hopper parece estar en un plan de “me vale madres” y sólo escupe sus parlamentos de manera sobreactuada… a pesar de lo cual, en algunas escenas incluso parece que lo intenta y, de hecho, tiene un par de momentos brillantes a lo largo de la cinta… digo, alguien tenía que actuar en esta madre, ¿no?
Por ejemplo, es muy divertida la escena en la que Payne toma una Coca-Cola. Se ve que el actor odiaba el refresco, pues lo agita para que se le vaya el gas y le da un apresurado trago. Luego, durante todo el segundo acto de la peli, la botella de Coca está ahí, pero jamás vuelve a beber de ella en cámara.
Por cierto que para cuando la explicación de por qué el personaje de Hopper es un terrorista sociópata por fin llega, no sólo ya no nos importa, sino que es tan blanda y superficial, que llega a resultar un poco decepcionante. Digo, esto es un melodrama y los villanos no necesitan explicación en los melodramas; pero ¡meh!
A pesar de lo deficiente de las actuaciones, la verdad es que los personajes se relacionan bien en pantalla. Bullock y Reeves tienen muy buena química y funcionan como pareja. También Daniels y Reeves funcionan bastante bien como compañeros y nos brindan un par de momentos cómicos que trascienden lo atropellado del guión; además, el realismo que sus actuaciones no están dando se compensa con sus tipos físicos que se alejan por completo de los estándares del héroe de acción de la época… de hecho, en ese mismo año, Daniels coprotagoizó Una pareja de idiotas (Farrelly, 1994).
La música compuesta por Mark Mancina está bastante bien y funciona al lograr crear la tensión y el suspenso necesarios para una película de este tipo… quizá el único fallo que le encontraría es que se trata de un solo leit motiv que se repite ad infinitum y llega a volverse un tanto monótono hacia el final de la peli.
La fotografía es eficiente y me gusta que tiene esa estética tan característica de la década de 1990, con sus tomas amplísimas con cielos y paisajes dorados. Y aunque la foto y la narrativa visual no son nada para emocionarse, sí debe reconocerse la maestría técnica de la cinta al filmar un autobús en movimiento en la autopista de Los Ángeles. La filmación debe haber sido una verdadera mentada de madre.
Y, lo que sí está super bien logrado… y qué bueno, porque una película como ésta depende enteramente de ello, es el ritmo. Toda la narración se sucede de forma ágil y entretenida y, aunque uno ya sabe lo que va a pasar, la película no deja de ser interesante en ninguno de sus 116 minutos de duración.
Otra cosa que también está muy padre son los stunts. Muchos de ellos son verdaderamente impresionantes y ¿a quién le importa si los Mythbusters ya demostraron que ese salto de 15 metros del autobús no solo es estúpido, sino que viola todas las leyes de la física? ¡Se ve genial! ¿Y qué necesita una película mala para ser genial? ¡Explosiones! Y en esta pinche película explotaron un avión de pasajeros con un costo de ochenta mil dólares en vivo frente a cámara.
Por cierto, esa escena del salto del autobús no estaba en el guión. La idea se le ocurrió a Jan de Bont un día cuando conducía por la autopista de Los Ángeles y notó que le faltaba un tramo.
Lo que nunca he entendido son los últimos 15 o 20 minutos de la película… ¿Por qué era necesario descarrilar el Metro? Es una pregunta genuina, si alguien conoce la respuesta, por favor, dígamela. Anécdota curiosa, la producción se quedó sin presupuesto a media filmación, por lo que, cuando la película se presentó ante público de prueba, las escenas del Metro eran simplemente storyboards animados. A la gente le gustaron tanto que la producción pudo convencer al estudio de liberar más presupuesto para poder filmarlas.
A pesar de todo, creo que esta película es genial. Dejando de lado las malas actuaciones y el guión oligofrénico, la verdad es que resulta increíblemente disfrutable. Son dos horas llenas de acción con un ritmo trepidante que nunca se detiene y una aplicación eficiente de prácticamente todos los clichés del género ¿Quién será más psicópata, los villanos de las pelis de acción o los héroes que no pueden liquidar al villano sin soltar una frase graciosa antes? Quizá no es una de mis pelis favoritas; pero siempre que la veo me emociona y me divierte… y, por favor, nadie mencione la terrible secuela.
PARA LA TRIVIA: Jeff Daniels y Keanu Reeves entrenaron con un grupo SWAT real para que sus movimientos lucieran más auténticos en pantalla. Del mismo modo, Sandra Bullock aprendió a manejar un autobús real, pasando el examen en el primer intento.
Conocida en España y en la literatura especializada como Masacre en cadena, pero que originalmente se llamó The Texas Chainsaw Massacre
Tobe Hooper, 1974
¿Recuerdan que dije de Los cazafantasmas (Reitman, 1984) que pocas películas habían logrado tanto con tan poco? Bueno, pues esta cinta es una de esas pocas. De hecho, presupuestos aparte, creo que son pocas las películas que pueden jactarse de haber cambiado la Historia del Cine como lo hizo ésta; pues transformaría el cine de horror en las décadas por venir, definiendo su lenguaje.
En un tono tan realista como jamás antes se había mostrado –para nuestros días puede resultar risible, pero en esa época esto era realismo–, la película cuenta la historia de cinco jóvenes que viajan al condado de Newt, en Texas, después de escuchar las noticias sobre la reciente profanación de tumbas en el cementerio local. Al comprobar que la tumba de su abuelo no sufrió daño alguno, los hermanos Sally (Marilyn Burns) y Franklin (Paul A. Partain) Hardesty llevan a sus amigos a pasar el día en la antigua finca familiar. Poco saben ellos que en las inmediaciones habita una extraña familia de asesinos psicópatas con gusto por la carne humana. Uno a uno, los hermanos Hardesty y sus amigos caerán presas de Leatherface (Gunnar Hansen), el asesino que descuartiza sus víctimas con una motosierra y usa máscaras de piel humana, y sus hermanos caníbales.
Al respecto de la génesis de esta cinta, puedo mencionar la historia del joven Tobe Hooper, recién egresado de la escuela de cine de la Universidad de Austin, quien en compañía de su amigo Kim Henkel (co-productor y co-escritor de la cinta), realizó una investigación para averiguar qué género cinematográfico era el más popular. Los resultados que arrojó dicho estudio demostraron a Hooper y a Henkel que las películas que más se consumían en aquel entonces –y creo que aún hoy día– eran las de horror y las comedias. Así pues, ambos compañeros decidieron que su primera película sería una de horror… Aunque de todos modos, como para sacarse el gusanito, cuando Tobe Hooper dirigió Masacre de Texas 2 (1986) la hizo una comedia.
Según lo contó él mismo en una entrevista, a Tobe Hooper se le ocurrió la idea de un asesino que utilizara una motosierra como arma preferida cuando se encontraba en la inauguración de una tienda departamental en Austin. Sin darse cuenta, el tumulto atrapó a Hooper en el departamento de herramientas para jardín, justo frente a un anaquel con motosierras, y como lo único que el joven director quería era salir de ahí, ambas ideas hicieron clic en su cabeza.
Ninguno de los actores era profesional. La mayoría del elenco fue casteado del mismo club de teatro de la Universidad de Austin. También, dicho sea de paso por cruel que parezca, pocos de ellos realmente tuvieron una carrera actoral después. Marilyn Burns, protagonista de la cinta, fue mesera mientras esperaba su gran oportunidad en Hollywood… que nunca llegó; Gunnar Hansen, quien participó con un pequeño papel en la infantiloide La gente que el tiempo olvidó (Connor, 1977) al lado del legendario Doug McClure, se retiró de la actuación para escribir novelas costumbristas; y Jim Siedow, quien interpretó a Old Man, se empecinó en que no quería volver a salir en una película si el guión no le parecía tan bueno como el de La masacre de Texas, así que la única otra cinta en la que participó fue en La masacre de Texas 2.
Muchos críticos y estudiosos del cine han analizado esta cinta desde muy diversos enfoques a lo largo de la historia, la mayoría de ellos tratando de desentrañar el enigma de su inesperado éxito. Si bien un servidor no se atrevería a llamarla la Primera Película Moderna de Horror por considerar que dicho título le pertenece a Psicosis (Hitchcock, 1960), sí estoy plenamente convencido de que la ópera prima de Hooper es consecuencia del magistral thriller de Hitchcock y de que marcó la tendencia que seguirían las películas de miedo hasta nuestros días.
De hecho, como dato no tan curioso, puedo mencionar que tanto La masacre de Texas como Psicosis se basaron en el mismo asesino serial de la vida real: el siniestro Ed Gein. Hombre sumiso reprimido por su padre alcohólico y su madre fanática religiosa, con quien vivió hasta la edad adulta, Gein no pudo superar la muerte de ésta y, dando rienda a un Complejo de Edipo mal resuelto, se dedicó a profanar tumbas de mujeres cuyos cadáveres violaba, consumía, y con los cuales fabricaba muebles y vestidos. Después de un par de años, Gein no se sintió satisfecho con la profanación de tumbas del cementerio de la comunidad rural en la que vivía (Plainfield Wisconsin, en el centro Norte de Estados Unidos) y comenzó a asesinar mujeres que se parecían a su madre. Por cierto que también en Ed Gein se basó el personaje de Buffalo Bill de la película El silencio de los inocentes (Demme, 1991).
Con tan macabra inspiración, la casa de la familia de Leatherface (bautizada con el humor más ácido posible como la familia Sawyer en Masacre de Texas 2) está decorada con muebles hechos de huesos diversos, restos de las incontables víctimas que sirvieron de cena para el macabro clan y de los “souvenirs” que éstos tomaron de algunas tumbas. Sofás de fémures, lámparas de cráneos y una gallina misteriosamente encerrada en una jaula demasiado chica para ella son sólo algunos de los adornos fúnebres que las jóvenes víctimas encuentran en la tétrica casa de los caníbales.
Y hablando del clan de caníbales… ¿Qué hay con ellos? Me refiero a que mucho se ha discutido sobre qué relación guardan Leatherface y los otros tres miembros de su familia, conocidos sólo con los sobrenombres de Hitchhiker (Edwin Neal), Old Man (Jim Seadow) y Grandfather (John Dugan). Aunque aparentemente los tres primeros son hermanos, con frecuencia Old Man asume el rol de padre y líder del clan.
Los estudiosos del Séptimo Arte que se han dedicado al análisis de La masacre de Texas suelen preguntarse ¿por qué no hay mujeres en la familia? El único vestigio de alguna presencia femenina es la abuela momificada que los tres hermanos guardan en el ático. Eso o el hecho de que en dos escenas Leatherface usa máscaras de mujer (de hecho en la cuarta entrega de la saga, los realizadores decidieron volver a este asesino una especie de travesti).
Siempre me ha gustado el subtexto de esta cinta. Creo que, de hecho, la peli no narra la historia de los jóvenes asesinados, sino de Leatherface y sus hermanos, quienes representan a una familia estadounidense rural promedio cuyos valores son confrontados por las nuevas generaciones. La vuelta de tuerca en este discurso viene con el cuestionamiento sobre exactamente ¿cuáles son estos valores? Es decir, no cabe duda de que los posteriormente bautizados Sawyer son una familia más que unida, pero ¿con qué fin? ¿Queda justificado uno o varios crímenes en aras del amor fraternal?
Finalmente, se trata sólo de una familia que hace lo que se supone que deben hacer todas: proteger a los suyos. En una de las primeras escenas, cuando los jóvenes recogen al Hitchhiker, Franklin y él dialogan sobre un matadero que ven en la carretera. Hitchhiker menciona que su familia solía trabajar en ese lugar, pero que se quedaron sin empleo tras la industrialización de los rastros. Se trata pues del desplazamiento del hombre por la máquina y la crisis laboral que esto genera desde el siglo XIX.
La confrontación entre los valores decadentes de las entidades rurales y los nuevos valores de la sociedad de consumo nacida de la posguerra estadounidense fue en esta época el discurso de varias otras películas como el clásico churro del legendario H.G. Lewis 2000 maniáticos (1964), la aterradora Las colinas tienen ojos (Craven, 1977) o la muy perturbadora y controvertida Amarga pesadilla (Boorman, 1972).
Ése, por cierto, es otro de los elementos que, según los teóricos, volvieron tan exitosa a esta película y que, por cierto, es uno que heredó de la ya mencionada obra maestra de Hitchcock –¿dirigió algo que no lo sea?–. Volviendo a los terrores creados por el folklore, plantea el medio rural como un lugar peligroso. Es decir, sería obvio pensar, por lo menos antes de esta cinta, en la ciudad como el hogar de los lunáticos; pero ¿y el campo, donde no hay dónde esconderse ni un alma en kilómetros a la redonda?…
Aunque la película fue muy escandalosa en su momento y, de hecho, fue prohibida en varios países, las escenas de horror que presenta pueden resultar bastante tibias para nuestros tiempos. He de admitir que, no estoy seguro por qué, pero esta última vez que vi la cinta me causó más miedo que otras; pero estoy convencido de que el efecto que produce proviene más de la atmósfera creada con esmero que de algún otro recurso efectista. De hecho, según lo declaró Tobe Hooper en alguna entrevista, en toda la realización de la película se utilizó apenas medio litro de sangre artificial.
Sin embargo, las actuaciones en esta película son tan deliciosamente grotescas, el tono tan grandguiñolesco y el ritmo tan medido que le dan un sabor único. Y es este sabor lo que la convierte, sin lugar a dudas, en el antecedente directo de todo el cine slasher de la década siguiente. Así es, esta película es la madre de todos los Michael Myers, Freddys, Jasons, Ghostfaces y demás asesinos enmascarados del cine.
Curiosamente, a diferencia de la nutrida descendencia que mencioné arriba, la de Masacre de Texas es quizá la franquicia slasher menos afortunada de todas, y también la más corta. Con sólo ocho películas (son pocas en comparación con las once de Halloween o las doce de Viernes 13), debe reconocerse que la premisa se agotó en la primera cinta. Todas las demás han tenido que recurrir a piratearse escenas completas de la primera parte bajo el pretexto de rendirle homenaje o hacer guiños a los fans. ¡Nada! Pura falta de creatividad. El mismo Hooper pudo anticiparlo y por eso decidió que la segunda parte fuera una parodia de la primera.
El legado de La masacre de Texas incluye tres secuelas de la original, un remake con su respectiva precuela, una secuela spin/off –del que ya hablé en un post anterior– en 3D, una precuela tardía de la cinta original, un videojuego para Atari 2600, tres series de cómics (la primera de las cuales incluyó el crossover Leatherface vs Jason) y una enorme cantidad de figuras de acción y merchandising relacionado.
PARA LA TRIVIA: He aquí varios hechos curiosos sobre la cinta.
John Dugan, el actor que interpretaba a Grampa, tenía sólo 19 años cuando hizo la película.
La casa de la familia caníbal fue filmada en una casa real en la que habitaba gente. El equipo de producción estaba vuelto loco con la logística para poder filmar al mismo tiempo que permitir a la familia que habitaba en la casa seguir con sus actividades cotidianas.
En los primeros borradores del guión la película se titulaba Braincheese (queso de sesos) haciendo alusión a un diálogo del personaje de Franklin.
Bill Moseley, quien interpretó a Top-Chop en La masacre de Texas 2, fue convocado por la producción de la cinta cuando Edwin Neal, el actor original que hiciera el papel de Hitchhiker en 1974, se rehusara a aparecer en la secuela. Moseley había interpretado el papel en una parodia para televisión titulada The Texas Chainsaw Manicure.
Para simular la apariencia de piel humana mal curtida, la máscara de Leatherface fue moldeada con una mezcla de látex y fibra de vidrio.
En Italia, donde son famosos por sus extrañas traducciones para los títulos de las películas, la cinta se llamó No abras esa puerta.
La escena más difícil y tardada de filmar fue la de la cena. Para dicha secuencia, el equipo de producción trabajó durante 23 horas continuas. La iluminación era tan intensa y la ventilación tan escasa (para mantener la oscuridad dentro de la habitación las ventanas fueron cubiertas con bolsas de basura) que la comida en los platos (pollo hervido) comenzó a pudrirse, originando un terrible hedor que hizo que más de uno de los miembros del staff volviera el estómago. De hecho, en la versión de la cinta en Blu-Ray puede verse el vapor de la descomposición emanando de los platos.
A pesar de que la cinta se promocionó como “Basada en hechos reales” para atraer al público, en toda la historia del estado de Texas no existe un solo reporte de un asesinato cometido con una motosierra.
La secuela de la película tardó casi 13 años en estrenarse por el montón de líos legales que se desataron por los derechos de autor. La compañía que la había distribuido originalmente, White River Productions, resultó ser un frente para lavar dinero de la mafia italiana que se esfumó con las ganancias y los derechos de distribución. Hubo mucha gente involucrada en la realización de La masacre de Texas, incluidos algunos de los actores, que nunca vieron un solo centavo por concepto de pago de regalías.
La actriz Marilyn Burns sufrió sendas heridas en la escena en la que corre por un zarzal, por lo que muchos de los arañazos y cortadas que se le ven en cámara eran reales.